El Espejo De Mí Vida - Capítulo 241 [3T]

 

Intenté escapar, pero su fuerza me lo impedía, le miré a los ojos, entonces su nariz rozó suavemente la mía, y de repente se me acortó el aliento.

-      ¿Por qué me has empujado? – susurró.

A él también le costaba respirar con normalidad, el roce de nuestras narices había encendido una pequeña chispa que sentí en el pecho. Entonces, él miró un momento mis labios y me volvió a mirar a los ojos.

-      No…- intenté decir algo más pero no me salía, él me miró.

-      Respuesta incorrecta. – susurró.

-      Gabriel…- dije, se me subieron los colores y de repente en mi pecho parecía agosto.

-      Te escucho, Laia. – volvió a susurrar.

-      Deberías tratar bien a la humanidad.- le dije.

Gabriel abrió los ojos como dos naranjas, pero entonces arrugó la frente mirándome.

-      ¿Dudas de mi trabajo? ¡Llevo eones cuidándolos! – dijo mosqueado.

-      Antes, te has reído de una desgracia.- le dije.

Él separó su nariz de la mía, bajó la mirada y se puso a reflexionar en silencio.

-      ¿De una desgracia? ¡Jamás! Pero me da rabia como ella te trata a ti, ¿sabes? Si fuera por mí, me aparecería ante ella y le recordaría ciertas cosas. Pero mi padre me lo tiene prohibido, si quiero permanecer a tú lado, debo quedarme invisible ante humanos que desprecian a otros para sentirse mejores. – respondió.

-      ¿O sea que ese es el precio?- pregunté.

-      Si. – dijo Gabriel frustrado.

Él agachó la cabeza.

-      Los humanos no me pueden ver, si eso ocurriera, tendría que regresar con Padre de inmediato. – explicó.

Se me cortó la respiración, pero sentí un golpe tan fuerte en el corazón, que mis sentimientos cambiaron a tristes.

-      No, no te vayas.- le dije, me lancé y le abracé por la cintura, él me agarró fuerte.

-      No me iré, jamás. – prometió, al mismo tiempo que me dio un beso en el nacimiento del pelo.

-      Si te vas, me voy contigo.- le dije, él me miró directamente a los ojos, mientras que me acariciaba la mejilla izquierda.

-      No me iré. Quiero permanecer a tú lado, y debes estar aquí. Cumpliré los decretos de Padre, pero llegará un momento en que eso cambiará. Deseo más que nadie, estar a tú lado. – confesó Gabriel.

Deseaba besarle, pero escuchamos un ruido a lo lejos, nos asustamos y nos apartamos de inmediato, al ver que no era nada, seguimos caminando hasta secretaria y volvimos a clase.

Pasaban los días en clase, y veía que Núria estaba siendo ignorada por Clara, me venían ganas de darle un guantazo y decirle cuatro cosas, pero si a voluntad de Clara era ignorarla, ya me está mostrando como es su sistema egoísta y está claro que ella no quería ni relacionarme. Un día que volvía del patio, Uriel desapareció y Gabriel estaba a mi lado, subimos a clase…

-      ¿Dónde se ha metido Uriel?- pregunté.

-      Me ha dicho que iba al baño un momento. – dijo Gab.

Estábamos en medio de las escaleras del patronado con la multitud sin poder ir hacia atrás, así que seguimos hacía adelante hasta llegar al pasillo de segundo. Pensaba, Uriel saldrá del baño del patio y verá que no hay nadie y subirá solo, pero al entrar a la clase, Uriel estaba sentado en mi lugar.

Me senté cuando vino la Dolores, tocaba tutoría.

-      ¿No ibas al baño, hermano? – le preguntó Gab.

-      Así es, pero he escuchado el timbre y he subido por la otra escalera. – respondió Uriel.

La Dolores dejó sus cosas encima la mesa, y desde la tarima caminó a la mitad de la pizarra en jarras, mirándonos en silencio, la clase se quedó igual esperando a que ella dijera algo…

-      Aprovecharemos que es tutoría para cambiar lugares, y cambiar incluso la posición de las mesas!- dijo.

La gente se alegró, yo también. Pusimos las mesas en plan clase universitaria, todos juntos en diferentes filas, y nos empezaron a cambiar, curiosamente me habían puesto en segunda fila al lado de la ventana y de compañera tenía a la Núria.

Nos caímos super bien enseguida, compartimos muchas cosas y por primera vez ir al colegio no me parecía tanta tortura. Pero a la hora del patio no nos hacíamos porque iba con la Sandra y a mi ella, no es que me cayera especialmente bien. Núria realmente era una chica fantástica, cómo podían haberle hecho tanto daño tanta gente, por favor!!

-      Me alegra que hables tan bien con mi protegida, querida. – dijo un ángel con el pelo rubio, le miré estaba agachado para que no tuviera que hacer ningún esfuerzo exagerado.

-      Se merece lo mejor, es majísima. – le dije.

-      Disculpa mis modales, yo soy el ángel Rochielle, el ángel guardián de Núria. – dijo mientras me daba la mano, la acepté.

Le tuve que dar la mano por debajo de la mesa, para que nadie del aula se percatara de que le hablaba al aire, de nuevo.

-      No debes de qué preocuparte por mis formas, siempre trataré bien a Núria.- le dije.

-      No lo dudo, pero quería mostrarte mis respetos. Hablan muy bien de ti. – dijo.

Gabriel carraspeó y miró a Rochielle con seriedad.

-      Disculpa, no quería molestarte. – dijo pero cuando se fue para levantar, le toqué la mano y él frenó me miró.

-      Está bien. Pero si Núria crees que me necesita, te ruego que se lo cuentes a Gabriel, él me lo habrá saber, sobretodo si estamos en clase. – le dije.

Aceptó con un gesto con la cabeza, le solté y se fue. Miré a Gabriel le sonreí aunque él seguía con su mirada seria siguiendo a Rochielle que regresaba al lado de Núria.


Dos noches más tarde, seguíamos estando en los días sagrados así que las clases en Agartha seguían sin volver a la normalidad. De madrugada salí de mi casa en brazos de Gabriel por la ventana, me llevó al piso de Jofiel, habíamos quedado ahí porque nos había prestado una de sus habitaciones para vestirnos para la ocasión.

En cuanto llegué a la habitación y vi sobre la cama de matrimonio tendido encima los dos trajes oficiales de la ODSMA delante de una reunión de estas magnitudes, me quedé abrumada. El traje de la derecha era para Gabriel el de la izquierda era el mío, me acerqué y toqué el traje azul y verde, una túnica con el abdomen y la espalda de armadura, dibujé una pequeña sonrisa en mi rostro recordando.

-      ¿Te ayudo o ya te acuerdas de cómo va? – preguntó Gabriel, mientras se quitaba la camiseta de la túnica y sacaba a relucir sus abdominales impecables.

-      Me estaba riendo, que hace mucho tiempo que no me pongo esta túnica. Tengo muy buenos recuerdos de ella, ¿sabes?- le dije.

-      No me extraña, ahí está casi toda nuestra vida, amor. – comentó, se quitó los pantalones de la túnica y se quedó en calzoncillos.

-      Disculpa…- dije girándome por vergüenza.

Escuché la risita de Gabriel, mientras que sus pies descalzos caminaban hacia a mí, noté su presencia a pocos centímetros, su calor corporal me invadió y por un segundo un color rosado se me presentó en la mejillas.

-      No me importa que mires, pero no me iré. – susurró.

-      Así no puedo cambiarme.- le dije.

Volvió a sonreír, noté sus labios que me besaban el final del cuello, noté la electricidad que me recorría por el cuerpo, respiré profundamente y me mordí el labio inferior.

-      Lástima, casi no me acuerdo de cómo es tú cuerpo en esta vida. – susurró dándome otro beso.

Le di un codazo en el estómago, se quejó.

-      Supongo que el juramento, tampoco debe permitir esto.- dije.

-      No hay ninguna cláusula sobre mirar, pero si sobre tocar. – explicó.

Me giré, sus ojos estaban tan cerca que me impresionó, él aprovechó para rodearme por la cintura, caminé hacia atrás y él hacía a mí lentamente, hasta que mi espalda tocó la pared. Él sonrió mirándome a los ojos, con el pulgar me tocó la barbilla y tiró suavemente hacia arriba, notaba su aliento acelerado.

-      ¿Por qué me obligaste a firmarlo? Porque ahora mismo, nuestros cuerpos volverían a casa. – susurró con pasión.

-      ¿Volver a casa?- dije arrugando la frente.

Gab volvió a sonreír ligeramente.

-      Venimos del paraíso. – dijo.

Giré la cara y él me dio un beso en la mejilla, de nuevo la electricidad recorrió desde la mejilla, hasta el cuello, el pecho, el estómago, y…

-      Te echo tanto de menos, mi amor. – susurró mientras me daba besos al pronunciar cada palabra.

Tragué saliva, pero mi cuerpo ardía jamás lo había sentido así. Lentamente coloco una de mis manos detrás de su nuca, al tocarle el cuello, le escuché gemir, fue entonces cuando le jalé del pelo obligándole a tirar la cara para atrás.

-      Echa el freno.- le susurré.

Me miró y sonrió burlón, me agarró con fuerza la cintura hacia él, notándole tan firme, que abrí la boca pero no emití ni un sonido.

-      Qué lástima… pero… - dijo suavemente volvió a acercar la cabeza, cuando vio que había dejado de tirarle, sus labios quedaron delante de los míos, me miró.- algún día volveré a recuperarlos. – sonrió burlón y me soltó, se echó varios pasos hacia atrás y siguió vistiéndose.

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