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- Entonces, ¿qué sugieres que haga?- le pregunté.
- Has hecho lo más importante, darte cuenta de que ellos son conflictos que no resolviste en otras vidas, y por eso estamos aquí. Pero si sigues tomándotelo por la parte de venganza o víctima, lo que debes aprender no lo harás. Y el Karma seguirá su curso, tantas veces como sea necesario hasta que lo aprendas. – informó Uriel.
Me preocupaba que esto continuara años, así que sus palabras me captivaron el corazón y las escuché abiertamente.
- ¿Y si muero antes de aprenderlo?- pregunté.
- Tendrás que volver a la vida, y concluir lo que dejaste. – dijo Uriel, mientras que aprovechaba para hacer una pausa, se incorporó, mostró su mirada más compasiva con esos ojos color cafés, y prosiguió.- Esta batalla es tuya, solo tú puedes vencerla, pero nos tienes a tú lado, para ayudarte a entender todos los flancos, y llegar al meollo que necesitas aprender. – dijo Uriel.
Nos dimos un abrazo sincero y muy fuerte.
- ¿Crees que me tienen miedo?- pregunté.
- ¿Por qué lo piensas? – preguntó Uriel.
- No lo sé, pero a veces les engancho que me miran, y su mirada se ve que es de miedo. Como si yo hiciera algo que a ellos les aterra. – dije.
- No creo que sea miedo, amor. Pero les he visto, y la envidia también es traicionera. – respondió Uriel.
- ¿Envidia?- dije, Uriel dijo que si pero no concluyó con nada más. – Pero si soy la mujer más odiada del curso… ¿me tienen envidia, Dary?- dije arrugando la frente.
Volvió a decir que si con la cabeza, y nos quedamos en silencio.
- Soy yo la que tiene envidia de ellos.- dije.
Uriel arqueó las cejas y me miró a los ojos esperando una respuesta.
- Ellos son amigos, tiene con quien compartir sus cosas. Yo no. No tengo ningún humano. Solo a mis padres, pero tampoco es que sea lo más cómodo.- dije.
- ¿Acaso no te es suficiente nuestra amistad? – dijo Uriel.
- Claro que si. Pero eres un ángel, no un humano.- dije.
- Nací como humano, y luego me transformé en ángel. – respondió Uriel.
- Eso aún tiene que suceder, me dijiste que eras del futuro. Aún no has nacido.- dije.
- ¡Estoy aquí transformado en arcángel! He dicho, que primero fui humano, sí, lo fui en vuestro futuro en el año 2500 después de Cristo. Y luego, cuando alcancé la mayoría de edad, me transformé en ángel, en arcángel, retrocedí en el tiempo hasta los inicios, y aquí estoy. – dijo Uriel noté sus palabras algo indignadas.
Uriel se giró, noté que le había herido sin querer, no me dirigía la palabra, así que tiré mis dados.
- Soy el único arcángel que ha sido humano antes de transformarse. – balbuceó Uriel.
Le dejé hablar pero no lo hacía. Conté el resultado de mis dados, y cuando iba a pagarle por haber caído a una de sus propiedades…
- Mi historia también ha sido compleja, ¿sabes? No te la he contado, porque pensaba que apreciabas más nuestra amistad. – dijo.
- La aprecio Dary. Pero…- me interrumpió.
- ¿Pero? – me miró, estaba llorando, noté como mis palabras se quedaban en el esófago, intentando entender qué le pasaba.- Dios no me quería, al principio. Y mis padres biológicos no aceptaban mi decisión, y me dejaron de hablar por eones. Estuve solo durante el proceso de convertirme en arcángel. Fue muy doloroso. – balbuceaba Uriel.
- ¿Por qué no me explicas todo como ocurrió? – le pregunté.
Se secó las lágrimas con la yema de los dedos, al mismo tiempo que escuchaba como susurraba palabras en Arcturiano que no conseguí comprender. Me miró en el silencio, con su mirada más tierna.
- Nací el 14 de Enero del año 2500 después de Cristo, en lo que ahora ustedes llaman Europa, pero es muy diferente a la actual. Fui el tercer hijo de cuatro, de mis padres biológicos Antarel e Ivishka. – le interrumpí sin querer.
- ¿Antarel? Me suena mucho, ¿son de la hermandad?- pregunté.
- Así es, ellos trabajan con la Hermandad Blanca, en las naves del Comando Atemporal. Junto a mis hermanos y hermana. – explicó.
Me sonaban mucho los de ese Comando, sentía que quizás en alguna vida pasada estuve trabajando con ellos, pero no quise interrumpirle y escuché su historia con atención.
- Mi primer viaje en el tiempo lo hice cuando tenía doce años, nos fuimos a Egipto en Aswan, vimos cómo estaban construyendo el templo. Mi padre tenía que aconsejar al visir para que el templo tuviera el aspecto que ahora todos conocemos. Lo querían construir con forma puntiaguda pero mi padre les aconsejó que no, y al final le hicieron caso. – dijo Uriel.
- ¡Wow! Ese Comando tiene una responsabilidad muy importante, ¿no?- pregunté curiosa de mí.
- No despreciaba sus trabajos, pero sabía que pasarme la vida viajando por el tiempo, era algo que no me apetecía demasiado. Pero mis hermanos, lo hacían y cada uno tenían su lugar, pero yo no acababa de encajar. – explicó Uriel.
- Lo que me pasa a mi, ¿no? Que aquí en este tiempo no hay manera de encajar con nadie.- le dije.
Escuchar su pequeña carcajada provocó en mí que sonriera un poco.
- Al cumplir 17 años, y ser oficialmente mayor de edad, en un viaje que hicimos al primer tiempo de la Tierra, conocí por primera vez a un arcángel muy especial. ¿Te haces alguna idea de quién hablo? – preguntó.
- No sé… ¿Raffaello? – pregunté.
- Pues no. Conocí a Gabriel. En realidad, mis padres y mis hermanos bajamos de la nave para pasearnos por las calles de la ciudad más importante, pero yo me perdí con la multitud y acabé entrando en una posada, y dentro me encontré con él. – explicó Uriel.
Aunque no recordaba nada de las ciudades del Primer Tiempo, sentía en el corazón su existencia, aunque fuese en el horizonte de mis recuerdos más perdidos en ese instante.
- ¿Y qué pasó?- le pregunté, la curiosidad me concomía por dentro.
- Lo vi, con su túnica de dos piezas y sus alas brillantes con las puntas doradas, sentado en una mesa tomándose un vino. Me senté lejos, porque me abrumaba estar a su lado, pero tenía mucha curiosidad porque era la primera vez que después de que tanta gente hablase de él, me lo cruzaba de algún modo. – explicó con la misma emoción que un niño con zapatos nuevos.
- Realmente impacta la primera vez, a mí me pasó.- comenté.
- Le estuve observando por un buen rato, se le veía preocupado, arrugaba la frente, mientras que jugaba con sus dedos alrededor del vaso de arcilla dónde tenía el vino. En un momento que levantó la cabeza, vi que tenía una herida en la ceja, y por lo sucio que le veía, venía de un combate. Me quise acercar, pero la timidez me retuvo sentado en la distancia, pensaba que esperaba a alguien, pero de repente, se tomó su vino de golpe, se levantó y se marchó. Me picaba tanto la curiosidad que me fui detrás de él. – dijo Uriel.
Arrugué la frente pensando el posible combate que habría podido tener, sentía que me sonaba, pero por los detalles que había compartido Uriel no terminaba de sonar.
- ¿A dónde se fue?- le pregunté.
- Le seguí por varias calles, pero al final lo perdí en una pequeña plaza con una fuente con un dragón blanco en el medio. Me acerqué a la fuente, al mismo tiempo que me sentía como si hubiese perdido mi oportunidad, cuando de repente noté unos pasos detrás, me giré y allí estaba mirándome todo serio directamente a los ojos, y con la mano derecha en la empuñadura de la espada, mientras que dudaba de si tenía que defenderse o no. – dijo Uriel.
- ¡Wow!- dije.
- Me preguntó < ¿Quién va?> y yo le dije levantando las manos en señal de paz < ¿Eres Gabriel?> él con su mirada me desafiaba, y dijo < ¿Quién lo pregunta?> y yo le dije <Mi nombre es Uriel, hijo de Antarel. Vine a hablar contigo>. – dijo Uriel.
A pesar de que tenemos una imagen muy hermosa del arcángel Gabriel, en realidad, durante las guerras del Primer Tiempo él desconfiaba mucho de los humanos. Suerte que ha aprendido a confiar más, porque sino nadie tendría tanta curiosidad de intentar comunicarse con él directamente.
- Enseguida dejó la mano de la empuñadura de su espada y le cambió el rostro por completo, a una mirada mucho más amable, me tendió la mano y le respondí de la misma manera, y dijo <Esperaba tú llegada, amigo>. Me quedé sin palabras, y por un instante pensé que Dios me vio venir, pero cuando le iba a preguntar él me dijo <Me dijiste que llegarías tarde, pero no pensé que tanto>. – explicó Uriel.
- ¿No fue tú primera vez con él?- le pregunté dudando.
- Así fue, pero resulta que mi yo de un tiempo de más del futuro, le había hablado de ese primer encuentro. – confesó.
- Claro, la paradoja temporal. – dije.
En IÓN nos dieron clases sobre posibles efectos adversos de viajar en el tiempo, uno de ellos era una explicación muy razonable de lo qué son en realidad las famosas paradojas temporales. Su respuesta es más fácil de la que pueden llegar a determinar los físicos teóricos, según los Maestros Ascendidos y los Ancianos de Venusha (Venus), cuando se presenta una paradoja temporal, significa que Dios te dio ese camino y tú lo elegiste y seguirás así mientras vayas cerrando el círculo.
Si Uriel en su futuro de aquel tiempo, ya había mantenido una conversación con Gabriel, advirtiéndole de su primer encuentro. Significa que su destino ya estaba fijado, significa que Uriel tenía que ser Arcángel, porque Dios lo permitió, dio las chances para que él se convirtiese en lo que es ahora.
HR.
HERO&Corporation.

