viernes, febrero 06, 2026

El Espejo De Mí Vida - Capítulo 227 [3T]

 

Él no iba con nadie, estaba solo, así que decidí mejor quedarme con Uriel, porque no sabía cómo lidiar con la situación. Además la última vez que nos vimos durante la fiesta en Ávalon, casi nos íbamos a besar y esa sensación de sentir que quiero besarle y él también, pero no lo hace porque aún ve que no es el momento, me dolió más.

Quería fingir que era producto de mi imaginación, aunque verlo y saber que realmente estaba ahí me dolía tanto, que fingir anestesiaba un poco mis sentimientos.

-      ¡Estoy hecha un lío, Dary!- dije.

Uriel prestó atención.

-      Por un lado, estoy enamorada de Gabriel, y por el otro, estoy enamorada del chico de ojos verdes. ¡No sé qué hacer! Por qué además, ambos dicen lo mismo, <aún no estamos preparados> pero yo me muero por los dos… ¿Por qué todo es tan complicado? Y lo más difícil de todo, ambos viven en otra dimensión, ¿por qué me duele tanto?- confesé.

-      Ya veo. – dijo haciendo una pequeña pausa.- ¿esos besos te han vuelto loca, verdad? – dijo.

-      No sucedieron, pero si. Loca de remate.- dije.

-      Ambos tienen mucho peso, el chico de ojos verdes, porque es tú llama gemela, aquel amor en que en cada vida te has ido enamorando, casando y teniendo hijos. Y Gabriel siempre ha sido un gran apoyo para ti, y ahora resulta que es algo más. ¿Qué crees que hay detrás de ello? – informó.

-      ¿Detrás? Solo veo que en unos meses cumpliré 14 años, y estoy en medio de todo. Del odio en clase, del odio de los profesores, la soledad de mis padres, y del amor de estas dos personitas dimensionales. Estoy en medio de todo, y me estoy agobiando mucho.- confesé.

-      El universo te presiona, para que te des cuenta de las cosas que te suceden y decidas qué si y qué no quieres en el camino de la vida que se te ofrece a través de la encarnación en la que te encuentras, mi amor. Esta presión, es tú cuerpo y tú alma revelándose de aquello que realmente no quieres tolerar más. – explicó Uriel.

-      No quiero más, el odio en clase, ni el de profesor. Me gustaría tener amigos.- dije.

-      ¿No te das cuenta que tú cuerpo no los quiere? Ese rechazo que sientes hacía ellos, es porque notan quién eres. El miedo les colapsa de tal forma, que se alejan porque piensan que así están seguros. – dijo Uriel.

-      ¿O sea que tienen razón, soy un bicho raro? – dije con el tono brusco.

-      Son solo puntos de vista, ¿te consideras un bicho raro? – preguntó Uriel.

Le miré pero me callé.

-      No entiendo por qué me ven tan diferente. ¿Realmente lo soy? – dije.

-      Mira los años que tienes, y mira con quién estás hablando. También fíjate, que gracias a que elegiste esto, fíjate en el mundo que puedes ver sin ninguna condición y sin ninguna excusa. Te estamos ofreciendo todo lo que somos, solo porque tú eres parte de él, parte de dios, y parte del universo. Pero lo elegiste tú misma, elegiste seguir este camino, aceptando las consecuencias que eso conllevaría, ¿no lo recuerdas? – dijo Uriel.


Me puse a pensar un momento en silencio en sus palabras, y poco a poco me fueron convenciendo. Me detuve a una esquina de la barandilla, mientras seguía pensando, pero el chico regresó.

-      ¿Por qué no quieres patinar conmigo, Laia? – preguntó indignado.

-      Ya estoy acompañada, gracias.- dije bruscamente arrugando la mente.

Se me quedó mirando arrugando la frente también, aunque miró a Uriel esperando una respuesta que no le dio.

-      He venido por ti. Te echo de menos. – dijo el chico.

-      ¿Quieres hablar?- pregunté.

-      Si. – respondió bruscamente.

-      Entonces, ¿por qué juegas conmigo?- dije enojada.

-      ¿Cómo dices? – se sorprendió el chico.

-      Tus sentimientos hacia a mi son claros, pero a la hora de la verdad… siempre hay algo que no acaba sucediendo. ¿Por qué juegas con mis sentimientos? ¿Sientes algo por mi, si o no? – dije.

Se quedó boquiabierto sin decir nada, mirando a Uriel de vez en cuando, como si la presencia de Uriel le molestara.

-      Creo que deberían hablar ustedes solos… me retiro un momento…- dijo Uriel, pero a la que intentó moverse, le agarré del brazo y le obligué a quedarse.- o mejor me quedo…- terminó algo avergonzado.

-      ¿Y bien?..- dije mirando al chico.

-      No…- susurró.

Cuando escuché la respuesta, noté un puñal en el corazón, acto seguido me fui de ahí patinando. Tenía muchas ganas de llorar, pero intentaba no darle ese placer, pero de repente alguien me agarró de la mano, tiró de mi con la mala suerte de que caí encima de él, del chico, me agarró con fuerza y nos quedamos mirándonos a los ojos hipnóticos en silencio.

 

-      Mis sentimientos son claros. No puedo dejar de pensar en ti, no puedo dejar de desear probar tus labios. No puedo vivir sin saber de ti. – dijo.

Le miré a los labios pero cuando nos íbamos a besar, él interrumpió.

-      Pero, es complicado. – dijo.

Intenté levantarme pero él no me soltaba.

-      Es complicado, porque estamos bajo un juramento, ¿no lo recuerdas? – dijo.

-      ¿Juramento? – repetí extrañada.

-      Antes de nacer, juramos esperar a que el consejo del SETHI diera visto bueno para poder dar rinda suelta a nuestro amor. Lo firmamos los dos, y prometimos que pasara lo que pasara, esperaríamos. – explicó.

No me sentía raro lo que decía, de hecho me vinieron recuerdos de golpe de él y yo firmando en pluma y tintero un contrato, ¿era eso?

Entonces me soltó, nos pusimos de pie, Uriel ayudó un poco la verdad.

-      ¿Dónde está ese Consejo? ¡Quiero hablar con ellos!- dije exigiendo.

-      Cuando vengas, te lo enseñaré. – respondió.

Acepté en ese momento nos llamaron por micrófono que teníamos que salir. Nos quitamos los patines, volvimos a ponernos los zapatos, y cuando ya estábamos fuera, él se fue por la calle san Jordi, ni nos despedimos pero sentía dentro de mí que tenía que ir detrás de él, así que lo seguimos.

Pasó por la calle San Jordi, la Pasión, Torrent i después de la rotonda que hay detrás del museo industrial del Ter… estaba oscuro, no pasaba ni el tato por la calle, cuando nos escondimos Uriel y yo en la esquina de la rotonda… cuando vimos que el chico estaba caminando por en medio de la calle, fijándose que nadie le viera, como si estuviera a punto de hacer algo que nadie podía ver.

Recuerdo que se detuvo en medio de la calzada, cerró los ojos y con la mano derecha apuntaba hacia delante de él. Vi como de repente apareció aire, y acto seguido delante de él se abrió un portal redondo de luz muy grande, tan grande que parecía de día una vez más. Al otro lado, se veía la misma calle pero algo diferente… la calzada era de adoquines en vez de alquitrán normal. Entonces, pasó ese portal y antes de que pudiéramos ir hacía él, se cerró.

La oscuridad y el frio nos volvió enseguida, mientras que estábamos atónitos a mitad de la calzada, intentando ir dónde había abierto ese portal, pero todo había desaparecido tan rápido que incluso cualquier persona pudiera haber pensado, que fuese un sueño.

-      ¿Qué ha sido eso?- dije atónita.

-      Se ha ido a casa. – respondió tan pancho Uriel.

De camino a casa, mi mente intentaba no dejarse ningún detalle, reviviéndolo en bucle. Jo-der… habíamos sido testigos de algo tan bello… y a la vez tan secreto… empezaba a pesar bastante el consejo de los ángeles que nadie tenía que saber nada, hasta que fuese seguro, porque en ese mismo instante me hubiese gustado hablarles a los demás de lo que acababa de presenciar. Pero el silencio es un precio muy caro que no se puede pagar con dinero.

-      Soy un bicho raro para los demás, pero este privilegio de poder hacer y ver todo esto, realmente esto da mucho sentido a todo. Gracias vida.- dije con mi mejor sonrisa de complicidad antes de entrar en casa y fingir que había sido un día como cualquier otro.

-      Aunque no esté prohibido por nadie, es agradable verte así. – respondió Uriel.

Pasaron dos días, después de almorzar llamé a mi prima Sofía para quedar, era el último fin de semana antes de las vacaciones navideñas. Me sabía el número de memoria de su teléfono fijo, así que lo marqué y esperé, al otro lado respondió la María Carmen, su madre, que enseguida me pasó con la Sofía.

-      ¡Hola!- dije contenta.

-      Hola.- respondió ella más apática.

-      Em… ¿Tienes planes para esta tarde?- pregunté.

-      No, lo siento, pero no puedo quedar hoy… tengo mucha tarea de matemáticas…- dijo.

-      Oh,… ¿no saldrás ni una hora ni nada?- dije.

-      No, no, lo siento.- dijo.

-      Bueno, ok.- dije.

Ella dijo adiós y colgó el teléfono enseguida. La verdad es que me tocó un poco, porque siempre no había ningún problema, pero lo comprendí y me adapté. Así que me acordé que tenía que ir a comprar el regalo del amigo invisible esa tarde, podría aprovechar ya que no tenía ningún plan más.

Hacía las siete de la tarde, decidí salir de casa e irme a la plaza de abajo, mientras de camino iba pensando en la obligación que me habían metido mis compañeros de clase. No lo entendía, me odiaban y además se empeñaron junto con la tutora en celebrar el famoso amigo invisible.

-      ¡De verdad… además les tengo que hacer un regalito!- me quejé.

-      ¡Qué tradiciones más falsas tienen los humanos! – comentó Uriel.

-      Y que lo digas.- respondí.

En la plaza había una tienda (que ya no está) llamada PAPERS, allí era fantástico para regalos invisibles, porque eran baratos y muy bonitos. Me costó un poco elegir, porque además no conocía bien a la persona que me había tocado (diría quién me tocó, pero no lo recuerdo), al final creo que compré un peluche chiquitín de 5€ y ala…

Al salir, había mucha gente patinando, así que me acerqué a la pista por la zona de la Ludoteca, que habían hecho un pasillo con tablones de madera. En ese momento escucho gritos de un grupo de chicas y chicos a mi izquierda, cuando giré la cabeza para mirar qué ocurría, me quedé quieta, en shock completa, al ver a mi prima Sofía con sus amigos y amigas de clase, gritando de alegría por algunos amigos que estaban patinando dentro de la pista. 

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miércoles, enero 21, 2026

El Espejo De Mi Vida - Capítulo 226 [3T]

 

-      Te cuento más sobre los universos paralelos, si me respondes a una pregunta, amor…- dijo Uriel interesado y cotilla como lo suele ser.

Le miré atenta a su pregunta.

-      Dime la verdad, ¿te gusta? – dijo Uriel.

Resoplé y hundí la cabeza entre mis rodillas, noté su mano en la nuca y sus risas de que había dado en el clavo.

-      ¡Si, pero es que tengo un problema, Dary! – dije.

-      Dime. – Respondió.

-      También me gusta Gabriel.- confesé con los ojos de cachorrito, como si fuera imposible de elegir.

Uriel se emocionó y se puso a reír un momento.

-      ¡No tiene gracia, Dary! Lo paso mal… no tengo ni 14 años, y ¿siento amor por dos muchachos que viven en otra dimensión? ¡Ay,…!- me quejé.

-      Tampoco está tan mal, siempre has tenido buen gusto para los hombres, amor. – Me animó.

-      Eso tampoco ayuda, Dary.- le miré.

-      Me refiero a que son bellísimos seres de luz, sé que te cuidarán siempre. – dijo.

-      ¿Conoces al profesor en persona?- le pregunté frunciendo el ceño.

-      No especialmente, pero me han dicho cosas muy buenas sobre él. – respondió.

-      ¿Quién?- la curiosidad me mataba por dentro.

-      Gabriel. – dijo.

Me quedé en silencio. ¿Cómo?

-      Mira, ya llegó el metro. – dijo y nos levantamos a esperarlo a que se parara y entramos.

Gabriel apareció por la mañana en la habitación, cuando ya el domingo se había convertido ya en un mísero recuerdo, y tocaba volver a la tortura, al colegio. Esa mañana mí padre entró en la habitación para despertarme pero ya lo estaba, casi no había podido pegar ojo. Me preparé, me tomé el cola-cao y con la compañía de Gabriel y Uriel en silencio nos fuimos hacía a la Salle.


El frío de Noviembre ya se te metía en los huesos, imaginaba poder volver a la cama a soñar, pero era algo imposible. Noté como Gabriel me abrazaba con su brazo por mí cintura, pero hice un gesto y él se quitó enseguida, intenté ignorar su reacción, aunque de reojo notaba que me miraba frunciendo el ceño. Entonces me agarró del guante, pero quité la mano.

-      ¿Qué te pasa, mi amor? – preguntó molesto.

No le respondí.

Subiendo al primer piso dirección a la clase de tortura, de nuevo como cada mañana me entraba en el estómago unos nervios que parecían espadas clavadas en el esófago. Justo antes de llamar a la puerta porque ya la habían cerrado, respiré hondo y me entré de valor para enfrentarme al famoso paseíto que odiaba todos los días. Acababan de cerrar la puerta cuando entraba al pasillo, no era que iba mal de hora, me abrieron, entré cerré la puerta y el silencio se hizo, entre risitas muy molestas, me fui a mí silla, dejé la mochila, me quité la chaqueta y la llevé al perchero, y luego fui a la taquilla a buscar los libros del día.

-      ¡Qué molesto es esto! – gritaba Gabriel a la clase, pero solo los ángeles de los humanos les escuchaban, entre los demonios que traían pegados que se reían descaradamente.

-      ¿No tienen mejor otra cosa que hacer que tenerlas con nuestra protegida o qué? – dijo Uriel defendiéndome.

Cerré la puerta de la taquilla con fuerza que casi la hago giratoria, de tal forma que todos se quedaron asombrados en silencio, regresé a mi silla y me senté. Estaba avergonzada por lo que decían los ángeles, yo intentaba hacer como si nada y ellos no callaban.

Ni se imaginan lo que era ver a todos los compañeros envueltos de demonios y ángeles, y en vez de hacer caso a la luz les hacía caso a los demonios que tenían cada vez más y más fuerza. Y la tutora la Dolores, ella llevaba cinco demonios enganchados, pero su ángel ya ni lo veía, y me preguntaba ¿lo tenía?

No podía hacer nada, ni luchar contra los demonios, ni hablar de ellos ante los humanos, había acordado mantener un perfil bajo ante el universo hasta que fuese seguro.

En ese momento se me cayó en el suelo el lápiz, me agaché para agarrarlo, y entonces veo que mi chaqueta naranja que llevaba en ese tiempo, y que apenas hacía cinco minutos que lo había dejado en el perchero, estaba en el suelo, pataleada y sucia de pelusillas. Mi abuela se quejaba de que llevaba la chaqueta muy sucia y la tutora también, pero ¿nadie se fijaba en lo que hacían?

Volví a levantarme, la agarré, escuché las risas de Nil, Guillermo, Aleix, Arnau, Gerard, Eloy,… risas malvadas, les miré enojadísima.

-      ¡DEJEN DE PATALEAR MI CHAQUETA! ¿ENTENDIERON? – grité.

Se pusieron a reír, mientras que jugaban delante de mí a que la chaqueta quién la tocaba tenía la peste. En ese momento no pude más, agarré las chaquetas que había alrededor apartadas de la mía que eran las suyas, y las tiré todas al suelo y las empecé a patalear.

Se quejaron, la tutora se enteró y ¿a qué no adivinan a quién le echaron la bronca? ¡A MÍ y a ellos NADA!

-      ¡SE VAN A ENTERAR…!- dije mientras que iba a por ellos a darles de hostias hasta al DNI, pero Uriel y Gabriel me agarraron y me apartaron de ahí de inmediato.

Gabriel para calmarme me agarró de las mejillas para que le mirase a los ojos, y al hacerlo me calmé, me senté e intenté empezar la clase de una vez.

En el cambio de hora, agarré la chaqueta y la puse en la silla, pero luego entró el profesor y a mitad de clase, me obligó a ponerla al fondo en los percheros. ¡Cojones!

Más cosas que me sobrepasaban de ir a esa clase, a la hora del patio, no sé qué pasaba, pero cada vez que salía por la puerta y cruzaba el campo para ir a la zona de Voleyball. Lo que pudiera haber sido un accidente la prime vez, se volvió recurrente, chutar la pelota en mi cara. Cuando pasó la primera vez, pensé < ¡vaya… qué mala suerte!>, pero cuando pasaba todas las mañanas de clase, allí si que me cagué en todo lo que podía y lo que no también… Eso provocó que mis gafas sufrieran tanto que acabaron torcidas ya siendo imposible de ponerlas bien.

Un jueves por la tarde, a las seis más o menos a principios de diciembre, decidí ir a casa dejar la mochila, agarrar los guantes y cinco euros que tenía ahorrados en la billetera, para irme con Uriel a patinar en la pista de hielo él y yo a solas. Era genial, porque como aún estábamos en clase, es decir que aún no habíamos terminado y llegado en las vacaciones de Navidad, a esa hora no había ni el tato patinando, a pesar que en 2026 la pista es mucho más grande, antes al ser más pequeña se llenaba enseguida.

Le entregué el billete de cinco euros al señor de la taquilla, me dio un papel, y me fui a la zona de los patines, le di el papel a la chica que atendía…

-      ¿Qué número?- dijo la chica.

-      40, por favor.- respondí.

De pie hacía 39 y de costumbre hay que pedir un número más. Agarré los patines, me fui a un banco a ponérmelos, y luego de volver a ponerme los guantes, agarré el mismo papel y se lo di a la otra chica que estaba vigilando la entrada de la pista, y entonces empecé a patinar. ¡Qué gusto y qué alegría!

A pesar de no tener amigos, intentaba disfrutar esos momentos con Uriel, le agarraba de la mano y nos poníamos a deslizar las patas de lado a lado, divirtiéndonos como dos niños. Fueron momentos inolvidables, la verdad, hablábamos de nuestras cosas, lo sé la gente me veía que hablaba sola, pero lo intentaba disimular un poco en ese tiempo, pero eso me regresó la sonrisa de una adolescente intentando comprender la vida compleja que se había vuelto sin saber por qué… ¡Fui feliz!

-      Después de las fiestas, haré mi primer viaje al otro universo.- le dije.

-      ¿Estás nerviosa?- preguntó Uriel.

-      En realidad debería estarlo, pero algo me dice que no tengo por qué…- dije riéndome de mí misma.

-      ¿Lo estuviste la primera vez que viajamos a Agartha? – preguntó Uriel.

-      No, confié tanto que me dejé llevar.- dije.

-      ¿Ves? Eso es porque tu alma lo recuerda.- respondió Uriel.

-      ¿Ya he estado allí?- pregunté.

Uriel dijo que si con la cabeza. Pero en ese momento, alguien se detiene delante de mi tan brusco que sin querer, acabo frenándome con él.

-      ¡Uy!- dije…

-      ¡Perdona, no quería hacerlo brusco!... – dijo.

En ese momento le miré a la cara, le quería decir algo, pero me quedé en blanco. ¡Hostias, no podía ser!

-      ¿Tú?- dije sorprendida.

-      Si. Hola Laia.- dijo con su sonrisa más bella.

El chico de ojos verdes, pero dos años más mayor.

-      ¿Quieres patinar conmigo?- preguntó.

Tardé en contestarle, me venían tantas cosas a la mente, que al final rechacé su oferta.

-      ¡Vamos, Dary!- le dije agarrándole la mano a Uriel mientras esquivaba al chico.

El chico se quedó mirándome, pero siguió patinando detrás.

-      ¿Por qué no le acompañas?- dijo Uriel.

-      No. Es que me da vergüenza.- le dije.

-      ¿De qué? – dijo Uriel.

-      ¿Y si no está aquí realmente?- dije.

Uriel se puso a reír.

-      ¡No hace gracia! Hablábamos de él y de repente ¿aparece?- dije.

-      Todo está conectado, mi amor. – respondió Uriel.

-      ¿Es que acaso vivo en una telenovela o qué? – comenté.

Uriel volvió a reír.

-      ¿Está aquí o no?- pregunté y al ver mi cara de seria Uriel dejó de reír, le miró y al verme dijo que si con la cabeza.

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martes, diciembre 30, 2025

El Espejo De Mí Vida - Capítulo 225 [3T]

 

Nos pusimos a bailar junto a los demás amigos del grupo, y mientras que la alegría regresaba a mi SER como si nunca se hubiera ido, de reojo lo vi. Vi al chico de ojos verdes que estaba cerca de la barra sin quitarme la vista de encima. Pero le agarré la mano a Marco y le obligué a dar una vuelta sobre su mismo eje, y él hizo lo mismo, pero me obligó a dar varias vueltas, después nuestras manos se soltaron y caí encima del pecho de alguien.

-      ¡Ay, perdón!- dije.

Me agarró por la cintura con fuerza, entrelazó sus dedos, y yo levanté la mirada y allí estaba el chico de ojos verdes, mirándome con su sonrisa y sus ojos que me veía reflejada en un colchón de amor que jamás pude imaginar que podría sentir.

No nos dijimos nada por segundos, pero él empezó a bailar y yo simplemente le seguí, sus rulos castaños le llegaban hasta las orejas, ¡Era tan hermoso!

Por la música no podíamos hablar bien, así que él se abalanzó hacía a mí, notaba el roce de sus labios en mi oreja derecha, que agradable se sentía.

-      Ven conmigo.- susurró.

Me agarró de la mano, me miró y yo simplemente le seguí, nos fuimos de la fiesta y llegamos al patio grande dónde había un gigantesco bosque de los Sistemas de Agartha. Él se quitó su capa y me la puso en los hombros, nos quedamos sentados en unas rocas al lado de una pequeña cabañita de rocas medio destruida.

-      Tenemos que hablar, Lady.- dijo él.

-      ¿Sobre qué?- estaba interesada en él.

-      Después de Navidad, me mudo.- dijo.

Alcé las cejas pero no respondí.

-      Me han ofrecido una nueva misión y tengo que irme a vivir al universo paralelo. – dijo.

-      ¿Te vas de Ávalon?- pregunté.

-      Si. Mí materia se va a encargar Merlín hasta que encuentre otro profesor. Esta misión si sale bien, será muy importante. – explicó.

El corazón empezó a sentir como se destruía, dolía tanto.

-      No te pongas triste, porque en esta misión, tú también te vienes conmigo. – dijo.

-      ¿Ah si? Pero soy menor… - me lo pensé.- ¡Cuenta conmigo!- dije.

-      Espera, tú no te vas a mudar, pero vas a viajar y hacer la misión conmigo allí, pero todas las noches regresarás a tú casa con tus padres. Es lo correcto. – dijo.

-      ¡No…! Quiero ir contigo…- dije quejándome.

-      Si vienes conmigo van a pensar que te han secuestrado, porque no es ir a dar una vuelta, es irte conmigo a otro universo paralelo. Ni la policía te podrá encontrar, lady. – explicó.

-      ¡Da igual! Pero no me obligues a seguir en el colegio…- me quejé.

-      Viajarás tres días por semana conmigo, te perderás un día de clase en Ávalon, pero no pasa nada, te impartiré la materia yo mismo, y así te podrás presentar a los exámenes sin problemas. – Explicó.

Acepté sin rechistar, pero tenía que seguir yendo al colegio de la superficie… ¡Qué tortura y tan solo estábamos en Noviembre!

-     


¿Cómo iremos al universo paralelo?- pregunté curiosa.

-      Viajarás con Uriel, yo te esperaré en el Versus II. – respondió.

-      ¿En el qué?- repetí.

-      Versus II, es el universo paralelo nº2 es el que está más cerca de este en el que estamos.- explicó el chico.

Le miré a los ojos preguntándome ¿y en qué universo estamos?

-      Ahora vivimos en el Versus I.- respondió mis pensamientos.

-      Ah… ¿Están contados?- dije.

-      Si, dónde no encontramos hay siete diferentes a nuestro alrededor, pero eso ya te lo explicaré en otra ocasión.- dijo.

Íbamos para regresar a la fiesta, pero nos pusimos a hablar de otras cosas, y el tiempo fue pasando.

-      ¿Te puedo hacer una pregunta personal? – preguntó el chico.

-      ¿Sobre qué?- respondí.

-      De hecho, me gustaría hacerte una petición, si me lo permites…- dijo.

Le miré arqueé las cejas curiosa, pero al ver que estaba algo tímido, vi que la pregunta era bastante personal.

-      ¿Qué petición?- pregunté.

-      En cada vida he sido el primero en probar tus labios, y me pregunto si… - le corté.

-      Aún no tienen dueño, chico.- le dije sonriendo picarona.

-      Espero mantener la tradición contigo. Aunque tengamos que esperar. – dijo.

De repente me vino a la memoria Gabriel, me puse triste, ambos querían lo mismo de mí, ser el dueño de mis labios.

-      Pero… sino te das prisa…- le dije.

Me miró arrugando la frente, su rostro dejó de ser amable.

-      ¿Hay otro? – preguntó.

Dije que si con la cabeza. Pero él de repente caminó y me dejó allí sola, me fui detrás de él. Regresamos a la fiesta pero él no quiso estar conmigo, entonces se acercó Marco.

-      ¿Todo bien?- preguntó.

-      Creo que la he cagado…- susurré pero con la música no lo escuchó.

Marco me agarró de la mano, vi como el chico nos miraba, vio la mano y su rostro se puso aún más oscuro, yo retiré la mano y me fui de la fiesta. Tenía muchas ganas de llorar, ¿le había roto el corazón con darle prisa? ¿Cómo iba a entender que Gabriel también quiere lo mismo? ¿Y yo qué? Tenía el corazón dividido… enamorada de los dos, con 14 años, un doble romance que no podía contar a nadie…

La noche estaba estrellada en el patio de delante de Ávalon, solo se escuchaba la pequeña brisa que chocaba con las hojas de los grandes árboles. Caminé sin rumbo, pero con muchas ganas de llorar, al final me apoyé en el tronco de un árbol hundí la cabeza entre mis brazos y lloré dando golpes al tronco.

Entonces noté alguien detrás de mí, colocó sus manos en mi cadera y me obligó a girarme, en cuanto lo vi, fue él, el chico que me miraba directamente a los ojos. Entre mis sollozos intenté respirar con normalidad, pero nadie decía nada, nos quedamos mirándonos, y de repente él se abalanzó hacía mí, toqué la espalda al tronco del árbol, con la yema de los dedos secó una de mis lágrimas, mis brazos fueron automáticamente alrededor de su cuello, notando todo su pecho enganchado al mío.

-      No pienso renunciar a ti, esperaré lo que haga falta. Haré mí camino en solitario si debo y puedo tenerte cuando estés lista, amor. Pero cuando estés lista, te cuidaré y me permitiré amarte porque lo que siento por ti, es tan grande para que lo tengas como obsequio de que tú alma y la mía son una en el universo. Te esperaré, chiquilla. – confesó el chico mirándome a los ojos y a veces se desviaban a mis labios, yo también deseaba que me besara, pero no ocurrió.

Se alejó, me dio un beso en los nudillos de la mano derecha, lo sentí en lo más profundo de mi alma. Entonces, me acompañó al metro, quería irme a casa.

En el metro no había casi nadie que conociera de vista, el Chico no quiso acompañarme, tampoco lo quería, necesitaba estar sola y pensar. Aprovechando la linia y el silencio que había en el vagón, empecé a divagar en las palabras que había dicho, solo repetía una y otra vez en bucle <vas a venir conmigo de misión al otro universo>.

Me vinieron algunas imágenes que pensé que eran imaginación, pero en ese momento pensé que quizás ya había estado ahí, aunque aún no lo recordaba. Para una niña, semiadolescente o semi-mujer que vive entre dos dimensiones, era complicado aceptar que también existía la posibilidad de visitar otros universos. Algo que la humanidad aún lo está teorizando y yo, ¿lo iba a practicar en poco tiempo?

Tenía tantas preguntas, que la cabeza simplemente divagó y divagó hasta que llegué en París. Bajé del metro y enseguida me fui al siguiente, con la sorpresa de que me encontré a Uriel que me estaba esperando, le di un abrazo de aquellos que a veces dos amigos del alma necesitan.

-      Ya veo que algo ha pasado, ¿me lo cuentas o me dejas que lo adivine? – dijo gracioso.

-      ¿Has viajado al otro universo?- pregunté.

Uriel sonrió, me aferré a su mano y caminamos hacía el siguiente andén para quedarnos a esperar el metro hacía nuestro destino definitivo, Manlleu.

-      El mundo en el que vives, es tan solo la cabeza de un alfiler, comparado con la cantidad de dimensiones, distorsiones del tiempo-espacio y universos que hay a nuestro alrededor. – dijo.

Por mi cara de asombro él decidió hacer una pausa aunque por mí cara le resultó graciosa.

-      ¡Tanto hay!- dije asombrada.

-      Y mucho más que yo ni he conocido. – añadió.

-      El Chico de ojos verdes, deja de ser profesor en Ávalon porque se va de misión.- dije algo triste que Uriel notó enseguida.

-      Oh, no te preocupes… ¡Volverá! – me animó Uriel.

-      No, no es eso. Me ha pedido que viaje con él algunos días de la semana.- le dije.

Uriel arrugó la frente, nos sentamos a esperar el metro, fue el tiempo perfecto que aprovechó para sacar sus anillos y mirar la agenda.

-      No se me ha informado de ello, pero si, está puesto en tú agenda, mira. – dijo mostrándomelo.

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El Espejo De Mí Vida - Capítulo 227 [3T]

  Él no iba con nadie, estaba solo, así que decidí mejor quedarme con Uriel, porque no sabía cómo lidiar con la situación. Además la últim...