miércoles, febrero 11, 2026

El Espejo De Mí Vida - Capítulo 228 [3T]

 

Noté el puñal atravesándome el corazón. Sangre de mi sangre, también me estaba engañando, ¡no lo podía creer!

-      Dary… ¿me puedes explicar esto?- le dije señalando con una mano.

Él miró y cuando la vio, se le cambió la cara a sorpresa, al mirarme simplemente me abrazó.

-      ¡Lo siento mucho, mi amor! – dijo.

-      Ella, ¿me ha engañado? ¡También ella lo ha hecho! – dije.

Cómo había tanto ruido entre la gente pasando y la música de la pista, no me escuchaba nadie, excepto Uriel.

-      Si, también lo ha hecho. ¿Cómo te sientes? – preguntó Uriel.

-      Con ganas de montarle un numerito o de darle guantazos delante de sus amigos… pero creo que es mejor que me lleves fuera de aquí, porque no respondo. – dije.

Uriel me agarró de la mano y me arrastró hacia las escaleras antes de que pasase un accidente más grave. Estuve tan en shock que simplemente acepté lo que ya era inevitable, me había quedado oficialmente sin amigos. Ni la familia me podía sacar de ese estatus.

La soledad había ganado la batalla, me había apartado de aquellos que se suponía no debían dejarme ir, pero allí estaba, sola ante todo. Si el universo había permitido todo eso, tenía un plan perverso para mí ya programado, por los cuales no estuve informada a tiempo para evitarlo. Así pensaba, que la soledad era el enemigo y que por su culpa, ahora entraría de lleno en lo que jamás había hecho y siempre lograba escapar, conocerme a mí misma a fondo.

Si se me daba mal hacer amigos, imagínense intentar conocerme. Lo peor de esa situación no era estar solo, sino que la gente se aprovechaba de ello y se reían, porque la Laia siempre se “auto-marginaba”. No había ni una pizca de empatía por ningún lado, y eso dolía tanto, señores, tanto que si llegaba al final del día sin llorar, era un pequeño logro.

Convivir conmigo misma fue lo más aterrador que tuve que hacer, sobretodo al principio, porque me daba miedo mi propio silencio.

Al día siguiente decidí volver a llamarla, para ver si me daría una explicación. En un caso hipotético que quizás le llamó un compañero de clase y la acabó engañando para salir un ratito y yo simplemente lo estaba interpretando mal. Quería sentir que me estaba equivocando para elidir la soledad ganando esa batalla, pero…

-      Hola. – dijo muy seca.

-      Hola. ¿Cómo vas?- le dije.

-      Bien.- dijo.

-      ¿Tienes algo que contarme?- le dije.

-      ¿De qué?- respondió.

-      No sé… ¿qué tal la tarea de matemáticas?- dije.

-      Puf… tengo mucho todavía, tampoco puedo quedar.- se excusó.

-      Ah… ¿o sea que tienes que volver a estudiar y calcular el área del cuadrado?- dije ya irónica.

-      ¿Del qué? No hago geometría, estoy con ecuaciones de segundo grado.- dijo

-      Ah… pues no entiendo qué hacías ayer por las siete de la tarde en la plaza con tus amigos, cuando dijiste que te pasarías el finde haciendo mates…- le dije directamente.

Entró un silencio bastante impactante.

-      ¿Cómo sabes eso?- preguntó algo más brusca.

-      Te vi. – respondí.

-      ¿Me seguiste?- dijo.

-      ¡No, no…! Salí de comprar en una tienda y te encontré.- le confesé.

-      Ah.- dijo.

Otro silencio. Pensaba que me pediría perdón o una explicación, pero tardaba.

-      Entonces,… - dije.

-      ¿Qué?- dijo.

-      No sé… creo que me debes una explicación, ¿no?- dije.

-      ¿Por qué?- dijo.

-      ¿Cómo que por qué? Me has mentido. – dije ya tocada emocionalmente.

Otro silencio.

-      ¿No piensas decir nada, aunque sea una excusa barata?- le dije.

-      No.- respondió.

-      Ok. Ya entendí el mensaje. Mira, que te vaya bien la vida Sofía, creo que es mejor que cada una tome su camino por separado. – le dije.

-      Vale.- respondió y me colgó.

Nunca recibí una explicación, y eso me dolió muchísimo. Tras la llamada, me fui al cuarto, me tumbé en la cama y me puse a llorar, Uriel y Gabriel se sentaron en la cama a consolarme. Esa fue la última vez que tuve su número de teléfono memorizado en mi cabeza, a partir de ese momento la amistad de primas de uña y carne se había roto para siempre.

A partir de esa noche, empecé a tener pesadillas.

De nuevo volvía a preguntarme ¿por qué la gente me odiaba tanto? ¿Era tan diferente a ellos que ni me permitían estar a su lado? Todo el tiempo rodeada por la soledad, hablando solo con mis angelitos divinos, e ignorada por los humanos, esas criaturas que se creen lo mejor del mundo, pero la verdad es que a mí me hicieron sentir que ni merecía haber nacido.


Mantener la positividad ante dicha situación, se complicaba por momentos. Los únicos que podría agradecer poder estar a su lado, eran mis padres, mi abuela y el tiet Josep… pero claro eran familia, por obligación debían aceptarme. Yo no niego que me aferré a ellos, aunque fuese a un clavo ardiente, era lo único que tenía en mano, ¿qué quisieran que hiciese deprimirme? Tarde… ya lo estaba, pero intentaba ser positiva aunque costase el día entero fingir o aceptar compañía que ni fu ni fa.

Durante el último día de clase antes las vacaciones de Navidad, hicimos un desayuno improvisado, además de repartir los regalos del amigo invisible. El mío le tocó hacer la Nieves… y realmente me ofendió mucho. Me regaló dos velas perfumadas redondas de color rosa.

-      ¡Que coño…!- susurré mirándolas.

-      ¡Qué ofensiva, por dios! ¿Quién ha sido? – dijo Gabriel enojado mirando a la multitud.

-      La Nieves. – respondió Uriel.

Gabriel se puso de rodillas, aprovechando que todos estábamos sentados en el suelo, mirando a la Nieves directamente.

-      ¿Eh tú, a santo de qué le haces esta mierda de regalo a mi Laia, eh? ¿Qué pasa que has sido tú quién escampó el rumor de que no se baña, o qué? – dijo Gabriel a gritos.

-      ¡Mi protegida no ha sido! – respondió el ángel guardián de la Nieves.

-      ¿Cómo qué no? ¿Y entonces, qué puedes interpretar de esta mierda, eh? – siguió Gabriel.

-      Mi protegida no la conoce bien a la tuya… - respondió el ángel de la Nieves.

-      ¡Más le vale no acercarse! – gritó amenazante Gabriel.

-      Ya basta, Gab.- dije susurré un poco más alto, aprovechando que habían gritos de alegría porque se había abierto otro regalo de otro compañero.

Gabriel me miró con los ojos inyectados en sangre y su cara arrugada de enojo, cruzó los brazos, resopló y se quedó callado.

De regreso a la casa, Uriel miraba mis manos dónde llevaba el regalo, mientras que Gabriel seguía resoplando pero callado.

-      No sé qué piensas tú, Dary. Pero esto… no tiene ningún sentido.- le dije.

-      Claro que tiene sentido, amor. Es una de esas señales que hay que profundizar en su significado. – dijo Uriel positivo.

-      ¿Significado, de qué? ¿Piensas igual que Gabriel?- le dije.

Uriel dijo que no con la cabeza.

-      Pues a ver… ¿qué significado le darías?- le dije desafiándolo a Uriel.

-      Una vela encendida significa que eres el Ser de Luz que admira con mucho cariño es cómo si te dijera <te admiro y por eso dónde tú luz esté voy a estar>. Además, las velas son rosas, ¿recuerdas el significado de este rayo? – explicó Uriel.

Me quedé pensativa observando las velas, Gabriel me copiaba, nos miramos intentando comprender algo de lo qué había dicho.

-      El Rayo rosa significa el cariño que siente por ti. – terminó Uriel.

Gabriel y yo nos echamos a reír a carcajada limpia.

-      ¡Hermano, deja de tomar lo que te tomas, en serio! – vacilaba Gabriel.

-      ¿De qué se ríen? – dijo Uriel algo molesto.

-      Mira me lo creería, sino fuera que he sido testigo de ese odio que le tienen todos sus compañeros, hermano. ¡Parece que te dejes los ojos en casa y no los traigas a clase, que mis ojos lo ven todo clarito! Y aquí no hay nada de admiración…- dijo Gabriel.

-      ¿Lo dices en serio, hermano? – preguntó Uriel desafiando a Gabriel.- ¿No te enseñaron a profundizar o qué pasa? – dijo.

-      Si, y sé que la odian. – respondió seco Gabriel.

Estaba de acuerdo con Gab, era imposible que me hubieran hecho tal regalo por el significado que le dio Uriel.

-      ¡Estoy contigo Gab! Si me admirasen, no me lastimarían tanto, no me esperarían tardes a las cinco en la puerta para seguirme, no me llamarían pato Donald ni tampoco se burlarían de mis notas. Me permitirían colaborar en los trabajos de clase, y si tuviera un problema ellos estarían, y ¿ves que pasé?- dije la verdad me dolía, pero era la verdad.

Nos quedamos en silencio mientras que íbamos los tres a casa de mi abuela. Antes de llegar, puse las velas en la mochila, y me puse a respirar profundamente mientras me atoré unos minutos en el parque del cementerio.

-      Hay algo que quiero decirles, mis angelitos.- dije mirándoles a la cara.

-      ¿Qué pasa? – dijo Gabriel.

-      Está claro que tengo que pasarme un tiempo sola, sin humanos más allá de mi familia. Será un camino duro y muy oscuro, pero venceré esta oscuridad, así…- les agarré de las manos, respiré profundamente y dije – juntos.- sonreí esperanzada.

-      ¡Siempre juntos! – dijeron Gabriel y Uriel a la vez con su sonrisa más agradable.

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viernes, febrero 06, 2026

El Espejo De Mí Vida - Capítulo 227 [3T]

 

Él no iba con nadie, estaba solo, así que decidí mejor quedarme con Uriel, porque no sabía cómo lidiar con la situación. Además la última vez que nos vimos durante la fiesta en Ávalon, casi nos íbamos a besar y esa sensación de sentir que quiero besarle y él también, pero no lo hace porque aún ve que no es el momento, me dolió más.

Quería fingir que era producto de mi imaginación, aunque verlo y saber que realmente estaba ahí me dolía tanto, que fingir anestesiaba un poco mis sentimientos.

-      ¡Estoy hecha un lío, Dary!- dije.

Uriel prestó atención.

-      Por un lado, estoy enamorada de Gabriel, y por el otro, estoy enamorada del chico de ojos verdes. ¡No sé qué hacer! Por qué además, ambos dicen lo mismo, <aún no estamos preparados> pero yo me muero por los dos… ¿Por qué todo es tan complicado? Y lo más difícil de todo, ambos viven en otra dimensión, ¿por qué me duele tanto?- confesé.

-      Ya veo. – dijo haciendo una pequeña pausa.- ¿esos besos te han vuelto loca, verdad? – dijo.

-      No sucedieron, pero si. Loca de remate.- dije.

-      Ambos tienen mucho peso, el chico de ojos verdes, porque es tú llama gemela, aquel amor en que en cada vida te has ido enamorando, casando y teniendo hijos. Y Gabriel siempre ha sido un gran apoyo para ti, y ahora resulta que es algo más. ¿Qué crees que hay detrás de ello? – informó.

-      ¿Detrás? Solo veo que en unos meses cumpliré 14 años, y estoy en medio de todo. Del odio en clase, del odio de los profesores, la soledad de mis padres, y del amor de estas dos personitas dimensionales. Estoy en medio de todo, y me estoy agobiando mucho.- confesé.

-      El universo te presiona, para que te des cuenta de las cosas que te suceden y decidas qué si y qué no quieres en el camino de la vida que se te ofrece a través de la encarnación en la que te encuentras, mi amor. Esta presión, es tú cuerpo y tú alma revelándose de aquello que realmente no quieres tolerar más. – explicó Uriel.

-      No quiero más, el odio en clase, ni el de profesor. Me gustaría tener amigos.- dije.

-      ¿No te das cuenta que tú cuerpo no los quiere? Ese rechazo que sientes hacía ellos, es porque notan quién eres. El miedo les colapsa de tal forma, que se alejan porque piensan que así están seguros. – dijo Uriel.

-      ¿O sea que tienen razón, soy un bicho raro? – dije con el tono brusco.

-      Son solo puntos de vista, ¿te consideras un bicho raro? – preguntó Uriel.

Le miré pero me callé.

-      No entiendo por qué me ven tan diferente. ¿Realmente lo soy? – dije.

-      Mira los años que tienes, y mira con quién estás hablando. También fíjate, que gracias a que elegiste esto, fíjate en el mundo que puedes ver sin ninguna condición y sin ninguna excusa. Te estamos ofreciendo todo lo que somos, solo porque tú eres parte de él, parte de dios, y parte del universo. Pero lo elegiste tú misma, elegiste seguir este camino, aceptando las consecuencias que eso conllevaría, ¿no lo recuerdas? – dijo Uriel.


Me puse a pensar un momento en silencio en sus palabras, y poco a poco me fueron convenciendo. Me detuve a una esquina de la barandilla, mientras seguía pensando, pero el chico regresó.

-      ¿Por qué no quieres patinar conmigo, Laia? – preguntó indignado.

-      Ya estoy acompañada, gracias.- dije bruscamente arrugando la mente.

Se me quedó mirando arrugando la frente también, aunque miró a Uriel esperando una respuesta que no le dio.

-      He venido por ti. Te echo de menos. – dijo el chico.

-      ¿Quieres hablar?- pregunté.

-      Si. – respondió bruscamente.

-      Entonces, ¿por qué juegas conmigo?- dije enojada.

-      ¿Cómo dices? – se sorprendió el chico.

-      Tus sentimientos hacia a mi son claros, pero a la hora de la verdad… siempre hay algo que no acaba sucediendo. ¿Por qué juegas con mis sentimientos? ¿Sientes algo por mi, si o no? – dije.

Se quedó boquiabierto sin decir nada, mirando a Uriel de vez en cuando, como si la presencia de Uriel le molestara.

-      Creo que deberían hablar ustedes solos… me retiro un momento…- dijo Uriel, pero a la que intentó moverse, le agarré del brazo y le obligué a quedarse.- o mejor me quedo…- terminó algo avergonzado.

-      ¿Y bien?..- dije mirando al chico.

-      No…- susurró.

Cuando escuché la respuesta, noté un puñal en el corazón, acto seguido me fui de ahí patinando. Tenía muchas ganas de llorar, pero intentaba no darle ese placer, pero de repente alguien me agarró de la mano, tiró de mi con la mala suerte de que caí encima de él, del chico, me agarró con fuerza y nos quedamos mirándonos a los ojos hipnóticos en silencio.

 

-      Mis sentimientos son claros. No puedo dejar de pensar en ti, no puedo dejar de desear probar tus labios. No puedo vivir sin saber de ti. – dijo.

Le miré a los labios pero cuando nos íbamos a besar, él interrumpió.

-      Pero, es complicado. – dijo.

Intenté levantarme pero él no me soltaba.

-      Es complicado, porque estamos bajo un juramento, ¿no lo recuerdas? – dijo.

-      ¿Juramento? – repetí extrañada.

-      Antes de nacer, juramos esperar a que el consejo del SETHI diera visto bueno para poder dar rinda suelta a nuestro amor. Lo firmamos los dos, y prometimos que pasara lo que pasara, esperaríamos. – explicó.

No me sentía raro lo que decía, de hecho me vinieron recuerdos de golpe de él y yo firmando en pluma y tintero un contrato, ¿era eso?

Entonces me soltó, nos pusimos de pie, Uriel ayudó un poco la verdad.

-      ¿Dónde está ese Consejo? ¡Quiero hablar con ellos!- dije exigiendo.

-      Cuando vengas, te lo enseñaré. – respondió.

Acepté en ese momento nos llamaron por micrófono que teníamos que salir. Nos quitamos los patines, volvimos a ponernos los zapatos, y cuando ya estábamos fuera, él se fue por la calle san Jordi, ni nos despedimos pero sentía dentro de mí que tenía que ir detrás de él, así que lo seguimos.

Pasó por la calle San Jordi, la Pasión, Torrent i después de la rotonda que hay detrás del museo industrial del Ter… estaba oscuro, no pasaba ni el tato por la calle, cuando nos escondimos Uriel y yo en la esquina de la rotonda… cuando vimos que el chico estaba caminando por en medio de la calle, fijándose que nadie le viera, como si estuviera a punto de hacer algo que nadie podía ver.

Recuerdo que se detuvo en medio de la calzada, cerró los ojos y con la mano derecha apuntaba hacia delante de él. Vi como de repente apareció aire, y acto seguido delante de él se abrió un portal redondo de luz muy grande, tan grande que parecía de día una vez más. Al otro lado, se veía la misma calle pero algo diferente… la calzada era de adoquines en vez de alquitrán normal. Entonces, pasó ese portal y antes de que pudiéramos ir hacía él, se cerró.

La oscuridad y el frio nos volvió enseguida, mientras que estábamos atónitos a mitad de la calzada, intentando ir dónde había abierto ese portal, pero todo había desaparecido tan rápido que incluso cualquier persona pudiera haber pensado, que fuese un sueño.

-      ¿Qué ha sido eso?- dije atónita.

-      Se ha ido a casa. – respondió tan pancho Uriel.

De camino a casa, mi mente intentaba no dejarse ningún detalle, reviviéndolo en bucle. Jo-der… habíamos sido testigos de algo tan bello… y a la vez tan secreto… empezaba a pesar bastante el consejo de los ángeles que nadie tenía que saber nada, hasta que fuese seguro, porque en ese mismo instante me hubiese gustado hablarles a los demás de lo que acababa de presenciar. Pero el silencio es un precio muy caro que no se puede pagar con dinero.

-      Soy un bicho raro para los demás, pero este privilegio de poder hacer y ver todo esto, realmente esto da mucho sentido a todo. Gracias vida.- dije con mi mejor sonrisa de complicidad antes de entrar en casa y fingir que había sido un día como cualquier otro.

-      Aunque no esté prohibido por nadie, es agradable verte así. – respondió Uriel.

Pasaron dos días, después de almorzar llamé a mi prima Sofía para quedar, era el último fin de semana antes de las vacaciones navideñas. Me sabía el número de memoria de su teléfono fijo, así que lo marqué y esperé, al otro lado respondió la María Carmen, su madre, que enseguida me pasó con la Sofía.

-      ¡Hola!- dije contenta.

-      Hola.- respondió ella más apática.

-      Em… ¿Tienes planes para esta tarde?- pregunté.

-      No, lo siento, pero no puedo quedar hoy… tengo mucha tarea de matemáticas…- dijo.

-      Oh,… ¿no saldrás ni una hora ni nada?- dije.

-      No, no, lo siento.- dijo.

-      Bueno, ok.- dije.

Ella dijo adiós y colgó el teléfono enseguida. La verdad es que me tocó un poco, porque siempre no había ningún problema, pero lo comprendí y me adapté. Así que me acordé que tenía que ir a comprar el regalo del amigo invisible esa tarde, podría aprovechar ya que no tenía ningún plan más.

Hacía las siete de la tarde, decidí salir de casa e irme a la plaza de abajo, mientras de camino iba pensando en la obligación que me habían metido mis compañeros de clase. No lo entendía, me odiaban y además se empeñaron junto con la tutora en celebrar el famoso amigo invisible.

-      ¡De verdad… además les tengo que hacer un regalito!- me quejé.

-      ¡Qué tradiciones más falsas tienen los humanos! – comentó Uriel.

-      Y que lo digas.- respondí.

En la plaza había una tienda (que ya no está) llamada PAPERS, allí era fantástico para regalos invisibles, porque eran baratos y muy bonitos. Me costó un poco elegir, porque además no conocía bien a la persona que me había tocado (diría quién me tocó, pero no lo recuerdo), al final creo que compré un peluche chiquitín de 5€ y ala…

Al salir, había mucha gente patinando, así que me acerqué a la pista por la zona de la Ludoteca, que habían hecho un pasillo con tablones de madera. En ese momento escucho gritos de un grupo de chicas y chicos a mi izquierda, cuando giré la cabeza para mirar qué ocurría, me quedé quieta, en shock completa, al ver a mi prima Sofía con sus amigos y amigas de clase, gritando de alegría por algunos amigos que estaban patinando dentro de la pista. 

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miércoles, enero 21, 2026

El Espejo De Mi Vida - Capítulo 226 [3T]

 

-      Te cuento más sobre los universos paralelos, si me respondes a una pregunta, amor…- dijo Uriel interesado y cotilla como lo suele ser.

Le miré atenta a su pregunta.

-      Dime la verdad, ¿te gusta? – dijo Uriel.

Resoplé y hundí la cabeza entre mis rodillas, noté su mano en la nuca y sus risas de que había dado en el clavo.

-      ¡Si, pero es que tengo un problema, Dary! – dije.

-      Dime. – Respondió.

-      También me gusta Gabriel.- confesé con los ojos de cachorrito, como si fuera imposible de elegir.

Uriel se emocionó y se puso a reír un momento.

-      ¡No tiene gracia, Dary! Lo paso mal… no tengo ni 14 años, y ¿siento amor por dos muchachos que viven en otra dimensión? ¡Ay,…!- me quejé.

-      Tampoco está tan mal, siempre has tenido buen gusto para los hombres, amor. – Me animó.

-      Eso tampoco ayuda, Dary.- le miré.

-      Me refiero a que son bellísimos seres de luz, sé que te cuidarán siempre. – dijo.

-      ¿Conoces al profesor en persona?- le pregunté frunciendo el ceño.

-      No especialmente, pero me han dicho cosas muy buenas sobre él. – respondió.

-      ¿Quién?- la curiosidad me mataba por dentro.

-      Gabriel. – dijo.

Me quedé en silencio. ¿Cómo?

-      Mira, ya llegó el metro. – dijo y nos levantamos a esperarlo a que se parara y entramos.

Gabriel apareció por la mañana en la habitación, cuando ya el domingo se había convertido ya en un mísero recuerdo, y tocaba volver a la tortura, al colegio. Esa mañana mí padre entró en la habitación para despertarme pero ya lo estaba, casi no había podido pegar ojo. Me preparé, me tomé el cola-cao y con la compañía de Gabriel y Uriel en silencio nos fuimos hacía a la Salle.


El frío de Noviembre ya se te metía en los huesos, imaginaba poder volver a la cama a soñar, pero era algo imposible. Noté como Gabriel me abrazaba con su brazo por mí cintura, pero hice un gesto y él se quitó enseguida, intenté ignorar su reacción, aunque de reojo notaba que me miraba frunciendo el ceño. Entonces me agarró del guante, pero quité la mano.

-      ¿Qué te pasa, mi amor? – preguntó molesto.

No le respondí.

Subiendo al primer piso dirección a la clase de tortura, de nuevo como cada mañana me entraba en el estómago unos nervios que parecían espadas clavadas en el esófago. Justo antes de llamar a la puerta porque ya la habían cerrado, respiré hondo y me entré de valor para enfrentarme al famoso paseíto que odiaba todos los días. Acababan de cerrar la puerta cuando entraba al pasillo, no era que iba mal de hora, me abrieron, entré cerré la puerta y el silencio se hizo, entre risitas muy molestas, me fui a mí silla, dejé la mochila, me quité la chaqueta y la llevé al perchero, y luego fui a la taquilla a buscar los libros del día.

-      ¡Qué molesto es esto! – gritaba Gabriel a la clase, pero solo los ángeles de los humanos les escuchaban, entre los demonios que traían pegados que se reían descaradamente.

-      ¿No tienen mejor otra cosa que hacer que tenerlas con nuestra protegida o qué? – dijo Uriel defendiéndome.

Cerré la puerta de la taquilla con fuerza que casi la hago giratoria, de tal forma que todos se quedaron asombrados en silencio, regresé a mi silla y me senté. Estaba avergonzada por lo que decían los ángeles, yo intentaba hacer como si nada y ellos no callaban.

Ni se imaginan lo que era ver a todos los compañeros envueltos de demonios y ángeles, y en vez de hacer caso a la luz les hacía caso a los demonios que tenían cada vez más y más fuerza. Y la tutora la Dolores, ella llevaba cinco demonios enganchados, pero su ángel ya ni lo veía, y me preguntaba ¿lo tenía?

No podía hacer nada, ni luchar contra los demonios, ni hablar de ellos ante los humanos, había acordado mantener un perfil bajo ante el universo hasta que fuese seguro.

En ese momento se me cayó en el suelo el lápiz, me agaché para agarrarlo, y entonces veo que mi chaqueta naranja que llevaba en ese tiempo, y que apenas hacía cinco minutos que lo había dejado en el perchero, estaba en el suelo, pataleada y sucia de pelusillas. Mi abuela se quejaba de que llevaba la chaqueta muy sucia y la tutora también, pero ¿nadie se fijaba en lo que hacían?

Volví a levantarme, la agarré, escuché las risas de Nil, Guillermo, Aleix, Arnau, Gerard, Eloy,… risas malvadas, les miré enojadísima.

-      ¡DEJEN DE PATALEAR MI CHAQUETA! ¿ENTENDIERON? – grité.

Se pusieron a reír, mientras que jugaban delante de mí a que la chaqueta quién la tocaba tenía la peste. En ese momento no pude más, agarré las chaquetas que había alrededor apartadas de la mía que eran las suyas, y las tiré todas al suelo y las empecé a patalear.

Se quejaron, la tutora se enteró y ¿a qué no adivinan a quién le echaron la bronca? ¡A MÍ y a ellos NADA!

-      ¡SE VAN A ENTERAR…!- dije mientras que iba a por ellos a darles de hostias hasta al DNI, pero Uriel y Gabriel me agarraron y me apartaron de ahí de inmediato.

Gabriel para calmarme me agarró de las mejillas para que le mirase a los ojos, y al hacerlo me calmé, me senté e intenté empezar la clase de una vez.

En el cambio de hora, agarré la chaqueta y la puse en la silla, pero luego entró el profesor y a mitad de clase, me obligó a ponerla al fondo en los percheros. ¡Cojones!

Más cosas que me sobrepasaban de ir a esa clase, a la hora del patio, no sé qué pasaba, pero cada vez que salía por la puerta y cruzaba el campo para ir a la zona de Voleyball. Lo que pudiera haber sido un accidente la prime vez, se volvió recurrente, chutar la pelota en mi cara. Cuando pasó la primera vez, pensé < ¡vaya… qué mala suerte!>, pero cuando pasaba todas las mañanas de clase, allí si que me cagué en todo lo que podía y lo que no también… Eso provocó que mis gafas sufrieran tanto que acabaron torcidas ya siendo imposible de ponerlas bien.

Un jueves por la tarde, a las seis más o menos a principios de diciembre, decidí ir a casa dejar la mochila, agarrar los guantes y cinco euros que tenía ahorrados en la billetera, para irme con Uriel a patinar en la pista de hielo él y yo a solas. Era genial, porque como aún estábamos en clase, es decir que aún no habíamos terminado y llegado en las vacaciones de Navidad, a esa hora no había ni el tato patinando, a pesar que en 2026 la pista es mucho más grande, antes al ser más pequeña se llenaba enseguida.

Le entregué el billete de cinco euros al señor de la taquilla, me dio un papel, y me fui a la zona de los patines, le di el papel a la chica que atendía…

-      ¿Qué número?- dijo la chica.

-      40, por favor.- respondí.

De pie hacía 39 y de costumbre hay que pedir un número más. Agarré los patines, me fui a un banco a ponérmelos, y luego de volver a ponerme los guantes, agarré el mismo papel y se lo di a la otra chica que estaba vigilando la entrada de la pista, y entonces empecé a patinar. ¡Qué gusto y qué alegría!

A pesar de no tener amigos, intentaba disfrutar esos momentos con Uriel, le agarraba de la mano y nos poníamos a deslizar las patas de lado a lado, divirtiéndonos como dos niños. Fueron momentos inolvidables, la verdad, hablábamos de nuestras cosas, lo sé la gente me veía que hablaba sola, pero lo intentaba disimular un poco en ese tiempo, pero eso me regresó la sonrisa de una adolescente intentando comprender la vida compleja que se había vuelto sin saber por qué… ¡Fui feliz!

-      Después de las fiestas, haré mi primer viaje al otro universo.- le dije.

-      ¿Estás nerviosa?- preguntó Uriel.

-      En realidad debería estarlo, pero algo me dice que no tengo por qué…- dije riéndome de mí misma.

-      ¿Lo estuviste la primera vez que viajamos a Agartha? – preguntó Uriel.

-      No, confié tanto que me dejé llevar.- dije.

-      ¿Ves? Eso es porque tu alma lo recuerda.- respondió Uriel.

-      ¿Ya he estado allí?- pregunté.

Uriel dijo que si con la cabeza. Pero en ese momento, alguien se detiene delante de mi tan brusco que sin querer, acabo frenándome con él.

-      ¡Uy!- dije…

-      ¡Perdona, no quería hacerlo brusco!... – dijo.

En ese momento le miré a la cara, le quería decir algo, pero me quedé en blanco. ¡Hostias, no podía ser!

-      ¿Tú?- dije sorprendida.

-      Si. Hola Laia.- dijo con su sonrisa más bella.

El chico de ojos verdes, pero dos años más mayor.

-      ¿Quieres patinar conmigo?- preguntó.

Tardé en contestarle, me venían tantas cosas a la mente, que al final rechacé su oferta.

-      ¡Vamos, Dary!- le dije agarrándole la mano a Uriel mientras esquivaba al chico.

El chico se quedó mirándome, pero siguió patinando detrás.

-      ¿Por qué no le acompañas?- dijo Uriel.

-      No. Es que me da vergüenza.- le dije.

-      ¿De qué? – dijo Uriel.

-      ¿Y si no está aquí realmente?- dije.

Uriel se puso a reír.

-      ¡No hace gracia! Hablábamos de él y de repente ¿aparece?- dije.

-      Todo está conectado, mi amor. – respondió Uriel.

-      ¿Es que acaso vivo en una telenovela o qué? – comenté.

Uriel volvió a reír.

-      ¿Está aquí o no?- pregunté y al ver mi cara de seria Uriel dejó de reír, le miró y al verme dijo que si con la cabeza.

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El Espejo De Mí Vida - Capítulo 228 [3T]

  Noté el puñal atravesándome el corazón. Sangre de mi sangre, también me estaba engañando, ¡no lo podía creer! -       Dary… ¿me puedes...