viernes, febrero 06, 2026

El Espejo De Mí Vida - Capítulo 227 [3T]

 

Él no iba con nadie, estaba solo, así que decidí mejor quedarme con Uriel, porque no sabía cómo lidiar con la situación. Además la última vez que nos vimos durante la fiesta en Ávalon, casi nos íbamos a besar y esa sensación de sentir que quiero besarle y él también, pero no lo hace porque aún ve que no es el momento, me dolió más.

Quería fingir que era producto de mi imaginación, aunque verlo y saber que realmente estaba ahí me dolía tanto, que fingir anestesiaba un poco mis sentimientos.

-      ¡Estoy hecha un lío, Dary!- dije.

Uriel prestó atención.

-      Por un lado, estoy enamorada de Gabriel, y por el otro, estoy enamorada del chico de ojos verdes. ¡No sé qué hacer! Por qué además, ambos dicen lo mismo, <aún no estamos preparados> pero yo me muero por los dos… ¿Por qué todo es tan complicado? Y lo más difícil de todo, ambos viven en otra dimensión, ¿por qué me duele tanto?- confesé.

-      Ya veo. – dijo haciendo una pequeña pausa.- ¿esos besos te han vuelto loca, verdad? – dijo.

-      No sucedieron, pero si. Loca de remate.- dije.

-      Ambos tienen mucho peso, el chico de ojos verdes, porque es tú llama gemela, aquel amor en que en cada vida te has ido enamorando, casando y teniendo hijos. Y Gabriel siempre ha sido un gran apoyo para ti, y ahora resulta que es algo más. ¿Qué crees que hay detrás de ello? – informó.

-      ¿Detrás? Solo veo que en unos meses cumpliré 14 años, y estoy en medio de todo. Del odio en clase, del odio de los profesores, la soledad de mis padres, y del amor de estas dos personitas dimensionales. Estoy en medio de todo, y me estoy agobiando mucho.- confesé.

-      El universo te presiona, para que te des cuenta de las cosas que te suceden y decidas qué si y qué no quieres en el camino de la vida que se te ofrece a través de la encarnación en la que te encuentras, mi amor. Esta presión, es tú cuerpo y tú alma revelándose de aquello que realmente no quieres tolerar más. – explicó Uriel.

-      No quiero más, el odio en clase, ni el de profesor. Me gustaría tener amigos.- dije.

-      ¿No te das cuenta que tú cuerpo no los quiere? Ese rechazo que sientes hacía ellos, es porque notan quién eres. El miedo les colapsa de tal forma, que se alejan porque piensan que así están seguros. – dijo Uriel.

-      ¿O sea que tienen razón, soy un bicho raro? – dije con el tono brusco.

-      Son solo puntos de vista, ¿te consideras un bicho raro? – preguntó Uriel.

Le miré pero me callé.

-      No entiendo por qué me ven tan diferente. ¿Realmente lo soy? – dije.

-      Mira los años que tienes, y mira con quién estás hablando. También fíjate, que gracias a que elegiste esto, fíjate en el mundo que puedes ver sin ninguna condición y sin ninguna excusa. Te estamos ofreciendo todo lo que somos, solo porque tú eres parte de él, parte de dios, y parte del universo. Pero lo elegiste tú misma, elegiste seguir este camino, aceptando las consecuencias que eso conllevaría, ¿no lo recuerdas? – dijo Uriel.


Me puse a pensar un momento en silencio en sus palabras, y poco a poco me fueron convenciendo. Me detuve a una esquina de la barandilla, mientras seguía pensando, pero el chico regresó.

-      ¿Por qué no quieres patinar conmigo, Laia? – preguntó indignado.

-      Ya estoy acompañada, gracias.- dije bruscamente arrugando la mente.

Se me quedó mirando arrugando la frente también, aunque miró a Uriel esperando una respuesta que no le dio.

-      He venido por ti. Te echo de menos. – dijo el chico.

-      ¿Quieres hablar?- pregunté.

-      Si. – respondió bruscamente.

-      Entonces, ¿por qué juegas conmigo?- dije enojada.

-      ¿Cómo dices? – se sorprendió el chico.

-      Tus sentimientos hacia a mi son claros, pero a la hora de la verdad… siempre hay algo que no acaba sucediendo. ¿Por qué juegas con mis sentimientos? ¿Sientes algo por mi, si o no? – dije.

Se quedó boquiabierto sin decir nada, mirando a Uriel de vez en cuando, como si la presencia de Uriel le molestara.

-      Creo que deberían hablar ustedes solos… me retiro un momento…- dijo Uriel, pero a la que intentó moverse, le agarré del brazo y le obligué a quedarse.- o mejor me quedo…- terminó algo avergonzado.

-      ¿Y bien?..- dije mirando al chico.

-      No…- susurró.

Cuando escuché la respuesta, noté un puñal en el corazón, acto seguido me fui de ahí patinando. Tenía muchas ganas de llorar, pero intentaba no darle ese placer, pero de repente alguien me agarró de la mano, tiró de mi con la mala suerte de que caí encima de él, del chico, me agarró con fuerza y nos quedamos mirándonos a los ojos hipnóticos en silencio.

 

-      Mis sentimientos son claros. No puedo dejar de pensar en ti, no puedo dejar de desear probar tus labios. No puedo vivir sin saber de ti. – dijo.

Le miré a los labios pero cuando nos íbamos a besar, él interrumpió.

-      Pero, es complicado. – dijo.

Intenté levantarme pero él no me soltaba.

-      Es complicado, porque estamos bajo un juramento, ¿no lo recuerdas? – dijo.

-      ¿Juramento? – repetí extrañada.

-      Antes de nacer, juramos esperar a que el consejo del SETHI diera visto bueno para poder dar rinda suelta a nuestro amor. Lo firmamos los dos, y prometimos que pasara lo que pasara, esperaríamos. – explicó.

No me sentía raro lo que decía, de hecho me vinieron recuerdos de golpe de él y yo firmando en pluma y tintero un contrato, ¿era eso?

Entonces me soltó, nos pusimos de pie, Uriel ayudó un poco la verdad.

-      ¿Dónde está ese Consejo? ¡Quiero hablar con ellos!- dije exigiendo.

-      Cuando vengas, te lo enseñaré. – respondió.

Acepté en ese momento nos llamaron por micrófono que teníamos que salir. Nos quitamos los patines, volvimos a ponernos los zapatos, y cuando ya estábamos fuera, él se fue por la calle san Jordi, ni nos despedimos pero sentía dentro de mí que tenía que ir detrás de él, así que lo seguimos.

Pasó por la calle San Jordi, la Pasión, Torrent i después de la rotonda que hay detrás del museo industrial del Ter… estaba oscuro, no pasaba ni el tato por la calle, cuando nos escondimos Uriel y yo en la esquina de la rotonda… cuando vimos que el chico estaba caminando por en medio de la calle, fijándose que nadie le viera, como si estuviera a punto de hacer algo que nadie podía ver.

Recuerdo que se detuvo en medio de la calzada, cerró los ojos y con la mano derecha apuntaba hacia delante de él. Vi como de repente apareció aire, y acto seguido delante de él se abrió un portal redondo de luz muy grande, tan grande que parecía de día una vez más. Al otro lado, se veía la misma calle pero algo diferente… la calzada era de adoquines en vez de alquitrán normal. Entonces, pasó ese portal y antes de que pudiéramos ir hacía él, se cerró.

La oscuridad y el frio nos volvió enseguida, mientras que estábamos atónitos a mitad de la calzada, intentando ir dónde había abierto ese portal, pero todo había desaparecido tan rápido que incluso cualquier persona pudiera haber pensado, que fuese un sueño.

-      ¿Qué ha sido eso?- dije atónita.

-      Se ha ido a casa. – respondió tan pancho Uriel.

De camino a casa, mi mente intentaba no dejarse ningún detalle, reviviéndolo en bucle. Jo-der… habíamos sido testigos de algo tan bello… y a la vez tan secreto… empezaba a pesar bastante el consejo de los ángeles que nadie tenía que saber nada, hasta que fuese seguro, porque en ese mismo instante me hubiese gustado hablarles a los demás de lo que acababa de presenciar. Pero el silencio es un precio muy caro que no se puede pagar con dinero.

-      Soy un bicho raro para los demás, pero este privilegio de poder hacer y ver todo esto, realmente esto da mucho sentido a todo. Gracias vida.- dije con mi mejor sonrisa de complicidad antes de entrar en casa y fingir que había sido un día como cualquier otro.

-      Aunque no esté prohibido por nadie, es agradable verte así. – respondió Uriel.

Pasaron dos días, después de almorzar llamé a mi prima Sofía para quedar, era el último fin de semana antes de las vacaciones navideñas. Me sabía el número de memoria de su teléfono fijo, así que lo marqué y esperé, al otro lado respondió la María Carmen, su madre, que enseguida me pasó con la Sofía.

-      ¡Hola!- dije contenta.

-      Hola.- respondió ella más apática.

-      Em… ¿Tienes planes para esta tarde?- pregunté.

-      No, lo siento, pero no puedo quedar hoy… tengo mucha tarea de matemáticas…- dijo.

-      Oh,… ¿no saldrás ni una hora ni nada?- dije.

-      No, no, lo siento.- dijo.

-      Bueno, ok.- dije.

Ella dijo adiós y colgó el teléfono enseguida. La verdad es que me tocó un poco, porque siempre no había ningún problema, pero lo comprendí y me adapté. Así que me acordé que tenía que ir a comprar el regalo del amigo invisible esa tarde, podría aprovechar ya que no tenía ningún plan más.

Hacía las siete de la tarde, decidí salir de casa e irme a la plaza de abajo, mientras de camino iba pensando en la obligación que me habían metido mis compañeros de clase. No lo entendía, me odiaban y además se empeñaron junto con la tutora en celebrar el famoso amigo invisible.

-      ¡De verdad… además les tengo que hacer un regalito!- me quejé.

-      ¡Qué tradiciones más falsas tienen los humanos! – comentó Uriel.

-      Y que lo digas.- respondí.

En la plaza había una tienda (que ya no está) llamada PAPERS, allí era fantástico para regalos invisibles, porque eran baratos y muy bonitos. Me costó un poco elegir, porque además no conocía bien a la persona que me había tocado (diría quién me tocó, pero no lo recuerdo), al final creo que compré un peluche chiquitín de 5€ y ala…

Al salir, había mucha gente patinando, así que me acerqué a la pista por la zona de la Ludoteca, que habían hecho un pasillo con tablones de madera. En ese momento escucho gritos de un grupo de chicas y chicos a mi izquierda, cuando giré la cabeza para mirar qué ocurría, me quedé quieta, en shock completa, al ver a mi prima Sofía con sus amigos y amigas de clase, gritando de alegría por algunos amigos que estaban patinando dentro de la pista. 

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