miércoles, marzo 04, 2026

Lugares De Mí Linea Temporal Que No Entiendo

 

Recordar vidas tiene su precio muy elevado, y tengo que confesar que en esta vida me está costando llegar a zonas dónde tengo muchas heridas que provienen de vidas pasadas, y en cambio desde un conflicto que ocurre en esta vida, no consigo llegar al meollo del conflicto, que está claro que no empezó en esta vida sino en otra.

Sentirse así es una mierda, lo confieso. Porqué dicen que para recordar, tienes que hacerte preguntas. Ok, pero si ya las hago y solo recibo las mismas respuestas, ¿qué tengo que hacer? Entonces me dicen los guías “si haces las preguntas correctas, tendrás las respuestas correctas”. ¿Más preguntas pero sobre qué? Por qué sinceramente lo digo, ¿cómo puedo saber qué tipo de conflicto tuve con esa persona entre 2015 y 2023 si no recuerdo el conflicto de la otra vida que nos une?

Estos guías a veces hablan como si me confundieran con Indiana Jones, vas de pista en pista, de señal en señal, intentando conectar cosas que el resto de los humanos ni se lo pensaría, pero te acusarían de loco. Y a veces culpo a mi SER por tener el rompecabezas más complicado del mundo… ¡Conectar dos dimensiones tiene su precio!


¿Cómo lo harían ustedes? Mi corazón necesita saber cosas sobre porque con el arcángel Raffaello siempre tengo problemas. Ahora la amistad parece que anda bien, pero el dolor sigue existiendo y la misma pregunta se sigue repitiendo en el eco de mi consciencia ¿por qué el universo no lo quiso? Pero ninguna respuesta está llegando para esta pregunta, solo sé que la respuesta está en las vidas pasadas, en aquellos trozos que aún no me atrevo a recordar, porque la vibra es distinta y el dolor constante.

Siento que en este caso es el mismo universo que no me permite verlo, ¿por qué? Siempre he sido muy curiosa, pero será que ¿me estoy equivocando? No lo siento así. Solo quiero recordarlo para que me deje de doler. Cuando se presenta en Xauxa y me mira… a pesar de que las cosas andan bien ahora, siento dolor dentro de mí, ¿qué ocurrió en otras vidas, cojones?

Todo lo ocurrido en esta vida, ya está sanado. Pero hay más detrás, lo sé, no me engañan. Lo sabré, soy como los gatitos, aunque no soy therian, pero en curiosidad les gano.

Hace poco descubrí que en mis anteriores vidas estando en la Esfera Tierra, no tuve una vida cien por cien humana, sino que siempre he estado en contacto con ángeles, maestros, dios… no de forma religiosa, sino tal cual ahora estoy. Así que estoy segura que trabajamos juntos u ocurrieron cosas graves entre Raffaello y yo, porque incluso Gabriel me lo oculta. Lo hace porque aún no debo estar preparada para algo así… pero soy terca, muy terca y en esto insistiré mucho. Son demasiados años, y ya toca poner un poco de paz, ¿no?

Todo lo que recuerdo ya es mucho, hasta la fecha unas 91 vidas pasadas. Aún me cuesta hacer una línea de tiempo y ubicarme, pero con el tiempo lo haré. Por lo que me han contado mis guías tengo muchas más vidas por recordar, sé que el inicio de mi primera vida en físico fue en Urantia, allí conservo tres recuerdos muy importantes.

El primer recuerdo de Urantia:

Estaba en una plaza llena de arena blanca, era de noche. Escuchaba el cántico de dos dioses (Nuestro dios y María la Madre) cantaban al unísono delante de otros hermanos ángeles. En mi espalda tenía alas, así que me identifiqué como ángel. Pero detrás de mí, vi una bola de fuego grande como el tamaño de una pelota de playa de nívea flotando. De allí, salió un hermoso chico también con alas, el pelo con rulos, castaño claro y al abrir los ojos, la primera cosa que vio fueron mis ojos, y automáticamente sentí algo muy fuerte dentro de mí.

Esto era la creación del arcángel Gabriel, o sea que si hablamos de años, yo tengo un año más que él. Porque cuando se crean ángeles de esta forma a través de los cánticos, nacemos como si fuéramos una persona de 14 años físicamente hablando. Aunque mentalmente como si fuéramos niños de 3 años.

El segundo recuerdo de Urantia:

Pasaron cinco años aproximadamente, estaba sentada en la mesa del comedor de un jardín con plantas maravillosas, era de día, había un lago cerca. En la mesa comiendo estaba Gabriel pero no nos hablábamos porque estábamos enojados por algo que yo le había quitado. Se sentó a un lado de la mesa, y yo me acerqué para decirle algo, pero él agarró el plato se levantó y se fue. Le llamé y le dije “lo que hice, lo tenía que hacer igual, enójate si quieres, pero ya lo entenderás”. Él se giró me miro con su mirada triste pero solo dijo “y en cambio nuestros caminos se unen” y luego se marchó.

Por lo que pude entender aquí, es que yo le había como traicionado a él de alguna forma y estaba bastante mal. No se crean que relacionarse con arcángeles es todo algodón de azúcar, tiene sus complicaciones.

El tercer y último recuerdo de Urantia:

Dios me estaba dando las gracias, porque una idea que aporté en su proyecto de construir su nuevo universo le ayudé tanto que sus creaciones dieron fruto. Así que e invitó a irme con el grupo de creadores a vivir en un planeta pequeño que fue el primero que se creó en nuestro universo actual, para seguir trabajando en el proyecto. Recuerdo que Gabriel estaba medio contento y medio enfadado, porque en teoría tenía que irse sin mí y de repente yo también iba.

Recuerdo que nos hizo una fiesta la gente de la ciudad dorada, vimos a Nebadon dándonos energía para que el proyecto fuese bien, y simplemente con una canción popular de allí, nos fuimos.

Realmente fue una despedida porque jamás he vuelto a Urantia. Pero Gabriel a su manera asumiendo sus emociones, parecíamos al principio como dos ángeles celosos del otro, porque prácticamente nos hemos criado juntos pero no somos hermanos, somos creaciones diferentes desde una fuente distinta.


¿Quieren saber cómo conocí a Raffaello? Fue mucho tiempo después, cuando llegué a este universo al principio el proyecto para crear o empezarlo, estuve trabajando muy duro, hasta que me di cuenta de que aún no me había ganado la eternidad y morí, para volver a ser un balón de energía deambulando por el tiempo y el espacio en este universo.

Mi siguiente encarnación que recuerdo fue en la Cruz del Sur.

Realmente habían pasado más de tres mil años desde que había muerto, nací con el nombre de Haia Höe (Flor de Lys en Arcturiano). Fui la hermana mayor de otras hermanas que nacieron al mismo tiempo que yo (es mi primera encarnación que recuerdo que nací en un parto).

Durante esa vida que estuve allí 20.000 años (parecía que me había conseguido la eternidad, pero aún no). Gabriel y yo empezamos a sentir cosas más allá de ser amigos, es decir esta es la primera vida en que nos enamoramos y lo intentamos. Pero si lo que quieren saber es qué pasó con Raffaello… fue así…

Un día que salía de la sala del Trono de Dios, me fui a respirar y a pensar mis cosas, al lado del árbol de la vida que está situado en la Catarata del destino. Es una Catarata donde la gente que quiere salir de esa encarnación, se tira por la piedra del destino, esa agua va a parar al río del destino que rodea todo el Jardín de los deseos que rodea la gran Casa de Dios (un palacio muy grande hecho de cristal dorado).

Solo salí a pensar, cuando de repente escucho unos gritos, empiezo a ir hacía los gritos y me encuentro debajo del árbol de la vida, tumbada y con mucha sangre en el estómago de Hariel (Hija del arcángel Miguel y la Arcangélica Fe), resulta que le habían clavado una flecha cuando volaba cerca de las Aldeas que son muy peligrosas fuera del palacio del Trono.

Al pedir ayuda, vi a un arcángel con su túnica verde y el emblema de arcángel gravado en el brazo izquierdo, lo llamé y al ver lo que pasaba vino corriendo. No sabía quién era, pero al ser verde supe que podía ayudarla. Ese de la túnica verde era Raffaello, que me pidió ayuda para sacar la flecha e intentar curarla con ungüentos y cosas que él sabía hacer. Esa fue la primera vez que estuve tan cerca de la medicina y la sanación que practico en la actualidad.

La llevamos a casa del arcángel Miguel, todos los hermanos se quedaron en shock, pero cuando Gabriel me vio con Raffaello empezaron los celos. No entendía nada, a partir de allí con Raffaello siempre se acercaba con mucho cuidado, y Gabriel en esa vida era bastante celoso.

Allí como pueden ver, el conflicto con Raffaello ya existía, y yo no me acuerdo de más, así que tiene que ver con la vida de Urantia o los primeros milenios en nuestro universo. Esos son los recuerdos que estoy pidiendo que se me den la chance de poder recordar. A ver si al compartirlo aquí el universo empatiza un poquito y me hace caso.

Ah por cierto, si necesitas recordar tus vidas pasadas, yo ofrezco terapia especializada, si estás interesado manda un correo a laiafgali@gmail.com o un MD en Instagram @Laia_gali_hr y allí hablaremos de tú caso. (Si haces la terapia, se recomienda estar al mínimo seis meses para ver resultados favorables).

HR

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miércoles, febrero 11, 2026

El Espejo De Mí Vida - Capítulo 228 [3T]

 

Noté el puñal atravesándome el corazón. Sangre de mi sangre, también me estaba engañando, ¡no lo podía creer!

-      Dary… ¿me puedes explicar esto?- le dije señalando con una mano.

Él miró y cuando la vio, se le cambió la cara a sorpresa, al mirarme simplemente me abrazó.

-      ¡Lo siento mucho, mi amor! – dijo.

-      Ella, ¿me ha engañado? ¡También ella lo ha hecho! – dije.

Cómo había tanto ruido entre la gente pasando y la música de la pista, no me escuchaba nadie, excepto Uriel.

-      Si, también lo ha hecho. ¿Cómo te sientes? – preguntó Uriel.

-      Con ganas de montarle un numerito o de darle guantazos delante de sus amigos… pero creo que es mejor que me lleves fuera de aquí, porque no respondo. – dije.

Uriel me agarró de la mano y me arrastró hacia las escaleras antes de que pasase un accidente más grave. Estuve tan en shock que simplemente acepté lo que ya era inevitable, me había quedado oficialmente sin amigos. Ni la familia me podía sacar de ese estatus.

La soledad había ganado la batalla, me había apartado de aquellos que se suponía no debían dejarme ir, pero allí estaba, sola ante todo. Si el universo había permitido todo eso, tenía un plan perverso para mí ya programado, por los cuales no estuve informada a tiempo para evitarlo. Así pensaba, que la soledad era el enemigo y que por su culpa, ahora entraría de lleno en lo que jamás había hecho y siempre lograba escapar, conocerme a mí misma a fondo.

Si se me daba mal hacer amigos, imagínense intentar conocerme. Lo peor de esa situación no era estar solo, sino que la gente se aprovechaba de ello y se reían, porque la Laia siempre se “auto-marginaba”. No había ni una pizca de empatía por ningún lado, y eso dolía tanto, señores, tanto que si llegaba al final del día sin llorar, era un pequeño logro.

Convivir conmigo misma fue lo más aterrador que tuve que hacer, sobretodo al principio, porque me daba miedo mi propio silencio.

Al día siguiente decidí volver a llamarla, para ver si me daría una explicación. En un caso hipotético que quizás le llamó un compañero de clase y la acabó engañando para salir un ratito y yo simplemente lo estaba interpretando mal. Quería sentir que me estaba equivocando para elidir la soledad ganando esa batalla, pero…

-      Hola. – dijo muy seca.

-      Hola. ¿Cómo vas?- le dije.

-      Bien.- dijo.

-      ¿Tienes algo que contarme?- le dije.

-      ¿De qué?- respondió.

-      No sé… ¿qué tal la tarea de matemáticas?- dije.

-      Puf… tengo mucho todavía, tampoco puedo quedar.- se excusó.

-      Ah… ¿o sea que tienes que volver a estudiar y calcular el área del cuadrado?- dije ya irónica.

-      ¿Del qué? No hago geometría, estoy con ecuaciones de segundo grado.- dijo

-      Ah… pues no entiendo qué hacías ayer por las siete de la tarde en la plaza con tus amigos, cuando dijiste que te pasarías el finde haciendo mates…- le dije directamente.

Entró un silencio bastante impactante.

-      ¿Cómo sabes eso?- preguntó algo más brusca.

-      Te vi. – respondí.

-      ¿Me seguiste?- dijo.

-      ¡No, no…! Salí de comprar en una tienda y te encontré.- le confesé.

-      Ah.- dijo.

Otro silencio. Pensaba que me pediría perdón o una explicación, pero tardaba.

-      Entonces,… - dije.

-      ¿Qué?- dijo.

-      No sé… creo que me debes una explicación, ¿no?- dije.

-      ¿Por qué?- dijo.

-      ¿Cómo que por qué? Me has mentido. – dije ya tocada emocionalmente.

Otro silencio.

-      ¿No piensas decir nada, aunque sea una excusa barata?- le dije.

-      No.- respondió.

-      Ok. Ya entendí el mensaje. Mira, que te vaya bien la vida Sofía, creo que es mejor que cada una tome su camino por separado. – le dije.

-      Vale.- respondió y me colgó.

Nunca recibí una explicación, y eso me dolió muchísimo. Tras la llamada, me fui al cuarto, me tumbé en la cama y me puse a llorar, Uriel y Gabriel se sentaron en la cama a consolarme. Esa fue la última vez que tuve su número de teléfono memorizado en mi cabeza, a partir de ese momento la amistad de primas de uña y carne se había roto para siempre.

A partir de esa noche, empecé a tener pesadillas.

De nuevo volvía a preguntarme ¿por qué la gente me odiaba tanto? ¿Era tan diferente a ellos que ni me permitían estar a su lado? Todo el tiempo rodeada por la soledad, hablando solo con mis angelitos divinos, e ignorada por los humanos, esas criaturas que se creen lo mejor del mundo, pero la verdad es que a mí me hicieron sentir que ni merecía haber nacido.


Mantener la positividad ante dicha situación, se complicaba por momentos. Los únicos que podría agradecer poder estar a su lado, eran mis padres, mi abuela y el tiet Josep… pero claro eran familia, por obligación debían aceptarme. Yo no niego que me aferré a ellos, aunque fuese a un clavo ardiente, era lo único que tenía en mano, ¿qué quisieran que hiciese deprimirme? Tarde… ya lo estaba, pero intentaba ser positiva aunque costase el día entero fingir o aceptar compañía que ni fu ni fa.

Durante el último día de clase antes las vacaciones de Navidad, hicimos un desayuno improvisado, además de repartir los regalos del amigo invisible. El mío le tocó hacer la Nieves… y realmente me ofendió mucho. Me regaló dos velas perfumadas redondas de color rosa.

-      ¡Que coño…!- susurré mirándolas.

-      ¡Qué ofensiva, por dios! ¿Quién ha sido? – dijo Gabriel enojado mirando a la multitud.

-      La Nieves. – respondió Uriel.

Gabriel se puso de rodillas, aprovechando que todos estábamos sentados en el suelo, mirando a la Nieves directamente.

-      ¿Eh tú, a santo de qué le haces esta mierda de regalo a mi Laia, eh? ¿Qué pasa que has sido tú quién escampó el rumor de que no se baña, o qué? – dijo Gabriel a gritos.

-      ¡Mi protegida no ha sido! – respondió el ángel guardián de la Nieves.

-      ¿Cómo qué no? ¿Y entonces, qué puedes interpretar de esta mierda, eh? – siguió Gabriel.

-      Mi protegida no la conoce bien a la tuya… - respondió el ángel de la Nieves.

-      ¡Más le vale no acercarse! – gritó amenazante Gabriel.

-      Ya basta, Gab.- dije susurré un poco más alto, aprovechando que habían gritos de alegría porque se había abierto otro regalo de otro compañero.

Gabriel me miró con los ojos inyectados en sangre y su cara arrugada de enojo, cruzó los brazos, resopló y se quedó callado.

De regreso a la casa, Uriel miraba mis manos dónde llevaba el regalo, mientras que Gabriel seguía resoplando pero callado.

-      No sé qué piensas tú, Dary. Pero esto… no tiene ningún sentido.- le dije.

-      Claro que tiene sentido, amor. Es una de esas señales que hay que profundizar en su significado. – dijo Uriel positivo.

-      ¿Significado, de qué? ¿Piensas igual que Gabriel?- le dije.

Uriel dijo que no con la cabeza.

-      Pues a ver… ¿qué significado le darías?- le dije desafiándolo a Uriel.

-      Una vela encendida significa que eres el Ser de Luz que admira con mucho cariño es cómo si te dijera <te admiro y por eso dónde tú luz esté voy a estar>. Además, las velas son rosas, ¿recuerdas el significado de este rayo? – explicó Uriel.

Me quedé pensativa observando las velas, Gabriel me copiaba, nos miramos intentando comprender algo de lo qué había dicho.

-      El Rayo rosa significa el cariño que siente por ti. – terminó Uriel.

Gabriel y yo nos echamos a reír a carcajada limpia.

-      ¡Hermano, deja de tomar lo que te tomas, en serio! – vacilaba Gabriel.

-      ¿De qué se ríen? – dijo Uriel algo molesto.

-      Mira me lo creería, sino fuera que he sido testigo de ese odio que le tienen todos sus compañeros, hermano. ¡Parece que te dejes los ojos en casa y no los traigas a clase, que mis ojos lo ven todo clarito! Y aquí no hay nada de admiración…- dijo Gabriel.

-      ¿Lo dices en serio, hermano? – preguntó Uriel desafiando a Gabriel.- ¿No te enseñaron a profundizar o qué pasa? – dijo.

-      Si, y sé que la odian. – respondió seco Gabriel.

Estaba de acuerdo con Gab, era imposible que me hubieran hecho tal regalo por el significado que le dio Uriel.

-      ¡Estoy contigo Gab! Si me admirasen, no me lastimarían tanto, no me esperarían tardes a las cinco en la puerta para seguirme, no me llamarían pato Donald ni tampoco se burlarían de mis notas. Me permitirían colaborar en los trabajos de clase, y si tuviera un problema ellos estarían, y ¿ves que pasé?- dije la verdad me dolía, pero era la verdad.

Nos quedamos en silencio mientras que íbamos los tres a casa de mi abuela. Antes de llegar, puse las velas en la mochila, y me puse a respirar profundamente mientras me atoré unos minutos en el parque del cementerio.

-      Hay algo que quiero decirles, mis angelitos.- dije mirándoles a la cara.

-      ¿Qué pasa? – dijo Gabriel.

-      Está claro que tengo que pasarme un tiempo sola, sin humanos más allá de mi familia. Será un camino duro y muy oscuro, pero venceré esta oscuridad, así…- les agarré de las manos, respiré profundamente y dije – juntos.- sonreí esperanzada.

-      ¡Siempre juntos! – dijeron Gabriel y Uriel a la vez con su sonrisa más agradable.

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 HR.

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viernes, febrero 06, 2026

El Espejo De Mí Vida - Capítulo 227 [3T]

 

Él no iba con nadie, estaba solo, así que decidí mejor quedarme con Uriel, porque no sabía cómo lidiar con la situación. Además la última vez que nos vimos durante la fiesta en Ávalon, casi nos íbamos a besar y esa sensación de sentir que quiero besarle y él también, pero no lo hace porque aún ve que no es el momento, me dolió más.

Quería fingir que era producto de mi imaginación, aunque verlo y saber que realmente estaba ahí me dolía tanto, que fingir anestesiaba un poco mis sentimientos.

-      ¡Estoy hecha un lío, Dary!- dije.

Uriel prestó atención.

-      Por un lado, estoy enamorada de Gabriel, y por el otro, estoy enamorada del chico de ojos verdes. ¡No sé qué hacer! Por qué además, ambos dicen lo mismo, <aún no estamos preparados> pero yo me muero por los dos… ¿Por qué todo es tan complicado? Y lo más difícil de todo, ambos viven en otra dimensión, ¿por qué me duele tanto?- confesé.

-      Ya veo. – dijo haciendo una pequeña pausa.- ¿esos besos te han vuelto loca, verdad? – dijo.

-      No sucedieron, pero si. Loca de remate.- dije.

-      Ambos tienen mucho peso, el chico de ojos verdes, porque es tú llama gemela, aquel amor en que en cada vida te has ido enamorando, casando y teniendo hijos. Y Gabriel siempre ha sido un gran apoyo para ti, y ahora resulta que es algo más. ¿Qué crees que hay detrás de ello? – informó.

-      ¿Detrás? Solo veo que en unos meses cumpliré 14 años, y estoy en medio de todo. Del odio en clase, del odio de los profesores, la soledad de mis padres, y del amor de estas dos personitas dimensionales. Estoy en medio de todo, y me estoy agobiando mucho.- confesé.

-      El universo te presiona, para que te des cuenta de las cosas que te suceden y decidas qué si y qué no quieres en el camino de la vida que se te ofrece a través de la encarnación en la que te encuentras, mi amor. Esta presión, es tú cuerpo y tú alma revelándose de aquello que realmente no quieres tolerar más. – explicó Uriel.

-      No quiero más, el odio en clase, ni el de profesor. Me gustaría tener amigos.- dije.

-      ¿No te das cuenta que tú cuerpo no los quiere? Ese rechazo que sientes hacía ellos, es porque notan quién eres. El miedo les colapsa de tal forma, que se alejan porque piensan que así están seguros. – dijo Uriel.

-      ¿O sea que tienen razón, soy un bicho raro? – dije con el tono brusco.

-      Son solo puntos de vista, ¿te consideras un bicho raro? – preguntó Uriel.

Le miré pero me callé.

-      No entiendo por qué me ven tan diferente. ¿Realmente lo soy? – dije.

-      Mira los años que tienes, y mira con quién estás hablando. También fíjate, que gracias a que elegiste esto, fíjate en el mundo que puedes ver sin ninguna condición y sin ninguna excusa. Te estamos ofreciendo todo lo que somos, solo porque tú eres parte de él, parte de dios, y parte del universo. Pero lo elegiste tú misma, elegiste seguir este camino, aceptando las consecuencias que eso conllevaría, ¿no lo recuerdas? – dijo Uriel.


Me puse a pensar un momento en silencio en sus palabras, y poco a poco me fueron convenciendo. Me detuve a una esquina de la barandilla, mientras seguía pensando, pero el chico regresó.

-      ¿Por qué no quieres patinar conmigo, Laia? – preguntó indignado.

-      Ya estoy acompañada, gracias.- dije bruscamente arrugando la mente.

Se me quedó mirando arrugando la frente también, aunque miró a Uriel esperando una respuesta que no le dio.

-      He venido por ti. Te echo de menos. – dijo el chico.

-      ¿Quieres hablar?- pregunté.

-      Si. – respondió bruscamente.

-      Entonces, ¿por qué juegas conmigo?- dije enojada.

-      ¿Cómo dices? – se sorprendió el chico.

-      Tus sentimientos hacia a mi son claros, pero a la hora de la verdad… siempre hay algo que no acaba sucediendo. ¿Por qué juegas con mis sentimientos? ¿Sientes algo por mi, si o no? – dije.

Se quedó boquiabierto sin decir nada, mirando a Uriel de vez en cuando, como si la presencia de Uriel le molestara.

-      Creo que deberían hablar ustedes solos… me retiro un momento…- dijo Uriel, pero a la que intentó moverse, le agarré del brazo y le obligué a quedarse.- o mejor me quedo…- terminó algo avergonzado.

-      ¿Y bien?..- dije mirando al chico.

-      No…- susurró.

Cuando escuché la respuesta, noté un puñal en el corazón, acto seguido me fui de ahí patinando. Tenía muchas ganas de llorar, pero intentaba no darle ese placer, pero de repente alguien me agarró de la mano, tiró de mi con la mala suerte de que caí encima de él, del chico, me agarró con fuerza y nos quedamos mirándonos a los ojos hipnóticos en silencio.

 

-      Mis sentimientos son claros. No puedo dejar de pensar en ti, no puedo dejar de desear probar tus labios. No puedo vivir sin saber de ti. – dijo.

Le miré a los labios pero cuando nos íbamos a besar, él interrumpió.

-      Pero, es complicado. – dijo.

Intenté levantarme pero él no me soltaba.

-      Es complicado, porque estamos bajo un juramento, ¿no lo recuerdas? – dijo.

-      ¿Juramento? – repetí extrañada.

-      Antes de nacer, juramos esperar a que el consejo del SETHI diera visto bueno para poder dar rinda suelta a nuestro amor. Lo firmamos los dos, y prometimos que pasara lo que pasara, esperaríamos. – explicó.

No me sentía raro lo que decía, de hecho me vinieron recuerdos de golpe de él y yo firmando en pluma y tintero un contrato, ¿era eso?

Entonces me soltó, nos pusimos de pie, Uriel ayudó un poco la verdad.

-      ¿Dónde está ese Consejo? ¡Quiero hablar con ellos!- dije exigiendo.

-      Cuando vengas, te lo enseñaré. – respondió.

Acepté en ese momento nos llamaron por micrófono que teníamos que salir. Nos quitamos los patines, volvimos a ponernos los zapatos, y cuando ya estábamos fuera, él se fue por la calle san Jordi, ni nos despedimos pero sentía dentro de mí que tenía que ir detrás de él, así que lo seguimos.

Pasó por la calle San Jordi, la Pasión, Torrent i después de la rotonda que hay detrás del museo industrial del Ter… estaba oscuro, no pasaba ni el tato por la calle, cuando nos escondimos Uriel y yo en la esquina de la rotonda… cuando vimos que el chico estaba caminando por en medio de la calle, fijándose que nadie le viera, como si estuviera a punto de hacer algo que nadie podía ver.

Recuerdo que se detuvo en medio de la calzada, cerró los ojos y con la mano derecha apuntaba hacia delante de él. Vi como de repente apareció aire, y acto seguido delante de él se abrió un portal redondo de luz muy grande, tan grande que parecía de día una vez más. Al otro lado, se veía la misma calle pero algo diferente… la calzada era de adoquines en vez de alquitrán normal. Entonces, pasó ese portal y antes de que pudiéramos ir hacía él, se cerró.

La oscuridad y el frio nos volvió enseguida, mientras que estábamos atónitos a mitad de la calzada, intentando ir dónde había abierto ese portal, pero todo había desaparecido tan rápido que incluso cualquier persona pudiera haber pensado, que fuese un sueño.

-      ¿Qué ha sido eso?- dije atónita.

-      Se ha ido a casa. – respondió tan pancho Uriel.

De camino a casa, mi mente intentaba no dejarse ningún detalle, reviviéndolo en bucle. Jo-der… habíamos sido testigos de algo tan bello… y a la vez tan secreto… empezaba a pesar bastante el consejo de los ángeles que nadie tenía que saber nada, hasta que fuese seguro, porque en ese mismo instante me hubiese gustado hablarles a los demás de lo que acababa de presenciar. Pero el silencio es un precio muy caro que no se puede pagar con dinero.

-      Soy un bicho raro para los demás, pero este privilegio de poder hacer y ver todo esto, realmente esto da mucho sentido a todo. Gracias vida.- dije con mi mejor sonrisa de complicidad antes de entrar en casa y fingir que había sido un día como cualquier otro.

-      Aunque no esté prohibido por nadie, es agradable verte así. – respondió Uriel.

Pasaron dos días, después de almorzar llamé a mi prima Sofía para quedar, era el último fin de semana antes de las vacaciones navideñas. Me sabía el número de memoria de su teléfono fijo, así que lo marqué y esperé, al otro lado respondió la María Carmen, su madre, que enseguida me pasó con la Sofía.

-      ¡Hola!- dije contenta.

-      Hola.- respondió ella más apática.

-      Em… ¿Tienes planes para esta tarde?- pregunté.

-      No, lo siento, pero no puedo quedar hoy… tengo mucha tarea de matemáticas…- dijo.

-      Oh,… ¿no saldrás ni una hora ni nada?- dije.

-      No, no, lo siento.- dijo.

-      Bueno, ok.- dije.

Ella dijo adiós y colgó el teléfono enseguida. La verdad es que me tocó un poco, porque siempre no había ningún problema, pero lo comprendí y me adapté. Así que me acordé que tenía que ir a comprar el regalo del amigo invisible esa tarde, podría aprovechar ya que no tenía ningún plan más.

Hacía las siete de la tarde, decidí salir de casa e irme a la plaza de abajo, mientras de camino iba pensando en la obligación que me habían metido mis compañeros de clase. No lo entendía, me odiaban y además se empeñaron junto con la tutora en celebrar el famoso amigo invisible.

-      ¡De verdad… además les tengo que hacer un regalito!- me quejé.

-      ¡Qué tradiciones más falsas tienen los humanos! – comentó Uriel.

-      Y que lo digas.- respondí.

En la plaza había una tienda (que ya no está) llamada PAPERS, allí era fantástico para regalos invisibles, porque eran baratos y muy bonitos. Me costó un poco elegir, porque además no conocía bien a la persona que me había tocado (diría quién me tocó, pero no lo recuerdo), al final creo que compré un peluche chiquitín de 5€ y ala…

Al salir, había mucha gente patinando, así que me acerqué a la pista por la zona de la Ludoteca, que habían hecho un pasillo con tablones de madera. En ese momento escucho gritos de un grupo de chicas y chicos a mi izquierda, cuando giré la cabeza para mirar qué ocurría, me quedé quieta, en shock completa, al ver a mi prima Sofía con sus amigos y amigas de clase, gritando de alegría por algunos amigos que estaban patinando dentro de la pista. 

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