lunes, mayo 04, 2026

El Espejo De Mi Vida - Capítulo 233 [3T]

 *Después de un mes de abril complicado en el trabajo, retomamos esta serie basada en hechos reales. Si te has perdido y lo quieres volver a leer des del principo, también estamos en Wattpad. Si en cambio te gusta todo el tema de la espiritualidad, los ángeles, karma, etc... también estamos en Youtube. Y si quieres contenido exclusivo, también estamos en Patreon.

Las calles de esa ciudad de Agartha me parecían muy familiares, pero tan solo no recordaba por qué, pero reconocí el banquito de piedra de la pequeña placita, el arco de flores rosas que rodeaban esos jardines, y una pequeña taberna al fondo. Pero cuando la vi sentada en el banquito, el corazón latió con mucha fuerza, de alguna manera la reconocí.

-      ¿Cuál es su nombre?- le pregunté con la voz entre cortada.

-      Se llama Tauriel.- dijo Gabriel.

Empecé a emocionarme, di un paso hacia adelante, pero Gabriel me frenó y me obligó a esconderme.

-      En realidad no podemos hacer esto, ahora mismo estoy incumpliendo un montón de reglas llevándote a ti. – dijo Gabriel.

-      ¿Desde cuándo te saltas las reglas?- le vacilé.

-      A veces, son por una buena causa. – bromeó sincerándose.

-      Es la misma que vi, aquel día en el departamento.- dije.

-      ¿Cómo dices? – preguntó curioso Gabriel.

-      Aquel día que fui al departamento aquel, el que hablamos el otro día, vi a esta chica que entró en la casa y se puso en una de sus habitaciones. Técnicamente la espié ya que dejó la puerta entre abierta y claro…- confesé.

-      Ay granujilla… - bromeó.

-      ¡Qué nombre tan bonito!- dije desviando el tema.

-      Si… en realidad lo elegiste tú. Es el nombre de una de tus madres que más te han marcado en una vida pasada, te prometiste a ti misma que tú primera hija le pondrías su nombre, y cuando ocurrió, a mí no me pareció mala idea. – explicó Gabriel su tono era nostálgico.

-      Es rubia como tú, y tiene los mismos ojos que tú.- le dije.

-      Pero por dentro, te puedo asegurar que Tauriel es muy parecida a ti, guerrera y muy inteligente. – explicó.

Entonces Tauriel se levantó del banquito y empezó a caminar dirección a la taberna, allí se abrazó con un chico también rubio con el pelo más liso pero igual de largo y los ojos de nuevo verdes.

-      ¡Ah qué bien! – dijo Gabriel.

-      ¿Quién es?- pregunté curiosa.

-      Ese de ahí es nuestro tercer hijo Axel, seguramente que habrán quedado para desayunar. – explicó Gabriel.

Miré el reloj, y vi que eran las doce del mediodía.

-      ¿A estas horas?- dije.

-      En Agartha los horarios son diferentes, pensaba que ya lo sabrías, con la cantidad de años que hace que viajas aquí.- respondió Gabriel.

-      No me acostumbro, allí arriba todo es tan caótico y aquí tan fácil…- dije.

-      Aquí lo hacemos fácil, porque todos estamos conectados con la esencia, allí arriba la mayoría están perdidos y los que deberían ayudar, muchas veces se cuestionan si es lo correcto o no. – comentó Gabriel.

-      Vivo allí arriba y los entiendo, pero… siempre dudan de sí mismos. ¡Es horrible! Así no llegarán nunca a hacer lo correcto.- dije.

-      Para eso estás allí arriba, para recordarles que sí pueden hacerlo y que sí valen más que el oro, cómo ellos dicen, ¿no? – explicó Gabriel.

Le miré a los ojos, nos sonreímos y seguimos observando.

-      Cuéntame algo más de ellos, por favor.- le dije.

-      Está bien. – dijo haciendo una pausa, los miró y prosiguió.- Tauriel es nuestra hija más grande, ella actualmente trabaja en el templo de la transmutación, trata de enviar energía a la superficie para aquellos humanos que necesiten trascender conflictos. – explicó Gabriel.


Me quedé atónita escuchando lo qué hacía, quizás no estaba preparada para escuchar algo tan hermoso, ¿trabajan con energías aquí? ¡Wow!

-      ¡Wow! Se ve que es muy buena persona, ¿no?- dije.

-      Si, lo es… pero no cómo tú piensas. – comentó.

-      ¿A qué te refieres?- pregunté.

-      ¿Me identificas como un humano? – preguntó.

-      Em… no… tú eres un arcángel. ¿Por qué?- dije arrugando la frente.

-      Por qué ellos no son humanos. – dijo.

Les miré pero no vi las alas…

-      ¿Son… ángeles?- dije atónita.

-      Así es, mi amor. – respondió Gabriel.

No pude articular palabra.

-      ¿Estás bien? – preguntó Gabriel cuando me vio que me había sentado en el suelo, él se agachó y me dio la mano.

-      Si… solo que me ha impactado que sean ángeles. Por eso están aquí, ¿no?- dije.

-      Si te refieres al trabajo, no. Podrían estar perfectamente en la superficie pero de la quinta dimensión. – dijo Gabriel.

-      No, me refiero a que seguramente que son… ya sabes…- dije no me salía la palabra.

-      ¿Inmortales? – pregunté.

Dije que si con la cabeza, intentando respirar una bocanada de aire.

-      Si, lo son. – respondió Gabriel.

¿Cómo te sentirías si tus hijos que creaste en otra vida, fueran inmortales? Es decir, tú mueres, pero en cada vida ellos siguen siendo iguales. A mí la noticia me enganchó mal, solo recuerdo que me preguntaba a mí misma ¿por qué ellos lo son y yo no? Y siempre me venía la condición humana en medio… tener que ir viviendo vidas y vidas, mientras que mis hijos y Gabriel tenían que seguir esperándome entre una de mis vidas y la otra.

-      ¿Cuánto llevan esperando ellos a que vuelvan conmigo como su madre? – pregunté.

-      Casi cuarenta años terrestres, amor. – respondió Gabriel.

-      ¿TANTO?- dije alzando la voz.

Gabriel me tapó la boca con su mano y miró alrededor nuestro a ver si alguien se había percatado de algo. Pero mi atención se fue directamente al olor de su piel, era un olor que me invitaba a quedarme pegada a su piel para siempre, tenerlo tan cerca el corazón me mandaba señales con muchas ganas de darle un beso en todo sus morros y dejarnos llevar por la pasión.

-      ¿Podemos ir a otro sitio por favor?- le pedí sacándole la mano de mi boca.

-      Claro. – dijo.

Él se levantó y yo también, empezó a caminar hacía el camino que habíamos hecho, pero yo en vez de ir con él, empecé a correr en dirección contraria, a medio camino escuché como intentaba no gritar muy alto mi nombre, porque yo me estaba dirigiendo hacía ellos, hacía mis hijos.

Tenía la esperanza de que me reconocieran, les quería dar un abrazo y pedirles perdón por tener que esperar tanto tiempo para volver con su madre. Pero cuando los tuve delante, y me paré en seco delante de su mesa… me paralicé.

-      ¿Hola? – dijo Tauriel.

El corazón se me aceleró tanto que empecé a sudar y las palabras no había manera de que salieran. ¡Ay, madre! ¿Qué me estaba pasando?

-      ¿Te pasa algo, necesitas algo? – dijo Áxel.

¡Puta timidez!

-      ¿Te has perdido? – dijo Tauriel, me agarró del brazo.

Dije que no con la cabeza.

-      Entonces… - dijo Tauriel pero le interrumpí.

-      Lo siento mucho. No quería que pasara así. Trato de que todo salga mejor. – dije.

-      ¿Salir el qué? ¿Cómo te llamas? – preguntó Áxel.

-      Soy… soy… soy…- traté de decirles que era su madre, pero se me trababa la lengua.

-      Tranquila, respira. – dijo Tauriel.

Encima de la mesa tenían un vaso con algo que parecía agua.

-      ¿Es agua?- pregunté.

Dijeron que si con la cabeza, así que agarré el vaso y me lo bebí de un sorbo.

-      ¿Mejor? – dijo Áxel.

Dije que si con la cabeza.

-      No dejen de tener esperanza, ¿de acuerdo? Si lo prometí, lo voy a cumplir.- dije.

Se quedaron mirándose y yo aproveché para salir corriendo de vuelta con Gabriel que tenía una cara de que me había puesto en líos muy graves.

Empezamos a discutir Gabriel y yo, mientras que salíamos de allí.

-      ¡Merj!- dijo Tauriel.

Gabriel y yo nos quedamos parados, nos giramos y allí estaban Tauriel y Áxel que me habían seguido. Identifiqué la palabra que había dicho Tauriel, significa papá en Arcturiano, es el idioma oficial de Agartha.

-      ¿Merj qué haces aquí? – preguntó Áxel.

-      Hola, hijos. – respondió Gabriel.

Vi como Gabriel intentaba explicarse pero no sabía ni por dónde empezar, así que hice un paso adelante.

-      Perdón. No quería hacer esto. Ha sido idea mía irles a visitar. – dije.

-      Laia… ¡no lo digas así! – dijo Gabriel.

-      ¿Eres tú, de verdad? – preguntó Tauriel con lágrimas en los ojos, se acercaba lentamente hacía a mí.

-      Tauriel, no deberíamos estar aquí. Pero… si. Ella es…- dijo Gabriel.

-      Danna.- dijo Tauriel.

-      ¿Cómo?- dijo Áxel también emocionado.

-      Si, ella es vuestra madre.- lo confirmó Gabriel.

Identifiqué de nuevo que Danna significa mamá. Cuando resonó esas palabras en mis orejas, también me emocioné. No lo pude evitar, nos dimos un abrazo los cuatro juntos.

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