El Espejo De Mí Vida - Capítulo 240 [3T]

 

Le miré a los ojos, pero no me salieron las palabras, le miré a los labios y él hizo lo mismo, pero ni él ni yo dábamos el paso.

-      Te amo. – dijo Gabriel al mismo tiempo que se abalanzó hacía mi hasta que nuestras frentes se rozaron, vi que cerró los ojos y yo le copié.

-      No tengo palabras, Gab. Pero siento lo mismo que tú. Lo sé. Siento como el fuego me inunde el corazón y des de la garganta solo pudiera decirte <te amo>.- dije sin pensarlo antes, enseguida noté lo ñoño que se escuchaba, pero escuché el ligero ruidito que él hacía al sonreír ligeramente, porque le había parecido algo muy hermoso.

Nos abrazamos muy fuerte.

-      ¿Hay alguna posibilidad de que algún día vengas a vivir a mi dimensión?- le pregunté.

-      Me haría muy feliz estar contigo en la misma dimensión, pero no es tan fácil, amor. ¡Ojalá no fuera un arcángel tan solicitado! Pero tengo obligaciones en las dimensiones sutiles. – explicó decepcionado.

-      Entiendo. Pero ¿Habrá alguna posibilidad de que esto no sea tan difícil algún día? Me refiero a que nadie sabe de tú existencia en mi dimensión, pero me muero de ganas de poder compartirlo con alguien.- dije.

Gabriel retiró la frente de la mía, abría los ojos y nos miramos directamente.

-      Es peligroso que hagas eso, mi amor. Todavía la humanidad no está preparada para algo así. Sé que sufres, pero encontraremos la forma. – dijo Gabriel.

-      El día que me den permiso, la humanidad ni se imagina lo que le espera.- comenté para hacerme la graciosa.

-      Cuando eso ocurra, estaré a tú lado para dar fe de ello. – comentó Gabriel mostrando su sonrisa más graciosa.

Le di un beso en la mejilla y él hizo lo mismo. Entendí que el beso en los labios aún no puede ser, por ese juramento del SETHI. Enseguida nos dejamos de abrazar, en cuanto el metro paró en la siguiente parada y aún no nos tocaba irnos, nos quedamos agarraditos de la manito.


La visita a la Biblioteca Histórica de Telos fue un desastre, encontramos miles de millones de informes pero ninguna decía absolutamente nada sobre esta oscuridad repentina de la humanidad. Salimos de allí con la mente cansada, pero de mi parte llevaba un cabreo importante.

-      Tenemos que volver o sino llegarás muy tarde a la tercera dimensión, mi amor – dijo Uriel.

-      ¡Me da igual, Dary! Necesito comer algo, ¿vamos a la taberna? – dije.

Caminamos dos calles hasta encontrar una dónde nos sentamos fuera en la calle, nos pedimos Gab y yo el desayuno de la casa y Uriel se pidió torta fritas acompañado de jugo de frutilla.

-      ¡Qué fiasco! – dije.

-      Si nos compartas qué estás buscando a lo mejor nuestra ayuda valdrá más la pena, mi amor. – insistió Gabriel.

-      ¿De verdad que no existe ningún registro de porque la humanidad no pudo alcanzar su iluminación al pasar al siglo XXI?- pregunté.

Tanto Gabriel como Uriel se pusieron a pensar en ello, yo les miré, pero la frustración que sentía por dentro me mataba por segundos.

-      ¡Me habían dicho que la Biblioteca Histórica de Telos es la más antigua que tenemos! ¿Por qué no hay ningún registro de lo que buscamos?- sin querer estaba gritando.

-      Vale, vale… pero haznos un favor, Laia. No grites.- dijo Gab.

La mirada asesina que le hice a Gab le hizo callar.

-      ¡De acuerdo! Vamos a calmarnos un poco, respecto a lo que dices, conozco a alguien que nos puede ayudar. – Informó Uriel.

-      ¿Quién? – Preguntó Gab.

-      El único testigo que tenemos del momento en que la humanidad fue a peor. – dijo Uriel.

Gabriel alzó las cejas en señal de sorpresa, yo les miraba no atinaba de quién estaban hablando.

-      ¿El Irlandés? – preguntó Gab.

Uriel dijo que si con la cabeza.

-      Esperen, ¿hay un testigo?- pregunté.

-      Si, pero aún no vive en Agartha y vive en tú dimensión… no podemos ir a Irlanda, sigues siendo menor de edad… - dijo Gab.

-      Quiero verlo.- dije.

-      ¿No me has oído? – dijo Gab.

-      Alto y claro, Gab. Pero tenemos que verlo, su testimonio nos dará más información.- le dije.

-      Lo sé pero… - dijo Gab, pero Uriel le interrumpió.

-      Hay una manera, le debemos enseñar a viajar en el presente. – dijo Uriel.

Me miraron sopesando la opción.

Mi padre llamó a la puerta a las 7:45am del día 8 de Enero del 2007, la vuelta al cole después del parón de Navidad empezaba en un Lunes… ¡qué bien, no! Vaya ironía del universo… la tortura de nuevo volvía a empezar.

Esa mañana caminé de casa al cole con menos ganas que de costumbre, pensando en lo que había ocurrido durante el viaje dimensional. A pesar de que tenía a Uriel al lado, decidí mejor mantenerme en silencio, no porque no quería hablar, sino porque por el sueño que tenía preferiría mantener el silencio.

Llegamos a clase, curiosamente pronto. Vi como los compañeros de clase aún estaban de pie, hablando en grupitos de lo que les había pasado los Reyes Magos. Me fui a mi sitio, pero no podía sentarme porque estaba una de las chicas hablando con otra.

-      ¿Me dejas sentar, por favor?- le dije.

Me miró de arriba abajo, se puso a reír pero se apartó. Me instalé con desganas, deseando que llegara semana santa cuanto antes. Pero en cuanto llegó la Dolores y mandó a la gente a sentarse, me quedé sorprendida mirando a la chica morena que llevaba a su lado.

-      Feliz año 2007 a todos. Les presento a su nueva compañera de clase, se llama Núria, es la chica que les hablé en Septiembre.- dijo.

La víctima del Bullying. ¡Wow!

La Dolores la hizo sentar al lado de la Clara… al otro lado de la clase de dónde yo me encontraba en el bloque cerca de la puerta. Aunque estuviera lejos, e intentaba seguir la clase…

-      ¿Seguro que estará bien con ella? – le comentaba Uriel a Gabriel.

-      Uy… pues, no lo veo. – respondía Gab.

-      ¡Oh, que rabia me da que la Dolores no empatice con sus alumnos! ¿Qué le ha pasado si decían que era buena? – decía Uriel.

-      ¿Buena, ella? ¡Jamás, hermano! – confirmaba Gab.

-      A mi me dijeron que sique hace veinte años era muy buena. – dijo Uriel.

-      ¿Veinte años? ¡Uriel por favor! Ella desde que se le mató el hijo que no ha vuelto a ser buena. Lo que dices que te han dicho, porque era antes de eso. – informó Gabriel.

-      ¿Qué?- dije susurrando.

-      ¡Ay Laia, no te enteras de nada, eh! Ha dicho que tenemos que hacer el ejercicio dos de la página treinta y cuatro. – dijo mi compañera.

Le sonreí… pero no le estaba hablando a ella.

-      ¡Ay, por favor…! ¡Es muy gracioso ver como los humanos a veces se piensan que hablamos con ellos…! - Decía Gabriel entre carcajadas.


Por debajo de la mesa le tiré una patada, con la mala fortuna que cayó de culo tocando la silla que se cayó haciendo mucho ruido. Mientras que los demás intentaban ver una explicación de lo sucedido, sin poner en la ecuación a mis ángeles, a Gabriel se le cambió la cara, de feliz a enojado.

-      Laia, ¿me has tirado una patada? – decía mientras se volvía a incorporar.

Dije que si con la cabeza.

Le ignoré mirando el cuaderno e intentando hacer el ejercicio que nos habían mandado, pero Gabriel puso sus brazos encima del libro, y le miré.

-      ¿Qué haces?- dije.

-      ¿Cómo? ¡No me pedirás disculpas! – dijo Gabriel.

Le ignoré. Escuché como resoplaba enojado, y acto seguido me tiró el estuche al suelo, con la mala suerte de que todos los bolígrafos se esparcieron por el pasillo. Le miré pero me contuve… Uriel se agachó a recogerlo y yo también.

-      ¡No me ha gustado el comentario que ha hecho!- le dije a Uriel.

-      Escúchame… creo que deberías intentar hablar con la Dolores y proponerle un cambio de sitio. – dijo Uriel.

-      ¿Qué? ¿Por qué?- pregunté.

-      Núria no va a estar bien al lado de Clara. – respondió Uriel.

Al volver a la mesa, miré hacia dónde estaba la Núria, lo vi todo normal, pero Uriel tenía la cara de preocupado. Pero le dije que no, él intentó decirme algo pero le hice una señal que no era el momento y se callaron.

Al inicio de la segunda clase, la profe me mandó a Secretaria a buscar unos documentos, me levanté y le toqué al brazo a Uriel para que me acompañara, pero Gab le paró los pies a Uriel y se levantó él que se ofreció a acompañarme, mientras que Uriel se quedaba para que al volver me contase lo que me hubiese perdido de clase.

Durante el camino no le dirigí la palabra, notaba como me miraba, nuestros pasos se escuchaban en el silencio de los pasillos.

-      ¿Se puede saber porque me has empujado antes? – preguntó Gabriel.

No le dije nada y continué caminando, en el momento que entrabamos al pasillo de primero, antes de que la primera clase nos viera por la puerta, Gabriel me agarró del brazo tiró de mí, dejándome de espaldas a la pared y él me rodeaba con sus brazos alrededor mío, mirándome a los ojos.

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 HR.

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