- Hablé con Gabriel, pero la única pregunta que le quería hacer fue <¿Me llevarías a ver a Dios? Necesito hablar de esto cara a cara con él, pero desconozco el camino>. Él al principio dudó pero luego me dijo <Eres humano, el viaje sería mortal para ti, porque mi padre se encuentra en la Cruz del Sur y está a 200 años luz de aquí>, y yo le dije <¿Podrías llevarme en una de las naves de mi padre?> él abrió los ojos sorprendido y me dijo <¿Has venido con el Comando Atemporal?> le dije que si y me echó la bronca, pero luego le dije <Mis padres no lo sabrán, de hecho ellos están por la ciudad con una misión, yo, me he desviado un poco>. – dijo Uriel.
- Seguro que infringiste varias normas, ¿verdad?- le pregunté medio riéndome.
- Si. Pero cuando son por una buena causa, los motivos están justificados. – respondió también medio en broma.
- ¿Así que robaste la nave de tus padres con Gabriel, y se fueron a la Cruz del Sur?- pregunté.
- No especialmente en ese orden, pero si. Teníamos que regresar sin que mis padres supieran nada, pero como era una nave del tiempo, en realidad n se hubieran percatado de nada. – dijo Uriel.
Nos pusimos a reír, porque era cierto.
- A la mitad del camino Gabriel me preguntó <¿Y si vamos más atrás en el tiempo que el mío?> no lo dudé y acepté, así que retrocedimos unos dos mil años más en el tiempo, y finalmente la nave pudo aterrizar en un jardín muy hermoso dónde Gabriel con una sonrisita en la cara lo llamó, el Jardín de los Deseos. – dijo Uriel.
De repente y sin saber por qué mi corazón me latió muy deprisa al escuchar el nombre de ese Jardín.
- ¿Qué se siente estar allí?- le pregunté.
- Es un lugar realmente muy bello, amor. Cuando mis pies tocaron el camino del Jardín de los Deseos que iba hacía el gran castillo de color tierra rojiza echa de cristal, el corazón me dio un vuelco que me tuve que quedar quieto y respirar. Impacta estar allí, yo solo pensaba, voy a ver a Dios por primera vez en esta vida, y enseguida los nervios vinieron a apoderarse de mí. – respondió Uriel.
- Hace mucho que no le veo, casi ni me acuerdo de su cara, pero espero con gusto su próxima visita.- le dije.
- ¿Crees que volverá a visitarte? – preguntó Uriel.
Dije que si con la cabeza, como si dentro de mí ya tuviera la certeza, aunque mi mente lo dudaba si eso podría volver a ocurrir.
- Ya te puedes sentir afortunada, de que te haya visitado, porque normalmente somos nosotros a quién le visitamos y no él a nosotros. – dijo Uriel.
- Algo me comentó Gabriel, pero lo entendí que él me visitó porque era urgente.- respondí.
- ¿Urgente? Bueno, se podría decir que lo estaba, pero solo fue una excusa. – bromeó Uriel.
- No te pongas celoso, porque vas mal, ¿eh?- le dije.
Uriel empezó a reírse a carcajadas, pero enseguida retomó su historia que me estaba dejando muy enganchada…
- Gabriel me apresuró y empezamos a caminar hacia el castillo, pero de camino le pregunté < ¿No deberíamos escondernos, lo digo por si te encuentras a ti mismo?> y él dijo <Tranquilo, en este tiempo se supone que estoy en las naves de la Hermandad de la Reencarnación, cuidando de Atlántida y Lemúria>. – dijo Uriel.
Sonreí, aunque no sabía exactamente porqué, sentía de qué hablaban y también porque recordé que hacía poco tuve recuerdos de mi encarnación en una ciudad de Atlántida o Khefislíon que es como normalmente los ángeles se refieren a ella.
- Atravesamos la puerta principal y me quedé perplejo con el gran mural de cristal que había a la pared de la derecha, un mural de él, Gabriel aprovechó para decirme <Se lo hicieron como regalo cuando tomó el trono, después de construirse el castillo>, era Dios con sus flores de muchos colores en la cabeza, como una especie de corona, y en sus manos tenía un colibrí y un Ruiseñor. <¿Y estos pájaros?> le pregunté y él me dijo <El Colibrí fue el primer pájaro que creó con el proyecto Gaia, y el Ruiseñor es su pájaro favorito, ya que yo ayudé a crearlo>. – explicó Uriel.
- Por eso son tan especiales los Colibrí. Escuché una vez un ángel me dijo que cuando ves a un Colibrí le puedes decir cualquier cosa que Dios te está enviando como un mensaje pero que puede responderte en directo.- comenté.
Uriel asintió con la cabeza.
- Pasamos dos pasillos muy largos, y entonces vi que a la izquierda habían puertas, me las quedé mirando, todas estaban cerradas, y Gabriel me dijo <Este es mi departamento>. Eran los departamentos de ellos, pero no fue hasta el último ya llegando a la sala del Trono, cuando Gabriel dijo <Y esta es la de Dios>. – Uriel se detuvo, necesitaba volver a calmarse para integrar sus recuerdos.
- ¡Qué pasada!- dije.
- La sala del Trono tenía una decoración particular, el Trono dorado, pero no como lo dibujan las religiones, en alto, solo estaba a pocos centímetros de alto, pero era muy grande. La sala en el suelo había dibujos que se iban moviendo, como una especie de lienzo en movimiento, el suelo era de cristal para no destrozar las pinturas. Y el techo se veían todas las galaxias del universo, Gabriel me dijo <No es real, solo es una proyección, pero decora el centro neurálgico de dónde se toman las mayor parte de las decisiones de nuestro universo>. – Explicó Uriel.
Su descripción del lugar, me provocó que viera lo que él recordaba, porque sentí muy fuerte dentro de mí, que yo he estado allí en otra vida.
- La sala estaba desolada, pero nos esperamos, ni Dios estaba sentado en su trono, ni en la sala. Gabriel simplemente tuvo que llamarle un par de veces y desde otro pasillo, llegó. – Uriel aprovechó para hacer una pausa para respirar.- Allí estaba, con su túnica de oro brillante, y su corona del mismo color, la barba trigueña y sus ojos son celestes. Caminó hacia Gabriel que él le mostró sus respetos llevándose el puño derecho al corazón y decirle <Hola, Padre>. Mientras que Dios le tocó los hombros y con su sonrisa más amable se dieron un abrazo, mientras le decía <¿Vienes a darme noticias de nuestras aldeas en la Tierra?> pero Gabriel al separarse de él le dijo <No, Padre. Soy Gabriel que viene de casi al final del Primer Tiempo de la Tierra, vengo a traerte a alguien que exige verte para hablar contigo>. Entonces Dios me miró, y se me encogió el corazón por su magnificencia. – explicó Uriel.
- ¡Normal, yo creo que me sentiría igual!- le dije.
- Dios me dijo <Acércate, hijo>. Caminé hacía a él en silencio mientras que Gabriel le susurró <Ha venido con el Comando Atemporal. Bueno, la hemos cogido prestada>. Dios le miró a Gabriel, por su mirada me di cuenta de que ya había empezado con mal pie, pero Dios me dijo <Uriel, sí, recuerdo quién eres> me paralicé. – dijo Uriel.
- ¿Qué te dijo?- pregunté ansiosa.
- Resumidamente le hablé, de que no estaba encontrando mi destino en mi tiempo, y que sentía que mi futuro no era estando con el Comando Atemporal, sino que sentía que tenía que venir a ver a Dios para decirle <Me gustaría ayudar a la Tierra y su universo pero desde este lado. Es decir, me gustaría que me pudieras permitir quedarme a vivir aquí y ayudar. Siento que este si es mi hogar.> y él me dijo <Eso no puede ser, Uriel. Sigues siendo humano, y aunque la esperanza de vida en tu tiempo es mucho más larga, los humanos aquí mueren muy rápido. Apenas lleves seis meses aquí, vas a envejecer como si te cayeran cincuenta años de golpe. Lo siento, pero no puede ser, hijo.>- dijo Uriel.
- ¡Qué pena! Pero… ¿Cómo ocurrió entonces?- le pregunté.
- Me decepcionó su respuesta, pero la comprendí… miré a Gabriel pensado que quizás diría algo, pero decidió no meterse. Nos despedimos de Dios y cuando salíamos de la sala del Trono, me detuve y miré a Dios y le dije <¿Habría una posibilidad de quedarme y dejar de ser humano?> y Dios me dijo <¿Estarías dispuesto a renunciar a tú posición?> le dije que si con la cabeza y Dios simplemente dijo <Hay una forma, pero antes debes hacer algo por mi>. Me acerqué y le pedí que quería y me dijo <Vuelve con tus padres, tráemelos enseguida> acepté su petición y Gabriel decidió acompañarme. – informó Uriel.
- ¿Tus padres? ¡Ay no,…! Ni sabían nada, ¿Cómo lo hiciste?- le pregunté.
- Gabriel me acompañó de nuevo a la nave, y le exigí que viniera conmigo, aunque él no quería en una primera instancia, al final accedió. Pensé que si venía Gabriel, a lo mejor me harían caso. – dijo Uriel.
- Claro, a veces es necesario tener pruebas, y Gabriel la verdad es que es una prueba muy importante. Por qué jamás lo habías visto, y hubiese sido raro que tus padres no se fijasen en eso, ¿verdad?- dije.
Uriel dijo que si con la cabeza, al mismo tiempo que colocó las manos en el suelo y empezó a levantarse para sentarse en el sofá. Vi que fruncía el ceño con grandes ganas, al mismo tiempo que se frotaba las manos.
- Jamás le había hecho algo así a mi padre, ¿sabes? Para mí, se merece mi respeto. Pero tal y como lo conocía, sabía que me estaba metiendo en líos. No simplemente por hablar con Dios directamente, sino también por mi comportamiento. Para mis padres la nave es sagrada, ¿cómo querías que yo les contara, <miren, que he agarrado la nave y me he ido a un tiempo para encontrarme con Gabriel que me ha guiado hasta la Cruz del Sur, y ahora Dios dice que quiere verlos>? Estaba convencido que después de lo que pasase, tendría represalias. – confesó Uriel.
- ¿Antarel era duro contigo?- le preguntó.
Uriel enseguida sacudió la cabeza de lado a lado, que yo me lo tomé como un no.
- Pero había unas normas sagradas, y yo había infringido dos en muy poco espacio de tiempo. – dijo Uriel.
- Te robaste la nave, pero ¿y la otra?- dije curiosa de mi.
- Fui en busca de un ángel que fuera de la dirección de Dios. Para mis padres, los arcángeles no se pueden ir a buscarlos, ellos siempre te tienen que encontrar, solo así saben que Dios les está dándoles una ayudita. – informó Uriel.
Me puse a pensar, y jamás había escuchado algo así.
- Pero si buscas a un arcángel muchas veces forma parte del camino de Dios. ¿Por qué lo piensan así? – pregunté.
- El tiempo tiene vida propia, esa es la excusa que dan. Pero, para mí no me podía definir, los arcángeles estamos para ayudar a todos los humanos y a todas las civilizaciones del universo. Nuestro trabajo es que les busquemos o que ustedes nos busquen, si lo necesitan. -–confesó Uriel.
Tenía razón.
- Cuando llegamos, los pillamos que estaban buscando la nave. Toqué un botón mal, y resultó que llevaban una hora peleando dónde habían dejado la nave. Nos pillaron a Gabriel y a mí dentro, y a partir de allí en teoría tendría que haber habido gritos, pero reconocieron a Gabriel enseguida y decidieron callar y escucharle. Decían <¡Gabriel, mano derecha de nuestro Dios, sed bienvenido a nuestra nave!>. El respeto que le tenían era asombroso, pero exagerado ante mis ojos. – dijo Uriel.
- ¿En plan sumisos a él solo por ser la mano derecha de Dios?- pregunté arrugando la frente.
- Si, pero como ya sabes. ¡Está prohibido mostrarse sumiso ante Dios y sus “direcciones”! Ya me entiendes. – dijo Uriel.
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