domingo, mayo 17, 2026

El Espejo De Mi Vida - Capítulo 234 [3T]

 

Sentía tantas emociones tan bonitas mientras nos estábamos abrazando, mis hijos, ellos estaban allí, los podía tocar con mis propias manos. Un sueño por fin hecho realidad, era como si les hubiese echado de menos sin acordarme que los tenía, era muy extraño y hermoso a la vez, aunque fuesen solo dos de siete… lo sentí dentro de mí tan fuerte que se me escapaban las lágrimas, sintiendo ese amor tan puro e incondicional que se siente cuando tienes a tu hijo en tus brazos recién nacido.

No había sentido este sentimiento jamás en esta vida (y en el tiempo en el que les estoy compartiendo esto, podríamos decir que técnicamente lo he experimentado, al adoptar a mí hija María… la que aún no aparece en esta historia en la quinta dimensión). Es algo tan hermoso, que por el momento y al mirarle de nuevo a los ojos verdes a Tauriel, recordé algo…

Un bebé estaba llorando con todas sus fuerzas, me sentía agotada y sudada, pero una felicidad me empezó a crecer dentro del corazón que se me saltaron las lágrimas. Cuando de repente Uriel me entrega un bebé ensangrentado en mis brazos, lo agarro y cuando le miro.

-      ¡Enhorabuena, mamá!- decía Uriel.

-      Hola… hola querida hija… soy tú mamá… y tú eres Tauriel…- dije emocionada entre lágrimas de felicidad.

Un rayo de sol iluminaba la habitación, hacía calor, se escuchaba la resaca del mar cerca.

Cuando nos dejamos de abrazar, me aparté un momento.

-      Lo recuerdo. Recuerdo cuando te tuve en brazos por primera vez, recién nacida y te decía tú nombre por primera vez, mi Tauriel. – le decía.

-      ¡Maluí… te amamos con todo el corazón! – decía ella emocionada.

También identifiqué que esa palabra significaba mamá en Arcturiano, en el dialecto que se hablaba en la Atlántida.

Durante la cena de fin de año, recordaba el rencuentro, mientras que mi mamá de aquí de la tercera dimensión, me ponía el plato con las doce uvas porque en menos de quince minutos dejaríamos atrás el año 2006 y nos aventuraríamos al 2007.

El tiempo corría despacio, muy despacio aquí arriba y demasiado rápido en Agartha. Entonces empezaron a saltarme lágrimas, así que agarré el plato y me fui al sofá, Uriel me siguió, pero cuando me vio que lloraba empezó a secarme las lágrimas con las yemas de sus dedos.

-      ¿Por qué lloras ahora? – preguntó Uriel.

-      Me duele, saber que vivo entre dos mundos muy diferentes.- le dije.

-      Esta es la letra pequeña de nuestros contratos universales, chiquita. – comentó Uriel.

Le di un golpe en la barriga, él se quejó y decidió mejor quedarse en silencio. Fueron los quince minutos más largos de la historia, aproveché para hacerme una pregunta telepáticamente <Dios, si estás allí ahora, ¿me puedes decir por qué debo vivir con tanto dolor aquí arriba en la tercera dimensión?>.



De repente el anuncio que pusieron cinco minutos antes de las famosas campanadas en TVE, salió un reloj pero muy extraño, en la parte norte era azul y en la sur era rojo… las manecillas estaban ambas en medio entre la azul y el rojo, no había mensaje ni frase que dijera, pero dentro de mí pecho entendí que estaba en el equilibrio de la vida, entre dos mundos que juntos explotan y separados explotan también pero fusionados por una pequeña parte, creaban una tierra distinta.

Ese anuncio no lo volví a ver jamás, con el tiempo pensé que había sido una de esos momentos en que la MATRIX se colapsa y muestra cosas que no deberías ver pero que te dan la información correcta para que continúes. Pero algo dentro de mí me estaba diciendo “eso es lo que haces y deberías seguir haciendo” poner en equilibrio dos mundos tan distintos.

Sabía que había aceptado vivir así toda la vida, pero lo que me pedían era bastante complejo, y me pregunté a mí misma ¿Esa es mi misión por los cuales vine a encarnar de nuevo? Me resonaba que estaba relacionado, pero aún era pronto para determinar si así fuese. Podría haberlo comentado a algún Maestro, pero lo cierto es que quise no hacerlo todavía, porque no sentía que tenía que empezarlo a hacer ya.

Por primera vez en mis trece añitos de vida, conseguí por fin superar el reto de las doce uvas durante las campanas de fin de año. Fue llegar en el 2007 y la última uva ya se deslizaba lentamente hacía el esófago. Me levanté dando tres palmadas y con los brazos en alto pronuncié ¡FELIZ 2007!

Papá descorchó el cava de Anna Codorniu, mientras que yo abrazaba y daba besos a mi abuela, el tiet Josep, a mi madre y le daba un abrazo a mi padre y el único beso en todo el año a mi padre. Sacamos el cotillón, y mi madre hizo como todos los años intentaba y no lo conseguía, con el mata-suegras intentaba matar a su suegra a base de hacer sonar una pequeña trompeta. Evidentemente que mi abuela hacía ver que lo conseguía, pero era un chascarrillo de la familia que se hacía siempre en fin de año.

Como cada año empecé con las pilas cargadas y llenas de esperanza, en algún momento el tormento del Bullying tenía que terminar, ¿no? Pero sabía que me estaba dando a mí misma falsas esperanzas, porqué en realidad tomarse las uvas no cambia los problemas. Si quiero cambiar debo hacerlo yo, ese es el aprendizaje que obtuve del 2006, nadie va a hacer las cosas por mí, soy yo la que está viviendo y soy yo la única responsable para cambiar las cosas que no encajen en mí vida.


Así que me encerré más en mí burbuja de soledad, sobre todo con mis padres. Sentía que si les decía algo, iban a obligarme a cambiar de colegio o algo por el estilo, sin preguntármelo antes si era lo que yo quisiese o sentía. De alguna forma sentía que tenía que seguir en ese colegio, aunque fuese la tortura perfecta, tenía que seguir.

No recordaba las palabras del Maestro Jesús cuando fue la operación de apendicitis, pero las sentía dentro de mí, que todo el asunto del Bullying lo tenía que pasar, como si fuera el Via Crucis que tuvo el Maestro Jesús antes de su Crucifixión. Sé que suena muy sadomasoquista, pero al miedo y al karma se supera así, de frente pensando que detrás está la calma de la tormenta.

Los primeros días de Enero del 2007 fueron calmados, pero con una cierta angustia, porque faltaba menos de una semana para volver a clase. Recuerdo que estaba jugando con Uriel al Monopoly que me regalaron por mi 13º cumpleaños, mientras que íbamos hablando.

-      Me gustaría entender ¿Por qué en clase me pasa esto?- le pregunté.

-      ¿A qué te refieres? – respondió Uriel mientras tiraba el dado en el tablero y movía su ficha.

Estábamos en la salita solos, mis padres se habían ido a tomar algo y a mi no me apetecía así que nos quedamos a charlar tranquilamente. El Bilbo estaba con nosotros, sentados en el suelo, observando y también jugando con nosotros (entre Uriel y yo movíamos su ficha y tirábamos el dado, pero cuando tenía que tomar decisiones, se lo preguntábamos y él respondía si era que si, ladraba y si era que no se quedaba mudo).

-      El Bullying siento que eso no me define la situación en la que me encuentro. Estoy segura que hay cosas que no estoy observando cómo debería ser.- dije.

-      No te entiendo, amor. – respondió Uriel.

-      Todo ese odio, debe venir de algún lado, pero si no hago algo para averiguar porqué o qué es, seguiré igual.- dije.

-      Muy perspicaz de tú parte. ¿Qué crees que debe ser? – preguntó Uriel.

Mientras pensaba qué responderle a Uriel, tiré el dardo del Bilbo y le moví la ficha a la Estación de Gracia, después de preguntarle y él oler los billetes que tenía, ladró. Así que hice la gestión y se lo di a Uriel que le tocaba la banca.

-      No lo sé, pero tiene que salir de algún lado, porque las cosas no ocurren porqué si. En Agartha he aprendido a ver que todo sucede por una razón, que es aprender, pero aquí arriba los humanos están cruzados y no lo solucionan, sino que hacen más daño a terceras personas. – dije.

-      Estoy totalmente de acuerdo contigo, a los humanos les falta empatía y deberían aprender a gestionar sus emociones, porque muchos de los conflictos son provocados por no gestionar sus propias emociones. – dijo Uriel.

-      Entonces, ¿qué piensas de dónde debe venir ese odio que me tienen en clase?- pregunté.

-      En realidad no es toda la clase quién te hace Bullying, normalmente esto actúa entre unos cuantos y el resto que deciden sumarse. ¿Sabes quiénes podrían ser? – preguntó Uriel.

Me puse a pensar.

-      En los que sean, nos pondremos a trabajar para ver ese odio desde dónde viene exactamente. – añadió Uriel.

-      ¡Es que son tanta gente, tio!- me quejé.

-      Ve diciéndome nombres y los iremos descartando. – sugirió Uriel.

-      ¡Buena idea!- dije.

Seguí pensando mientras que seguíamos jugando un par de rondas.

-      Me vienen a la mente… Guillem, Nil, Ivet y Carla.- dije.

-      De acuerdo. Ahora intenta hablarme de Guillem, ¿qué te hace? – preguntó Uriel.

-      No sé, es como si jugara a dos puntas, porque en clase va riéndose de mí en todo, pero luego con la excusa de que su abuela y la mía son amigas, se acerca en plan amigos si no estamos en clase.- dije.

-      ¿Por eso hiciste lo de la taquilla el curso pasado? – preguntó.

-      Si, no te voy a mentir, Dary. Lo hice porque ya me tenía hasta los cojones… y mira que soy mujer y tengo ovarios.- me excusé.

-      Cuidado, porque eso te creó Karma. La venganza no la usamos nosotros, el universo ya tiene su sistema personalizado para que aquellos que actúen fuera de la vibración de su corazón, tengan su propia rueda de hámster. – dijo.

-      Entiendo.- dije.

-      Además, en tú caso deberías actuar con más delicadeza, porque la quinta ley del universo te puede dar mucho más fuerte. – dijo Uriel.

-      ¿Por qué en mi caso?- pregunté.

-      Estás trabajando y estudiando con nosotros. Técnicamente eres como nuestra representante de los dos mundos. – respondió.

-      ¿Cuál es esa ley?- pregunté.

-      Tal cual como lo das, tal cual lo recibirás. Es la ley más importante en nuestro caso, porque a través de la forma que sean tus actos, lo recibirás multiplicado por siete. Por eso debes tener mucha delicadeza, no querrás que se bloqué lo que te pertenece y mandes el equilibrio energético al traste, ¿verdad? – explicó Uriel.

¿Bloquear eso se puede? Me pregunté, pero la respuesta ya la sabía, de alguna manera era posible, el universo y su magnificencia es mucho más poderoso de lo que imaginamos.

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lunes, mayo 04, 2026

El Espejo De Mi Vida - Capítulo 233 [3T]

 *Después de un mes de abril complicado en el trabajo, retomamos esta serie basada en hechos reales. Si te has perdido y lo quieres volver a leer des del principo, también estamos en Wattpad. Si en cambio te gusta todo el tema de la espiritualidad, los ángeles, karma, etc... también estamos en Youtube. Y si quieres contenido exclusivo, también estamos en Patreon.

Las calles de esa ciudad de Agartha me parecían muy familiares, pero tan solo no recordaba por qué, pero reconocí el banquito de piedra de la pequeña placita, el arco de flores rosas que rodeaban esos jardines, y una pequeña taberna al fondo. Pero cuando la vi sentada en el banquito, el corazón latió con mucha fuerza, de alguna manera la reconocí.

-      ¿Cuál es su nombre?- le pregunté con la voz entre cortada.

-      Se llama Tauriel.- dijo Gabriel.

Empecé a emocionarme, di un paso hacia adelante, pero Gabriel me frenó y me obligó a esconderme.

-      En realidad no podemos hacer esto, ahora mismo estoy incumpliendo un montón de reglas llevándote a ti. – dijo Gabriel.

-      ¿Desde cuándo te saltas las reglas?- le vacilé.

-      A veces, son por una buena causa. – bromeó sincerándose.

-      Es la misma que vi, aquel día en el departamento.- dije.

-      ¿Cómo dices? – preguntó curioso Gabriel.

-      Aquel día que fui al departamento aquel, el que hablamos el otro día, vi a esta chica que entró en la casa y se puso en una de sus habitaciones. Técnicamente la espié ya que dejó la puerta entre abierta y claro…- confesé.

-      Ay granujilla… - bromeó.

-      ¡Qué nombre tan bonito!- dije desviando el tema.

-      Si… en realidad lo elegiste tú. Es el nombre de una de tus madres que más te han marcado en una vida pasada, te prometiste a ti misma que tú primera hija le pondrías su nombre, y cuando ocurrió, a mí no me pareció mala idea. – explicó Gabriel su tono era nostálgico.

-      Es rubia como tú, y tiene los mismos ojos que tú.- le dije.

-      Pero por dentro, te puedo asegurar que Tauriel es muy parecida a ti, guerrera y muy inteligente. – explicó.

Entonces Tauriel se levantó del banquito y empezó a caminar dirección a la taberna, allí se abrazó con un chico también rubio con el pelo más liso pero igual de largo y los ojos de nuevo verdes.

-      ¡Ah qué bien! – dijo Gabriel.

-      ¿Quién es?- pregunté curiosa.

-      Ese de ahí es nuestro tercer hijo Axel, seguramente que habrán quedado para desayunar. – explicó Gabriel.

Miré el reloj, y vi que eran las doce del mediodía.

-      ¿A estas horas?- dije.

-      En Agartha los horarios son diferentes, pensaba que ya lo sabrías, con la cantidad de años que hace que viajas aquí.- respondió Gabriel.

-      No me acostumbro, allí arriba todo es tan caótico y aquí tan fácil…- dije.

-      Aquí lo hacemos fácil, porque todos estamos conectados con la esencia, allí arriba la mayoría están perdidos y los que deberían ayudar, muchas veces se cuestionan si es lo correcto o no. – comentó Gabriel.

-      Vivo allí arriba y los entiendo, pero… siempre dudan de sí mismos. ¡Es horrible! Así no llegarán nunca a hacer lo correcto.- dije.

-      Para eso estás allí arriba, para recordarles que sí pueden hacerlo y que sí valen más que el oro, cómo ellos dicen, ¿no? – explicó Gabriel.

Le miré a los ojos, nos sonreímos y seguimos observando.

-      Cuéntame algo más de ellos, por favor.- le dije.

-      Está bien. – dijo haciendo una pausa, los miró y prosiguió.- Tauriel es nuestra hija más grande, ella actualmente trabaja en el templo de la transmutación, trata de enviar energía a la superficie para aquellos humanos que necesiten trascender conflictos. – explicó Gabriel.


Me quedé atónita escuchando lo qué hacía, quizás no estaba preparada para escuchar algo tan hermoso, ¿trabajan con energías aquí? ¡Wow!

-      ¡Wow! Se ve que es muy buena persona, ¿no?- dije.

-      Si, lo es… pero no cómo tú piensas. – comentó.

-      ¿A qué te refieres?- pregunté.

-      ¿Me identificas como un humano? – preguntó.

-      Em… no… tú eres un arcángel. ¿Por qué?- dije arrugando la frente.

-      Por qué ellos no son humanos. – dijo.

Les miré pero no vi las alas…

-      ¿Son… ángeles?- dije atónita.

-      Así es, mi amor. – respondió Gabriel.

No pude articular palabra.

-      ¿Estás bien? – preguntó Gabriel cuando me vio que me había sentado en el suelo, él se agachó y me dio la mano.

-      Si… solo que me ha impactado que sean ángeles. Por eso están aquí, ¿no?- dije.

-      Si te refieres al trabajo, no. Podrían estar perfectamente en la superficie pero de la quinta dimensión. – dijo Gabriel.

-      No, me refiero a que seguramente que son… ya sabes…- dije no me salía la palabra.

-      ¿Inmortales? – pregunté.

Dije que si con la cabeza, intentando respirar una bocanada de aire.

-      Si, lo son. – respondió Gabriel.

¿Cómo te sentirías si tus hijos que creaste en otra vida, fueran inmortales? Es decir, tú mueres, pero en cada vida ellos siguen siendo iguales. A mí la noticia me enganchó mal, solo recuerdo que me preguntaba a mí misma ¿por qué ellos lo son y yo no? Y siempre me venía la condición humana en medio… tener que ir viviendo vidas y vidas, mientras que mis hijos y Gabriel tenían que seguir esperándome entre una de mis vidas y la otra.

-      ¿Cuánto llevan esperando ellos a que vuelvan conmigo como su madre? – pregunté.

-      Casi cuarenta años terrestres, amor. – respondió Gabriel.

-      ¿TANTO?- dije alzando la voz.

Gabriel me tapó la boca con su mano y miró alrededor nuestro a ver si alguien se había percatado de algo. Pero mi atención se fue directamente al olor de su piel, era un olor que me invitaba a quedarme pegada a su piel para siempre, tenerlo tan cerca el corazón me mandaba señales con muchas ganas de darle un beso en todo sus morros y dejarnos llevar por la pasión.

-      ¿Podemos ir a otro sitio por favor?- le pedí sacándole la mano de mi boca.

-      Claro. – dijo.

Él se levantó y yo también, empezó a caminar hacía el camino que habíamos hecho, pero yo en vez de ir con él, empecé a correr en dirección contraria, a medio camino escuché como intentaba no gritar muy alto mi nombre, porque yo me estaba dirigiendo hacía ellos, hacía mis hijos.

Tenía la esperanza de que me reconocieran, les quería dar un abrazo y pedirles perdón por tener que esperar tanto tiempo para volver con su madre. Pero cuando los tuve delante, y me paré en seco delante de su mesa… me paralicé.

-      ¿Hola? – dijo Tauriel.

El corazón se me aceleró tanto que empecé a sudar y las palabras no había manera de que salieran. ¡Ay, madre! ¿Qué me estaba pasando?

-      ¿Te pasa algo, necesitas algo? – dijo Áxel.

¡Puta timidez!

-      ¿Te has perdido? – dijo Tauriel, me agarró del brazo.

Dije que no con la cabeza.

-      Entonces… - dijo Tauriel pero le interrumpí.

-      Lo siento mucho. No quería que pasara así. Trato de que todo salga mejor. – dije.

-      ¿Salir el qué? ¿Cómo te llamas? – preguntó Áxel.

-      Soy… soy… soy…- traté de decirles que era su madre, pero se me trababa la lengua.

-      Tranquila, respira. – dijo Tauriel.

Encima de la mesa tenían un vaso con algo que parecía agua.

-      ¿Es agua?- pregunté.

Dijeron que si con la cabeza, así que agarré el vaso y me lo bebí de un sorbo.

-      ¿Mejor? – dijo Áxel.

Dije que si con la cabeza.

-      No dejen de tener esperanza, ¿de acuerdo? Si lo prometí, lo voy a cumplir.- dije.

Se quedaron mirándose y yo aproveché para salir corriendo de vuelta con Gabriel que tenía una cara de que me había puesto en líos muy graves.

Empezamos a discutir Gabriel y yo, mientras que salíamos de allí.

-      ¡Merj!- dijo Tauriel.

Gabriel y yo nos quedamos parados, nos giramos y allí estaban Tauriel y Áxel que me habían seguido. Identifiqué la palabra que había dicho Tauriel, significa papá en Arcturiano, es el idioma oficial de Agartha.

-      ¿Merj qué haces aquí? – preguntó Áxel.

-      Hola, hijos. – respondió Gabriel.

Vi como Gabriel intentaba explicarse pero no sabía ni por dónde empezar, así que hice un paso adelante.

-      Perdón. No quería hacer esto. Ha sido idea mía irles a visitar. – dije.

-      Laia… ¡no lo digas así! – dijo Gabriel.

-      ¿Eres tú, de verdad? – preguntó Tauriel con lágrimas en los ojos, se acercaba lentamente hacía a mí.

-      Tauriel, no deberíamos estar aquí. Pero… si. Ella es…- dijo Gabriel.

-      Danna.- dijo Tauriel.

-      ¿Cómo?- dijo Áxel también emocionado.

-      Si, ella es vuestra madre.- lo confirmó Gabriel.

Identifiqué de nuevo que Danna significa mamá. Cuando resonó esas palabras en mis orejas, también me emocioné. No lo pude evitar, nos dimos un abrazo los cuatro juntos.

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miércoles, abril 01, 2026

El Espejo De Mí Vida - Capítulo 232 [3T]

 

Gabriel me regresó a la sala con los demás, enseguida vi como Uriel se preocupaba y se acercó a nosotros. Gabriel me agarraba fuerte de la cintura, pero cuando ya tenía fuerza suficiente, le quité de encima, escuché su gruñido de que no le gustaba, pero no lo impidió.

-      Dary, ¿puedo sentarme un rato contigo por favor?- le pedí.

-      ¿Qué les ha pasado? – dijo Uriel preocupado mirando a Gabriel.

-      Solo quiero sentarme contigo un par de minutos, por favor.- le exigí.

-      Ven. – dijo Uriel ofreciéndome su mano, la acepté.

La sala tenía un pequeño salón, así que nos fuimos a sentar en uno de los sillones. Pero a la que vi que Gabriel venía, le enseñé la palma y se detuvo.

-      A solas, por favor.- le dije.

-      Claro. – respondió Gabriel y se volvió a la mesa.

Uriel estaba preocupado, pero antes de que él preguntara, le expliqué todo lo que había sucedido al irnos Gabriel y yo a la terraza. Pero su cara de enojado me preocupó bastante la verdad, pensaba que estaría sorprendido, pero fue todo lo contrario.

-      ¿Qué te pasa, por qué no te sorprendes? – le pregunté.

-      ¡No tenías que saber tanto! – respondió.

-      Por primera vez, Gab ha permitido que supiera algo más, y estoy muy agradecida por ello. – dije pero Uriel me cortó.

-      ¡Mírate como estás, Laia! Estas temblando, y por lo que veo en tú cara, hay más. ¡Estoy preocupado por ti! ¿Sabes que Gabriel ha incumplido normas diciéndote esto? ¡Tengo que hablar con él! – explicó Uriel.

-      ¡No, no le riñes! He sido yo, él solo me quería dar un beso en la mejilla, él solo quería mostrarme que en una vida, fui su mujer. Yo le he preguntado por el camafeo, y él.- volvió a cortarme Uriel.

-      Tenía que haberte dicho que no era el momento. – dijo y le corté.

-      Ya me lo ha dicho, pero me lo ha mostrado y estoy muy agradecida. ¡Soy mamá! No les recuerdo, pero ahora sé con quién los tuve, y si en ese momento lo tenía claro para que llegaran al mundo. Es porqué sé que Gabriel es el arcángel más maravilloso que he conocido nunca, y sé que él es el mejor para haberlo convertido a parte en marido, sino también en el padre de mis siete hijos.- le dije.

-      Es muy pronto para que supieras esto, Laia. Apenas tienes 14 años. ¿Qué vas a hacer? ¿Qué me vas a pedir, que te los presente a mis sobrinos? – dijo Uriel estaba preocupado y ahora entiendo por qué lo decía.

-      Tengo casi 14 años, pero sé que el universo no me permitirá eso todavía. Al mismo tiempo, me muero de ganas de que ocurra. Hay algo más…- dije.

Uriel me miró atento y le dije lo que aún me costaba de dirigir.

-      ¿Te lo ha dicho? – reaccionó Uriel.

-      Si. Yo pensé que era el chico de ojos verdes.- le dije.


Nunca Uriel le había visto tan enojado con alguien, de hecho ni me quiso responder. Se levantó y cuando Gabriel le miró (por qué supongo que no quitaba el ojo de encima de nosotros), caminó hacía a él, y Gabriel entró en la parte del salón.

-      ¡Te has saltado casi todas las normas, hermano! ¿No piensas por ella o qué pasa? ¿Su destino o no, lo que te preocupa es que al final no acabe eligiéndote a ti? ¡Te lo dije hace semanas y te lo vuelvo a repetir, deja de forzar las situaciones! – amenazó Uriel a Gabriel.

-      ¡No la estoy forzando a elegir! ¡Jamás le haría eso! ¡Sólo le he contado la verdad, ella es mi mujer! – respondió serio Gabriel.

-      ¡No lo es, en esta vida, nació soltera! – le advirtió Uriel.

-      Oh… ¿En serio que vas con estas, Uriel? ¡Sabes que nos casamos por la ceremonia de los ángeles! ¡Ella sigue siendo mi mujer! – dijo Gabriel.

-      Si, lo recuerdo… estuve allí. – dijo Uriel desafiándolo.

-      Pues como bien debes recordar, el matrimonio entre ángeles está unido por la eternidad, y a pesar de que uno de los dos reencarne, el vínculo de marido y mujer se mantiene. – explicó Gabriel.

-      ¡Ella no es tú mujer! – dijo Uriel.

Los dos hermanos se juntaron tanto que tenían la cabeza uno enfrente del otro, esa fue la razón suficiente para separarlos.

-      ¡Está bien! ¡Está bien!... vamos a calmarnos un poco, ¿ok?- dije metiéndome en medio de los dos, usando mi fuerza pude separarlos.

-      Laia, si te esperas media hora, vuelves a casa conmigo. – dijo Uriel.

-      Espera. No pienso hacer eso. He venido aquí con Gab y me iré con él de vuelta a casa.- le dije.

-      ¿No tienes suficiente? – le dijo Uriel a Gab.

-      ¡No volveré contigo Uriel! Por favor… vete con Aurora.- le exigí.

Uriel regresó a la mesa con su mujer, yo me senté en el sillón. Tenía ganas de llorar, así que puse mi cara entre las almohadas y lloré.

Enseguida noté como Gabriel me acariciaba el pelo de la nuca, eso me calmaba, pero todos los sentimientos que se habían despertado por lo ocurrido, me concomían por dentro.

-      Normalmente esta festividad no es tan intensa, amor. – bromeó Gabriel.

Saqué la cara de la almohada y empecé a reír, me vio que estaba llorando. Simplemente sonrió y nos abrazamos muy fuerte.

Al día siguiente, Uriel y yo casi no nos hablamos. Mientras que no venía el Tiet Josep a almorzar, me puse a jugar con los juegos que me había traído Papá Noel. Y durante la comida, entre Uriel y yo ganaba un silencio que jamás habíamos tenido.

Por la tarde salimos Uriel y yo a dar una vuelta por el Badanadal, el silencio seguía ganando demasiado terreno, hasta que vi una parada de crepes.

-      Si no quieres hablar de lo de anoche, lo entiendo. Pero, ¿por qué no hacemos una cosa? ¿Quieres una crep? – le sugerí.

-      Vale. – respondió con amabilidad.

A la que él se dirigía para allá, le agarré de la mano y le obligué a pararse, él me miró.

-      He entendido todo lo de anoche, tú pelea con Gab, a pesar de que me hirió lo que le dijiste y de la forma en cómo se lo dijiste. Entendí tus motivos, y los comparto. Pero… ¿Puedo decir una cosa?- me detuve a esperar su respuesta, dijo que si con la cabeza y proseguí.- Gabriel no me ha forzado a elegir. Sigue habiendo la opción, pero lo que siento por Gabriel es muy fuerte, y ahora no quiero que se aleje. Seguimos las pautas que dicta el universo o el SETHI, pero anoche saber que soy su mujer, me hizo sentir cosas muy bonitas, ¿sabes? – le dije.

Él sonrió y antes de que dijera nada más, me abrazó.

-      Perdóname por las formas, tampoco eran las correctas. – dijo Uriel con su sonrisa de bonachón.

-      ¿De qué quieres la crep?- le pregunté.

Nos miramos.

-      ¡Chocolate!- dijimos al mismo tiempo, y nos pusimos a reír.

La crep de Nutela estaba buenísima, nos la comimos mientras veíamos como la gente patinaba en la pista de hielo. Entonces, me invadió la tristeza cuando veía cinco amigos que no conocía de nada, patinar riéndose porque uno de ellos se había caído, también cuando veía otro grupo esta vez de amigas, que paseaban por la plaza contándose sus intimidades.

-      ¿Podemos irnos a otro sitio, por favor?- le pregunté a Uriel.

-      Si, claro. – respondió al ver mi cara de circunstancia.

Salimos de la plaza y empezamos a caminar por las calles de alrededor, paseo de San Juan, calle de la pasión,… a perdernos por ahí un rato, hasta que llegamos a las piscinas.

-      ¿Te pasó algo en la plaza? – preguntó Uriel.

-      Nada. Solo que si tengo que elegir entre esta dimensión y la quinta, me quedo con la quinta.- respondí.

-      ¿Quieres hablarlo? – preguntó Uriel.

Le miré y le dije que no con la cara, aunque tenía muchas ganas de llorar, me intenté tragar las lágrimas.

-      No pasada nada, amor. Lo entendemos perfectamente. – dijo Uriel.

Miré al cielo, vi una estrella muy brillante mientras que pensaba en ellos, en los ángeles, era la forma que encontré para no acabar llorando.

-      Tengo ganas de jugar a los Sims. ¿volvemos?- le pregunté.

Uriel aceptó inmediatamente.

Las otras dos noches del Maestro en Amsha (Agartha) fueron también muy alegres, cuando terminó me puse un poco triste pero sabía que los volvería a ver muy pronto.

Cuando faltaban dos días para cambiar de año, Gabriel me invitó a pasar la noche en Agartha, así que cuando llegamos al hangar en la zona límite entre el metro y las naves de la confederación, empecé a pensar alguna cosa que podríamos hacer.

-      ¿Alguna idea?- le pregunté

-      Si, pero tienes que confiar en mí. – dijo ilusionado.

-      Ya en estas alturas, ya confío hasta del payaso de micolor.- comenté y se puso a reír.

Salimos del Hangar por la puerta que iba para Amsha agarraditos de la mano, pero antes de que dijera nada, de la nada me agarró en brazos y al extender sus alas, nos miramos a los ojos, mi corazón iba tan rápido que no podía ni respirar, y entonces empezó a volar encontrando la altura perfecta.

-      Cierra los ojos – me dijo.

Le hice caso, llegamos al lugar cuando note que mis pies tocaban el suelo y por lo que sentía no estábamos ni en el bosque ni en un parque, es decir que el suelo era duro.

-      Cuanto cuente tres los abres. – dijo.

Acepté con la cabeza, y cuando abrí los ojos a la de tres…

-      ¿Ves aquella mujer que está sentada en el banco de piedra? – dijo Gabriel.

-      ¿Quién es?- pregunté.

-      Es nuestra hija, la mayor. – dijo.

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El Espejo De Mi Vida - Capítulo 234 [3T]

  Sentía tantas emociones tan bonitas mientras nos estábamos abrazando, mis hijos, ellos estaban allí, los podía tocar con mis propias man...