Hoy dos capítulos, ¡gracias por seguirnos! Si nos dejas un comentario, te responderemos.
Capítulo 238:
Como era de costumbre, cuando venía esa parte de la familia de mi madre, la tensión se podría notar a miles de kilómetros. Pero por mi parte, me alegraba de que vinieran a visitarnos, aunque a mí no me comunicasen que venían, fue todo un regalito de Reyes Magos.
Esa fue la primera vez que reconocí que la familia tenía miedo de Aros, pero yo le miraba a los ojos en la distancia, y aunque en ese momento no lo entendiera demasiado, lo que ocurría con él, sentía su dolor. A él le dejaron de lado, porque mentalmente está mal, básicamente porque se pasaba los días encerrado en un colegio psiquiátrico, tomando medicación por su esquizofrenia paranoide aguda para que la sociedad lo tuviese controladito y calmadito.
Yo siempre he pensado que el verdadero problema que tenía Aros, era que quería ser aceptado en su familia. Pero le daba esos brotes de ira tan fuertes, que era imposible controlarlo ni con medicación. También, porque siento que no fue educado como es debido, su padre le reía las cosas cuando él insultaba a las personas por qué si, y eso a la larga lo estamos pagando todos.
Pero no fueron todas malas noticias, la prima Laura por primera vez vino acompañada de su novio Antonio, y eso me gustó verla feliz y enamorada.
- Tenemos una noticia que compartirles.- dijo la Laura.
Pensé “¡Ay, que habrá boda!”.
- Estoy embarazada.- dijo la Laura.
Tan solo tenía 21 años cuando ella se quedó embarazada, yo me alegré mucho por ella, porque sabía que era su sueño ser madre pronto, alguna vez me lo había comentado. Pero la familia no pensó igual, porque básicamente ni Antonio ni ella estaban trabajando, y yo pensé “no tienen tanta suerte, pero una vida es una vida”.
Aquí es cuando entendí que el universo manda más que nuestra perspectiva de control, una vez ya has nacido. Eso quiere decir, que aunque ahora digas “no es mi momento para esto” el universo sabe que si lo es, porque ya lo elegiste antes de nacer, lo que pasa es que no te acuerdas. A mi prima Laura le ocurrió así, ¿y yo me tenía que poner mal por la situación económica que vivían? ¡Pues no! Además, sabía que no se cerrarían en banda y harían cualquier cosa para conseguir un trabajo, solo que estaban pasando por una mala racha.
Piensen que estamos hablando del 2007, un año antes de que estallara la famosa Crisis Mundial Económica.
Estábamos cenando, y mientras que los adultos hablaban de sus cosas, yo estuve todo el tiempo observando a mi tía Julia, cuando de repente llegó el arcángel Gabriel sin aviso a la cocina-comedor, se acercó a Uriel y a mí, se agachó sin dejar de mirarme a los ojos, que lindos los tiene siempre, verdosos.
- ¿Qué haces aquí, hermano? – le preguntó Uriel.
- Nada. He sentido que había peligro, ¿están bien? – respondió Gabriel.
Uriel y yo nos miramos y dijimos que si con un gesto, no entendíamos el peligro que describía Gabriel. Pero vi como Gab no le quitaba el ojo de encima a Aros y él le miraba muy atentamente y cada vez se ponía más y más nervioso.
- ¿Qué ocurre con Aros, Gab?- le pregunté empecé a estar incomoda cuando le veía a Aros cada vez más y más incómodo.
Pero de repente, Aros se levantó y se fue al piso de arriba, detrás vi a Gabriel y yo acto seguido quería ir a ver, pero no me dejarían mis padres ir detrás de él, así que puse la excusa de ir al baño.
Sin que me viera nadie, aprovechando que la puerta de la cocina se tenía que dejar cerrada para que la calor no se fuera de allí. Subí al piso de arriba sin hacer ruido, casi a gatas Uriel y yo nos quedamos en los últimos escalones, observando como Gabriel hablaba con Aros en la terraza.
Nos acercamos al sofá escondiéndonos, para escuchar lo que hablaban, sabíamos que si Gabriel nos detectaba sería mucho peor para la integridad de Aros.
- ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?- repetía Aros mientras caminaba hacia adelante y hacia atrás.
- Cálmate, hermano. Si me dejas, te explico. – Gabriel hablaba con un tono más pausado.
- ¡No te quiero ni ver! ¡Vete!- le gritaba.
- No pienso irme, Aros. Te debo una explicación, y la vas a oír, aunque no quieras. – respondió Gabriel.
- ¡Me has jodido la vida! ¡Le conté a mi madre de ti, y me encerraron en ese lugar horrible! Me obligan a tomarme medicación que me lastima, y él… él… le tengo pavor, Gabriel.- dijo Aros llorando de miedo, sin dejar su paseíto en paz.
- Te advertí que no sería fácil, hermano. No tenías que haberle dicho a tu padre de dónde venías, porque él aprovechó para torturarte aún más, y lo sabes. – respondió Gabriel.
Pude ver como el cielo empezó a nublarse de forma extraña y empecé a preocuparme de verdad de que algo fuerte iba a pasarle a Gabriel.
-
La luz tenía que estar de mi lado… ¡y me abandonaron!- acusó Aros.
- ¿Así lo viste? Entonces, ¿Por qué estoy aquí, hermano? – le dijo Gabriel.
- ¿Qué tienes con mi prima?- le preguntó.
- ¡Eso ya lo sabes! – le respondió.
- ¡Protégela, por qué a mí… la cagué tanto que ya me dejaron de lado ustedes! – recriminaba Aros.
No pude más, y salí.
- ¡Jamás te dejaríamos, primo!- dije decidida caminando hacia al lado de Gabriel.
- ¡Laia, vete a dentro, por favor! – dijo Gabriel.
Le dije que no con la cabeza.
- ¡Uriel, llévatela! – le ordenó Gabriel.
Pero cuando Uriel me intentó agarrar del brazo escapé y le miré.
- ¡No me iré!- dije.
- ¿No me dejarás de lado, prima?- me preguntó Aros.
- ¡Jamás!- le prometí.
- Laia, ¡no es el momento! – decía Gabriel.
- ¿Piensas dejarlo atrás, Gab? No sé que tienes con él, pero está sufriendo tanto, ¿no lo ves o qué te pasa? Sea lo que sea… yo no abandono a nadie.- le dije a Gabriel.
Gabriel y Uriel me miraban, la mirada de Gabriel era de cabreo pero la suavizó.
- ¡Jamás, dejamos a nadie! ¿Entendieron?- exigí.
Gabriel y Uriel dijeron que si con la cabeza.
- ¿Qué es lo que te asusta, primo?- le pregunté.
- ¡Ellos!- señaló el cielo.
De una nube negra, salieron tres rayos sin que sonaran, y se aparecieron delante de nosotros, tres demonios de más de dos metros de altura. Uno de ellos, lo reconocí enseguida al verle los ojos rojos, automáticamente saqué la espada, Uriel y Gabriel copiaron mis movimientos, y nos pusimos delante de Aros para protegerlo.
- Azazel, Ezerafiel y Antanaziel. – dijo Gabriel.
Genial, todos demonios.
- Gabriel… que entrañable visita. – dijo Azazel haciendo un paso hacia adelanté, sacó la espada y cuando fue a atacar a Gabriel me adelanté y su espada y la mía chocaron y un rayo se alzó entre las nubes.
- ¡No empiecen una lucha que van a perder, Azazel! – dije aguantando su espada chocando con la mía, mirándonos a los ojos.
- ¿Quién eres tú? – dijo Azazel.
- ¿No la reconoces? Su nombre es Laia. – dijo Uriel.
Azazel despegó su espada de la mía y la soltó en el suelo, el metal sonó de una forma como si se hubiese rendido.
- Tiene razón, no vamos a luchar. Pero nos vamos a llevar a Aros. – dijo Azazel.
- ¡No, él se queda!- le dije amenazándole con la espada.
Este silencio se apreciaba con gran tensión, mirándonos a los ojos, y viendo el pavor que Azazel tenía cuando Uriel pronunció mi nombre.
- ¡Volveremos a por ti, Aros! – dijo Azazel, dio una señal, y se fueron por donde vinieron, acto seguido, cayó una tormenta, que nos tuvimos que refugiar de nuevo en el salón.
Aros en ese momento me dio un abrazo de agradecimiento.
- No se lo digas a nadie, ¿ok? – le dije, él digo que si, medio llorando.
En cuanto se recompuso regresó a la cocina y yo unos minutos más tarde.
En momentos como esos, aunque me muestre muy valiente de cuerpo hacia a fuera, en realidad por dentro jamás sé cómo va a terminar la historia. Pero por desgracia, encuentros así, he tenido demasiados y sigo teniéndolos.
Al día siguiente en la comida de Reyes Magos en casa la iaia Filo, fue un desastre, esperaba tener a Lion y al Eddie porque Willy seguía en Estados Unidos viviendo su vida al estilo Norte Americano, pero no vinieron, solo mis tíos Quim y Rosa María.
Resulta que Líon y Flora, con su matrimonio recién salido, se habían ido a Almería a pasar los reyes magos con la familia de la Flora. Aún seguían juntos a pesar de que su boda, fue un desastre. ¿Habrían resuelto sus diferencias de algún modo viviendo en Barcelona? Por lo que iban contando mis Tíos, parecía que tenían una vida de película… algo me decía a mí que en verdad no la estaban pasando tan bien como decían, sobretodo porque recuerdo que en la boda de Líon él mismo me confesó “me he enamorado de otra chica”.
Willy su vida en Chicago le iba muy bien, ya se había graduado y por la sorpresa su relación con Ivonne marchaba bien, pero de momento no había boda a la vista. Y Eddie, se había hecho dueño del Jazz Cava un bar musical en Vic muy popular, por sus conciertos en directo.
Esa fue la primera reunión familiar que Líon faltó, y yo me puse bastante triste, porque me aburrí tanto. Sentía dentro de mí que no había sido decisión suya no ir, con Líon tenemos una conexión especial que va más allá de la encarnación, así que esperaba que a la próxima viniera.
Capítulo 239:
Después de ayudar a recoger la mesa en casa de la iaia Filo, me senté en el sofá al lado del Tiet Josep que estaba preocupado por algo.
- ¿Qué te pasa?- le pregunté.
- Nada.- dijo.
- Estás como triste…- dije.
- No, es que… quiero mucho a la familia.- dijo, levantó la mirada y vi sus ojos llorosos.
Le quería abrazar pero no le gustaban los abrazos, así que se me ocurrió pasarle mi brazo por sus hombros.
- Nosotros también te queremos mucho a ti, tiet Josep.- le dije sonriendo.
Estaba realmente raro, porque jamás lo había visto llorar ni de esta forma, pero pensé que se había discutido con la iaia, porque a veces lo hacían.
Me levanté y fui a buscar la chaqueta en el cuarto del fondo, cuando de repente al entrar, veo a un ángel que se iba por la terraza. Pero cuando lo vi, me quedé paralizada por segundos.
- ¡No puede ser!- dije, él ángel se dio cuenta y se giró al verme se quedó y le dije.- ¿Quién va a morir?- dije.
Pero solo me sonrió, identifiqué quién era.
- Azrael, ¿quién va a morir?- le exigí.
- Pronto lo sabrás, querida. Pero ahora me tengo que ir.- respondió se giró y se fue volando mostrando sus alas color cafés.
Ese era el arcángel Azrael, comúnmente conocido como el ángel de la muerte.
Salí de casa de la iaia Filo, con un mal cuerpo. Mis padres se subieron al auto, pero yo les dije que me iba a dar una vuelta, necesitaba caminar con Uriel, tenía que hablar con él pero hasta que no llegamos a la plaza viendo como la gente patinaba felizmente en sus últimos días del Badanadal, estuve en silencio.
Miré al cielo, vi la estrella más brillante, suspiré ligeramente, cerré los ojos.
- Gabriel, ven.- dije.
Me quedé en silencio esperando su llegada, escuché unos pasos detrás, me giré y allí estaba. Cuando hago esto, al volver a mirar al cielo, la estrella más brillante de repente desaparece.
Hablamos largo y detalladamente de muchas cosas, pero yo solo quería comprender lo que había pasado en los dos últimos días.
- ¿Por qué cuando Azazel supo mi nombre, dejó de combatir?- le pregunté.
Pero Gabriel y Uriel se miraron a los ojos en silencio, y vi como Uriel le decía que si con la cabeza.
- Él conoce quién eres, más allá de este cuerpo que se llama Laia.- dijo Gabriel.
- ¿Mi espíritu?- pregunté.
- Así es. – respondió.
- ¿Por qué le temía tanto a mí espíritu?- pregunté.
- ¿Recuerdas que te dije que tú y yo fuimos marido y mujer? – dijo, yo le dije que si con la cabeza.- En ese momento, también te convertiste en la mano derecha de Dios, junto a mí. Tú y yo, ayudamos a Dios a que pueda trabajar y cuidar del universo. – explicó.
¡Madre de dios bendito! Eso si que era una alta esfera.
- Ahora entiendo tantas cosas. Ese ímpetu de Dios con seis años a que empezase a trabajar antes de tiempo. La influencia de visitas de ángeles, para seguir trabajando en misiones, y las esperanzas que tienen todos los maestros ascendidos cuando estudio en Ávalon. ¿Todo está relacionado con eso, por ser la mano derecha de Dios? ¿Tu padre? ¿mi… suegro?- dije.
- Si, justo así. – respondió Gabriel.
Me detuve ellos me miraron.
- Dentro de dos días, regreso al infierno del colegio, y estas navidades, han sido de mucha información, la verdad. Aunque Dary, pensarás que era demasiado, me ha encantado porque ahora puedo empezar a entender mejor, quién soy. A pesar de que se acaban las vacaciones navideñas, ahora sé porque el infierno es necesario, porque mi destino es otro totalmente diferente a lo que un humano optará, por alguna razón que sigo sin saber, decidí volver. Pero ahora sé cual es mi papel aquí.- dije.
- ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó Uriel.
- Mi destino es estar con ustedes, aquí, entre la humanidad. Llevando luz de las dimensiones sutiles a este infierno que se ha convertido esta tercera dimensión.- dije.
- Cada día me sorprendes aún más, Laia. Pero si, has descubierto que la tercera dimensión no es como debería ser. – dijo alabándome Gabriel.
- ¿Saben cómo empezó?- pregunté.
Dijeron que no con la cabeza.
- ¿Ni teorías de cómo?- pregunté.
- Solo una. – dijo Uriel.
- ¿Cuál?- dije.
- Hace 400 años la humanidad estaba destinada a su apertura intergaláctica que debía suceder al entrar al 2000 pero luego todo se arruinó después. – dijo Uriel.
- ¿Por qué?- pregunté.
Se encogieron de hombros y se miraron.
- ¿No hay nada?- pregunté alzando la voz.
Volvieron a decir que no con la cabeza.
- ¡Pues vamos bien!- me quejé, seguí caminando en silencio, ellos me siguieron.
- ¿Quién está investigando esto? – pregunté.
- Mmm… solo tú. Los demás estamos protegiendo a la humanidad, pero sin un plan exacto, porque esta oscuridad tiene mucho poder. – dijo Gabriel.
- ¿Cómo? ¿Qué hacemos aquí entonces?- pregunté.
- Nos pediste que te siguiéramos, porque tenías un plan, pero no quisiste decir nada, porque era peligroso, solo que te teníamos que seguir pasara lo que pasara, y aquí estamos. Bueno, toda la jerarquía de ángeles espera contigo. – dijo Gabriel.
Me puse a pensar, lo sabía era mucha presión, pero la humanidad necesitaba nuestra ayuda, así que comprendí ese peso que recaía encima de ms hombros.
- Gabriel, dentro de dos días cuando esté en quinta dimensión, quiero que me tengas listo una lista con todos los nombres de la jerarquía de ángeles que haya decidido trabajar conmigo. Ya es hora de cambiar las cosas.- dije.
- Recibido, Laia. – dijo Gabriel.
Gabriel se marchó y me quedé con Uriel.
- Dary, quiero que investigues la historia de porque el mundo vive en un infierno.- le dije.
- De acuerdo. – respondió Uriel.
A partir de ese momento, todos los guías, ángeles y maestros que decidieron seguirme en esta encarnación, les puse a trabajar fuerte para que la humanidad pueda tener su ascensión y su apertura intergaláctica que es tal como el plan divino tenía que ser.
Como habían empezado los doce días sagrados, en Ávalon no tenía que volver hasta el 13 de Enero, por lo tanto con Gabriel y Uriel aprovechamos el viaje dimensional para irnos a Agartha. Después de pasar por el filtro de seguridad, caminamos por la sala pasando por todas las puertas de las naves y dirigiéndonos hacía la zona para ir a agarrar el metro, noté la mano de Gabriel que tocaba ligeramente mi mano derecha, le miré él me sonrió y yo le devolví la sonrisa.
- ¿Si querías venir a Agartha, podríamos haber ido tú y yo a solas, mi amor? – preguntó Gabriel.
- Lo sé, pero también le necesitamos.- dije.
Gabriel arrugó la frente y se puso serio cuando vio que entrabamos al andén nº5.
- ¿Telos? – preguntó Gabriel.
- Así es, pero nos bajaremos en la calle de la eternidad.- dije.
- ¿A dónde vamos? – preguntó Gabriel.
- ¡Ya sé a dónde! ¿A la Biblioteca Histórica supongo? – dijo Uriel con una media sonrisa.
Dije que si con una sonrisa, Uriel terminó de sonreír, mientras que Gabriel se mantuvo serio y silencioso. Cuando llegó el metro, agarré por la cintura a Gabriel, él me miró y entramos buscando tres asientos, pero solo encontramos dos asientos juntos y uno libre hacia el final del vagón.
- Siéntate con Uriel, yo iré al fondo. – dijo Gab, pero cuando dio un paso, le agarré de la mano y le detuve.
- No, quiero que estés a mi lado.- le dije.
- Gab, no se preocupen. Les dejo solos. – dijo mientras que se iba al fondo del vagón.
- Vale. – aceptó Gabriel.
Me senté en la ventana, y me puse los arneses de seguridad, esta vez nos tocaba ir de espaldas. Cuando me encuentro a su lado, se multiplican los sentimientos, me siento en casa con alguien que realmente le puedo ofrecer todo lo que soy, y él jamás traicionaría mi lealtad ni fragmentaría mi ser. Aunque las cosas eran de este modo, dónde una dimensión nos separaba a nivel físico, mis sentimientos eran muy claros, incluso a esas edades.
- No me puedo imaginar lo que debes sentir cuando decido volver otra vida en la Tierra, y saber que tú no puedes venir conmigo como si fueras un humano más.- le dije.
Gabriel me miró y me vi reflejada en sus ojos verdosos poderosos, que gritaban en silencio cada escena de nuestras vidas como si todo simplemente siguiese sin pensar en el tiempo de espera.
- Tengo práctica. – dijo sonriendo.
Resoplé y miré por la ventana, al ver los primeros vestigios de naturaleza de los Sistemas de Agartha. Noté como se acercó a mi oreja derecha con sutileza.
- Te echo de menos. – dijo.
Apenas podía aguantarme las ganas que me habían venido de llorar, solo escuchando eso. Quería mirarlo pero me bloqueé.
- Me da igual los nombres que tengas, solo me importas tú el SER que eres y que veo en cada vida, como se va despertando y transformando. – siguió.
Me agarré al pantalón como si dependiera mi vida.
- Deseo con mi último aliento, el momento de poder besarte y de sentirte parte de mí de nuevo, dure lo que dure, y tenga que esperar lo que sea, lo deseo con todo mi corazón. – confesó.
Quería mirarlo, pero noté como sus labios tocaban la mejilla derecha, y un sentimiento como de electricidad pasara por todo mi cuerpo al mismo tiempo que la piel de gallina se iba abriendo paso por toda mi piel.
- Ni te imaginas lo tanto que te amo, Laia. Jamás he amado a nadie tanto como a ti. – terminó de decir Gabriel.
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