Hoy toca doble capítulo. ¡Gracias por las visitas y el interés en esta historia real! Quién se haya perdido, tiene la chance de encontrar estos capítulo desde la primera temporada en WATTPAD.
CAPÍTULO 230:
Pero Gabriel me volvió a tumbar y prosiguió, el silencio marcó el camino pero mí mirada la clavé en la suya.
- ¿Hay más juramentos que hice antes de nacer para que me sienta así ahora?- dije indignada.
- Te lo advertí en su momento, Laia. – respondió con la mirada oscura aunque la tenía clavada en el cielo.
- No me acuerdo.- le dije.
- Tú espíritu es realmente misteriosa y le encantan los juegos. – añadió Gabriel.
Y yo los detesto.
Tanto misterio de esa noche que se suponía que era el cumpleaños del Maestro Jesús, en la quinta dimensión realmente fue toda una sorpresa verme rodeada de ángeles alrededor de una larga mesa. Ellos en cierta manera tenían sus propias tradiciones, dónde me invitaron a participar por primera vez.
Empecé a mirar a todos los invitados, eran todos ángeles pero no veía a nadie más que no fuera ángel.
- ¿Dónde está?- le pregunté a Gabriel.
- ¿Uriel? Ahora llegará… ah no, ahí está. – dijo saludando delante de una de las puertas dónde vi que estaba Uriel allí hablando con una mujer, que llevaba una túnica de su mismo color, oro-rubí.
- No, no me refiero a él. Sino a ya sabes a ¿quién, no? – le dije.
- Pues no. ¿A quién buscas? – preguntó con su mirada curiosa que me miraba directamente a mis ojos.
Me entró un poco de vergüenza y le susurré en la oreja.
- Al Maestro Jesús…- le dije.
Gabriel se echó a reír como si lo dijera en broma, pero al ver que yo no estaba igual que él paró enseguida.
- ¿De verdad lo preguntas? – dijo, yo solo le miré cada vez más molesta y él prosiguió.- Él no está aquí, ni vendrá. Esta es la fiesta de los ángeles, no de los Maestros. – explicó Gabriel con su tono dulce.
Me quedé sin palabras, intentando entender ¿por qué el cumpleañero no asistía en la fiesta a su nombre?
- Durante estos tres días él no vendrá. ¿Por qué pensabas que tendría que venir? – preguntó Gabriel.
- Hombre Gab, no lo sé, pero… si el invitado de honor no viene a su fiesta de cumpleaños… ¿qué hacemos aquí? – dije.
Gabriel no pudo contestar porque otro ángel le pidió algo y tuvo que obedecer, me di cuenta que todos ayudaban a preparar la mesa, más bien las últimas cosas que faltaban. Me quedé a un lado observándolos, pero enseguida me fui al lado de Uriel, a pesar de que tuve que pasar entre muchos ángeles y angélicas que no había conocido jamás.
Cuando estaba cerca pero Uriel ni sabía de mí, me quedé un momento al escuchar sin querer la conversación que tenían.
- Te echamos de menos. – decía la angélica, llevaba un lindo y largo cabello color caoba con rizos hasta los hombros.
- Y yo a vosotros. Deberíamos encontrar una forma, de que esto funcionase mejor, amor. No me gusta esta distancia… - Uriel le miraba con mucho amor, le vi por primera vez enamorado y sufriendo por ello.
- No podemos dejar Vigo, al igual que tú no puedes dejar Manlleu. – dijo la angélica.
- Aurora, nuestro hijo está creciendo sin mí. ¿Ves que es algo natural? – dijo Uriel.
¿Hijo? ¿Uriel tiene un hijo?
- Lo sé Uriel. Nos hospedamos en el Campamento Druida, cerca de Vigo. La misión que tenemos es muy importante, y según el jefe Druida dice que quizás en diez años podamos irnos, pero de momento no puede ser. Lo siento. – explicó la Aurora.
- Yo no puedo dejar a Laia. Ella me escogió y yo tengo que estar a su lado. Sabes que hay algo más fuerte detrás de ella, y si no estoy con ella, no será igual y no ocurrirá. – dijo Uriel.
Arrugué la frente.
- ¿Cómo le va? – preguntó Aurora.
- Le falta mucho camino, pero los Ancianos dicen que va mejor de lo que esperaban. Aún tiene muchas lagunas, pero dicen que se acordará de todo antes de cumplir la mayoría de edad. El Maestro Jesús me ha comentado que será posible, así que tengo que estar con ella, me necesita más que nunca. – explicó Uriel.
- ¿De verdad que ella podrá hacerlo? – preguntó Aurora.
- Si, por supuesto que si. Estará preparada para ello, ya sabes que dicen de ella, ¿no? – dijo Uriel.
- Ella es la esperanza. – dijo Aurora.
¿Yo qué?
No lo pude evitar y carraspeé. Aurora y Uriel se giraron y al verme sonrieron.
- Perdón, no quería molestar.- dije.
- Hola Laia… ven, te quiero presentar a alguien muy importante para mí. – dijo Uriel ofreciéndome su mano, la otra llevaba una copa con jugo de manzana.
Se la acepté.
- Te presento a mi mujer, la Arcangélica Aurora. – dijo Uriel.
- ¡Hola Laia! Es un gusto verte.- dijo super amable.
No me pude resistir y la abracé por la cintura, ella se sorprendió.
- Recuerdo vagamente quién eres, pero gracias.- le dije.
Uriel arqueó las cejas mientras miraba a su mujer, que ella sonreía.
Nos colocamos todos en la mesa, Gabriel me avisó y con un gesto me dijo que vinera, así que volví a rodear la mesa y fui a su lado.
- Ven, te han puesto a mí lado, espero que no te importe, amor. – dijo Gabriel.
- Ok. – dije mientras que miraba a Uriel para ver si se sentaría al otro lado, pero vi que se sentaban más lejos él con su mujer, así que arrugué la frente y le dije a Gabriel- ¿Por qué se sientan tan lejos?- dije.
- Ay perdona, pero aquí siempre nos sentamos por orden de llegada, es decir por el orden en que fuimos creados. En este caso, tú te sientas conmigo, porque…- vi que Gabriel se sonrojaba un poco cuando vi que miraba detrás de mí.
Al girarme vi que Miguel le estaba mirando con ojos serios.
- Bien, te tienes que sentar conmigo porque eres la única que viene sin pareja, y además soy uno de tus protectores. – el tono de Gabriel cambió de dulce a vergonzoso tras la mirada de Miguel.
- Por esa misma regla, ¿no debería sentarme al lado de Uriel que es mi guardián?- pregunté.
- ¡Ni hablar!- gritó Gabriel al mismo tiempo que se puso tenso.
Volví a mirar a Miguel entre nosotros estaba Fe que ya la había conocido en otras ocasiones en algunas reuniones. Me abalancé un poco hacía Miguel, pero como Fe estaba en medio solo choqué con el brazo derecho de Fe, y me resigné a hablarle desde allí.
- ¡Eh, Mic… eh…!- le grité pero con los murmullos de los demás ángeles no me escuchaba, pero Fe le dio un golpe seco en el brazo, le miró y le hizo un gesto hacía a mí y entonces me miró y se acercó.- ¿Qué pasa entre Gabriel y tú, por qué le miras así cuando me habla?- le pregunté.
- Ay, Laia… siempre me pillas, ¿eh? – bromeó.
- Si, soy un lince. En serio, ¿en qué andan?- le exigí.
- No es buenos saberlo todo sin dejar que el camino te lo muestre por sí solo, hermana. – respondió el arcángel Miguel.
- ¿Qué?- dije pero Miguel pasó de mí.
- No te lo lleves a lo personal, Laia. Seguir y formar parte del universo tiene sus misterios. – respondió Fe.
- Anda, ¿tú también, Fe? – arrugué la frente por el sarcasmo.
Fe sonrió y yo al final lo intenté ignorar, pero tuve que hacerlo de todos modos.
Antes de empezar a cenar juntos, los arcángeles empezaron a cantar una canción tan bonita en Arcturiano que el corazón se me estremeció de lo bonito que era, además que tuve una sensación de volver a casa, al origen dónde todos los arcángeles que estaban sentados en esa mesa tan larga, volvíamos a estar todos juntos una vez más.
No pude evitar agarrarle de la mano a Gabriel, él me miró y me sonrió mientras que seguían cantando ese cántico tan hermoso, que ni sé describir, en serio… a veces lo he escuchado en el coro de ángeles, pero no sé describir la sensación ni la melodía. Lo siento, toco el piano y algunos instrumentos sin saber leer partituras, así que no me pidan que describa el cántico.
La comida estaba exquisita también, había tantos platos y todo estaba elaborado de una forma artesanal. La fruta tenía su sabor original, los panes, las ensaladas, todo era exquisito.
- ¿Te lo pasas bien, amor? – preguntó Gabriel.
Dije que si con la cabeza y luego levanté la copa, le hice un gesto para brindar él y yo, que aceptó agarrando su copa y chocándola juntos.
- ¿Me permites? – preguntó, dije que si con la cabeza y prosiguió hablándome en la oreja.- por qué el camino en el cual nos unió dios, no nos separe nunca jamás. – dijo.
Le miré curiosa pero me entró la risa, acepté lo que dijo y bebimos ambos al mismo tiempo.
- ¿Te puedo confesar algo, Gab?- le dije, me dijo que si, y me acerqué a su oreja.- ya veo que hay que ser Indiana Jones para poder entenderlos.- dije.
Gabriel empezó a reírse a carcajada limpia y yo también me uní.
- Te recuerdo que tú formas parte de nuestro grupo, así que considérate una Indiana Jones como nosotros, porque vas en el mismo saco. – bromeó Gabriel.
- ¡Por los misterios!- grité alzando la copa para todos los comensales que imitaron el gesto y bebieron de sus copas, pude sentir la mirada de Gabriel clavada en los míos.
Tenía un poco de calor, así que me levanté y caminé hacía la ventana que estaba abierta. En Agartha en ese tiempo no hacía frio, a pesar de estar en diciembre. Puse las manos en la repisa de la ventana, adorando el fresquito que entraba tocándome la cara, cerré los ojos un momento, y noté que se acercaba alguien por detrás, notaba su respiración entre cortada en mi oreja derecha.
- Algún día podré besarte. – susurró Gabriel.
cAPÍTULO 231:
Le miré a los ojos, él me agarró de la mano derecha y la subió hacía la altura de su cara.
- Pero de momento, me conformaré con poder hacer esto. – sin dejar de mirarme a los ojos, me beso los nudillos de la mano, dentro de mí sentí que se movían muchas mariposillas. Wow.
Le retiré la mano enseguida, di media vuelta y me fui por la primera puerta que encontré. Llegué al jardín de atrás del local dónde estábamos cenando todos juntos, necesitaba estar sola un minuto y respirar.
Esos sentimientos eran muy fuertes, jamás los había sentido por nada ni por nadie. ¿Cómo era posible solo con un besito en los nudillos sentir eso?
- Disculpa. No quería… - dijo Gabriel preocupado.
Le miré un momento pero ignoré su mirada al girarme hacía la baranda, observando el paisaje floral.
- Si me he pasado… no quería hacerlo. – siguió Gabriel.
- No me pidas que lo olvide.- le dije.
- Si olvidas, me lastimarás. – dijo Gabriel.
- No, no lo entiendes.- me giré y le miré a los ojos.- no me pidas que olvide. – le repetí.
Él dio varios pasos hacía a mí, para quedarse justo delante, con su mano me tocó el pelo cuidadosamente y me miró a los ojos.
- ¿Olvidar qué? – preguntó Gabriel.
- Lo que siento por ti, es más fuerte. – le confesé.
Él sonrió un momento, pero mantenía la cautela y la distancia entre sus labios y los míos.
- No tengo ni 14 años, soy muy joven para ti, lo entiendo. Y entiendo que debemos esperar, pero si me pides que te olvide, me vas a matar. Por qué aunque sea tan joven, tengo claro una cosa. Te amo, y sin apenas poder tocarte. Es como si, mi cuerpo supiera el tuyo, sin conocernos. Es…- dije.
- ¿Electricidad? Si… yo también lo siento. – dijo mientras me tocaba con el dedo índice la barbilla. Cerré los ojos.- pero que tengas casi 14 años, no es el motivo por el cual debemos esperar. – dijo Gabriel.
Le miré a los labios, me acerqué pero me paró poniéndome la mano en la mejilla.
- Hay algo más, que debo hacer. – dijo.
Le miré a los ojos atenta, entonces me volvió a acariciar la barbilla, me obligó a girar la cara.
- Cierra los ojos, y dime, qué sientes si… - susurró en la oreja.
Noté sus labios dándome un beso en la mejilla con todo su amor. Aunque solo era un beso en la mejilla, sentí muchas cosas, las mariposillas regresaron, y mucho más.
Pero cuando iba a compartirle mis sentimientos, vi algo…
Estaba tumbada en una cama con sábanas blancas, de las ventanas entraba el sol del Alba parecía una mañana de verano, ni frío ni calor. Sentía como me abrazaban en la cama con todo su amor, me daban un besito en la mejilla, y al girarme, solo podía ver el Sol brillar, no le vi la cara, solo el pelo castaño claro y su sonrisa hermosa diciéndome “buenos días, querida esposa mía”.
Al regresar abrí los ojos y le miré atónita directamente a sus ojos.
- ¿Eso fue un…?- susurré.
- ¿Tú también lo viste? – preguntó Gabriel mostrando su sonrisa de enamorado.
Dije que si con la cabeza, al mismo tiempo que me tocaba la mejilla dónde me había dado el beso.
- ¿Esposa mía? – repetí susurrando.
- Solo espero poder volver a repetirte llamándote así. – dijo Gabriel.
Di un paso al costado, no tenía palabras, él se quedó inmóvil.
- ¿Era yo la mujer que te dejó?- pregunté.
En ese momento a Gabriel se le oscureció la mirada.
- No. – respondió tajantemente.
- ¿Cuántas veces te has casado?- le pregunté.
- Unas cuantas veces. – se le oscureció la mirada aún más, entonces bajó la mirada al suelo y prosiguió.- pero la nuestra fue la mejor. – dijo.
No pude contestarle, me quedé sin palabras, me costaba respirar, me giré me tapé con las manos la cara, mientras que miraba el paisaje con esa luz tenue del ocaso, a pesar de ser muy de madrugada, en Agartha el Sol nunca se va del todo.
- ¿Estás bien? – preguntó Gabriel preocupado.
Cómo no le dije nada, escuché los pasos como se acercaba a mi derecha y me observaba.
- No te quería condicionar, solo era… era… un regalo. – confesó afectado tristemente.
Respiré profundamente, y le miré a los ojos, que me estaban observando.
- ¿Estoy ahí? – le señalé el camafeo que le colgaba del cuello, se lo tocó un segundo.
- Llevabas mí anillo, durante esa vida. – respondió.
- No respondiste a mí pregunta.- le recordé.
Pero no respondió.
- Está bien. Ya entendí.- le dije arrugando la frente.
Caminé de vuelta a la puerta del local.
- ¡Espera! – gritó Gabriel.
Me detuve pero no me giré, por unos segundos me quedé allí, esperando si tenía algo que decir, pero no dijo nada, así que respiré profundamente y me giré para mirarle a los ojos.
- Entendí que no fui, la que llevas en el camafeo. A pesar de que… si fuera al revés, te llevaría a ti.- le dije.
Di un paso atrás, pero Gabriel se acercó rápidamente, con su brazo izquierdo lo pasó por la cintura, estrujándome contra él, permitiendo así que su nariz y la mía se rozaron ligeramente, mientras que con la otra mano, regresó a una de mis mejillas. Su mirada era penetrante, ambos teníamos la respiración entre cortada.
- No debería mostrártelo todavía, pero… - dijo.
Se quitó el camafeo del cuello y me lo dio.
- Todo tuyo. – dijo mirándome a los ojos.
A un lado había un botón, lo toqué y se abrió. A la izquierda había un retrato de una mujer muy hermosa, con el pelo rizado y los ojos verdes.
- Tú eres ella, mi Flor de Lys. – dijo.
- ¡Que bella!- susurré atónita.
En la otra había una foto de seis personas de diferentes edades, aunque jamás los hubiera visto, sentía que los conocía de algo.
- ¿Y ellos?- pregunté.
- ¿Recuerdas el departamento en Posid que una vez estuviste? – preguntó.
- Si, hace mucho tiempo que pasó.- respondí.
- ¿Recuerdas lo que te dijeron? – preguntó de nuevo.
- Allí vivían mis hijos de quinta dimensión.- dije.
- También son mis hijos. – dijo y prosiguió tras una pausa.- ellos son nuestros hijos. – terminó.
¡Jo-der!
- ¿Cómo es posible? Dijeron que eran del chico de ojos verdes.- dije.
- Nadie dijo eso, Laia. Lo entendiste mal. – respondió Gabriel.
- Dijeron que eran mis hijos con mi llama gemela.- dije.
- ¿Acaso no te gusta que yo ocupe ese lugar? – preguntó desafiante.
- Si, pero…- tartamudeé.
- El chico de ojos verdes, ya entenderás esa historia en algún momento. Pero yo soy el padre de estos siete hijos, y tú su madre. – explicó.
- ¿Siete?- repetí.
- Así es. – respondió.
- Aquí solo hay seis.- dije.
- Mm… claro. Es que el séptimo aún no se ha podido hacer la foto familiar, pero se hará pronto. – explicó Gabriel.
Le miré a los ojos, arrugué la frente, sabía que no me mentía, pero la noticia me impactó.
- ¿Estás bien, amor? – preguntó arrugando la frente preocupado.
Cerré los ojos un momento, intentando asimilarlo.
- Disculpa, pero… creo que necesito volver a por mi copa de zumo.- le dije.
- Claro. ¡Vayamos a por él! – dijo.
Abrí los ojos, me soltó de la cintura, pero a la que di tres pasos, perdí el equilibrio y él me volvió a sujetar.
- Tranquila, te tengo. Te tengo. – dijo mientras nuestros ojos volvían a encontrarse enfrente.
Sigue los videos de youtube, en nuestro canal, aquí:
HR.
HERO&Corporation.



